Así pasó: 1957, el santuario colombiano, parte II

"El Santo Cachón". Ilustración Shock.co

Por Jairo Ruiz Clavijo

En Chimá nace un santo. Era enano y paralítico y el pueblo lo canonizó porque su palabra sentipensante averigua en qué lugar de esta costa colombiana había ido a parar el caballo perdido y que gallito ganaría la próxima riña. Nunca quiso cobrar nada por enseñar a los pobres a leer y a defenderse de las langostas y los terratenientes tragones.

Hijo de Lucifer, lo llamó la Iglesia. Un cura lo arrancó de su tumba y a golpes de hacha y martillo le rompió los huesos. Otro cura  quiso tirarlos a la basura. El primer cura murió retorciéndose, con sus manos convertidas en ganchos y el otro acabó sin aire, revolcándose en su propia mierda.

Los vecino de un pueblo lo llevan en andas hasta la plaza del otro, largas mesas cargadas de flores y las delicias del río y sus orillas: sancocho de dorada o sábalo, postas de bagre, huevos de iguana, arroz de coco, mote de queso, dulce de mongomongo y mientras el pueblo regalado come,  los regaladores cantan y bailan a su alrededor.

En Barranquilla se inaugura el Parque del Santo Cachón, mejor dicho, del Sagrado Corazón de Jesús, pero como queda mal iluminado los amantes lo utilizan para practicar sus amores clandestinos, aquellos que dicen tener un corazón tan grande que les caben varios amores a la vez. Las autoridades no están de acuerdo y le instalan mas bombillas pero ya ellos decidieron, la clandestinidad está a la distancia de una pedrada y el bautizo ya es un hecho. Un hecho que llevó a Romualdo Brito, el compositor, y a Los Embajadores Vallenatos que la convirtieron en éxito, a arrepentirse de haberla compuesto no tanto por las demandas recibidas por atentar contra las buenas costumbres sino por las muertes que ha causado: Muchos maridos a quienes les han cantado esta canción, matan al cantor y continúan con la pareja, lo cual no es de extrañarse donde votan por quien se hacen matar

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