Así debería ser la estrategia de Joe Biden hacia los votantes latinos

Christopher Lee for The New York Times

Por Ian Haney López y Tory Gavito

Haney López es autor de Merge Left: Fusing Race and Class, Winning Elections, and Saving America. Tory Gavito preside Way to Win, una coalición electoral progresista.


Joe Biden no necesitó que se le recordase la llegada del Mes de la Herencia Hispana para saber que debía centrarse en los latinos. Mientras que, en términos generales, cerca del tres por ciento de los electores estadounidenses todavía no han decidido por quién votarán para la presidencia, según recientes encuestas de Quinnipiac y Monmouth, el 38 por ciento de los votantes hispanos registrados en diez de los estados decisivos todavía no sabe si siquiera va a votar.

Al menos hasta ahora, este gran grupo de latinos parece percibir pocas razones para elegir a Biden en lugar de al presidente Donald Trump. Eso hace que este grupo —parte del mayor bloque electoral étnico-racial del país después de los blancos— sea un componente clave de los votantes indecisos en esta elección.

Nuestra reciente investigación echa un vistazo a estos electores. Uno de nosotros estudia el racismo en las leyes y la política estadounidenses; la otra dirige una organización dedicada a expandir el electorado. Ambos tenemos raíces en las comunidades latinas. Esta primavera, nos unimos para estudiar lo que estaba sucediendo entre los votantes hispanos y para elaborar una estrategia para atraer a nuestras comunidades (latinos y otros también) a una coalición multirracial progresista.

Con ayuda de dos encuestadores liberales, Joshua Ulibarri y Celinda Lake, llevamos a cabo 15 grupos de sondeo con miembros de varias comunidades hispanas de todo el país y realizamos una encuesta nacional. También encuestamos a grandes cohortes de blancos y afroestadounidenses.

Los resultados son aleccionadores. Comenzamos por preguntar a los electores elegibles para votar qué tan “convincente” les parecía un mensaje en clave diseñado para conseguir votos sin crear oposición tomado de los temas de conversación republicanos. Entre otros elementos, el mensaje condenaba “la inmigración ilegal proveniente de lugares invadidos por las drogas y la delincuencia organizada” y pedía “financiar totalmente a la policía, para que nuestras comunidades no se vean amenazadas por personas que se niegan a obedecer nuestras leyes”.

A casi tres de cada cinco encuestados blancos les pareció que el mensaje era convincente. Más sorprendente aún fue que exactamente el mismo porcentaje de afroestadounidenses estuvo de acuerdo, al igual que un porcentaje aún mayor de latinos.

Estas cifras no se traducen directamente en un apoyo al Partido Republicano, ya que hay demasiados factores adicionales en juego. No obstante, los resultados nos dicen algo importante: en los grupos encuestados, la mayoría no repudiaba la retórica al estilo de Trump por ser claramente racista y divisoria, sino que estaba de acuerdo con ella.

Claro está que los hispanos no son más monolíticos que cualquier otro grupo y las diferencias internas influyeron en la forma en que los individuos reaccionaron. El factor más importante fue la forma en que los encuestados percibían la identidad racial hispana. Más allá de que el individuo fuera mexicoestadounidense o de Cuba, joven o viejo, hombre o mujer, de Texas, Florida o California, la manera en la que esa persona percibía la identidad racial de los latinos como grupo moldeaba su receptividad a un mensaje que avivaba la división racial.

Los progresistas suelen categorizar a los latinos como personas de color, sin duda en parte porque los latinos progresistas ven al grupo de esa manera y animan a otros a hacer lo mismo. Ciertamente, en algún momento, ambos dimos por hecho esa perspectiva. Sin embargo, en nuestra encuesta, solo uno de cada cuatro hispanos veía al grupo como uno de gente de color.

En contraste, la mayoría rechazó esa designación. Preferían ver a los hispanos como un grupo que se integraba a la corriente dominante estadounidense, uno que no estaba demasiado regido por las restricciones raciales, sino que era capaz de salir adelante a través del trabajo arduo.

La minoría de los latinos que veía al grupo como gente de color era más liberal en sus puntos de vista respecto al gobierno y la economía, y prefería rotundamente los mensajes demócratas al mensaje en clave para conseguir votos que usaban los republicanos. Sin embargo, para la mayoría de los latinos, los referentes estándar de los demócratas estaban a la par o perdían ante el mensaje de miedo racial. En otras palabras, la competitividad de Trump entre los latinos es real.

No obstante, nuestra investigación también sugiere buenas noticias. Hay un mensaje ganador que Biden y su partido pueden transmitir y que resuena en la mayoría de los hispanos sin importar cómo conceptualizan la identidad racial del grupo.

La clave es vincular el racismo y el conflicto de clases. El eje que recomendamos fue también el mensaje más convincente que pusimos a prueba entre los blancos y los afroestadounidenses.

Los demócratas deberían pedir a los estadounidenses que se unan en contra del racismo estratégico de las élites poderosas que avivan la división y luego gobiernan el país para beneficio propio. No se trata de negar la realidad del penetrante racismo social, sino de dirigir la atención lejos de los blancos en general y hacia los grupos de poder que se benefician de la política del “divide y vencerás”.

Este es el enfoque de clase y raza que uno de nosotros ayudó a liderar. Fusiona cuestiones de división racial y desigualdad de clases, y al hacerlo cambia la historia básica de “nosotros contra ellos” (la base de la mayoría de los mensajes políticos) de “los blancos contra la gente de color” a “todos nosotros contra las élites poderosas que promueven la división”.

Así es como dice:

Habíamos llegado tan lejos, pero ahora la COVID-19 amenaza a nuestras familias: por ejemplo, con riesgos a la salud, un desempleo histórico y la pérdida de empresas que hemos construido con tanto esfuerzo. Para superar estos desafíos, necesitamos unirnos sin importar nuestra raza u origen étnico. Pero en lugar de promover la unión, ciertos políticos empeoran las divisiones, al insultar y culpar a diferentes grupos. Cuando nos dividen, pueden manipular más fácilmente nuestro gobierno y la economía para sus donantes de campaña ricos. Cuando nos unimos para rechazar el racismo contra cualquiera, podemos elegir nuevos líderes que apoyen soluciones comprobadas que ayuden a todas las familias trabajadoras.

Este mensaje fue más convincente que el mensaje en clave que los republicanos difundieron entre los hispanos para ganar votos, sin importar cómo veían la identidad racial del grupo; lo mismo sucedió entre los afroestadounidenses y los blancos.

Para entender por qué funciona, es útil compararlo con las respuestas estándar de los demócratas a los mensajes de Trump que avivan el miedo racial.

Una reacción estándar es desafiar de manera directa la intolerancia de Trump y, al mismo tiempo, condenar el racismo estructural. Probamos un mensaje como este. Decía, en parte:

Ciertos políticos promueven la xenofobia, el racismo y la división. Y no solo con sus palabras, también con sus políticas. Lo vemos en la manera en que separan familias en la frontera y en la forma en que la policía discrimina, encarcela y mata a la gente de color.

Comparado con el mensaje en clave de miedo, este mensaje de “denunciar el racismo” se perdió entre los blancos, algo que tal vez no sea sorprendente. También pasó inadvertido entre los latinos que no se percibían como gente de color.

Denunciar el racismo contra los latinos parece una estrategia obvia para aquellos de nosotros que nos percibimos como personas de color y nos sentimos indignados por el lenguaje denigrante de Trump y la violencia de su gobierno hacia los inmigrantes latinoamericanos. Sin embargo, este enfoque ignora el hecho de que la mayoría de los hispanos (quienes parecen resistirse a asumirse como personas de color sometidas a un ataque racista) no comparten nuestra autoconcepción racial.

La otra respuesta estándar de los demócratas a los mensajes en clave es evitar los temas raciales en la medida de lo posible. Llamemos a esto el enfoque “daltónico”, que también hemos puesto a prueba. Nuestra versión decía, en parte:

Vivimos en el país más rico de la historia del mundo, pero las enfermedades y muertes por COVID-19 son peores aquí que casi en cualquier otro lugar. Debemos elegir nuevos líderes que tengan un plan y estén listos para construir este país de nuevo y mejor.

Este enfoque busca construir una coalición haciendo énfasis en las preocupaciones compartidas, por ejemplo, en torno a la atención médica o la economía, al tiempo que evita las conversaciones divisorias sobre el racismo. No obstante, es el racismo en clave el que dividió a las clases trabajadoras blancas y a las clases medias del Partido Demócrata en primer lugar y no contrarrestar esa estrategia deja intacta su potencia de manera directa. En nuestra investigación, el mensaje daltónico en esencia vinculaba el mensaje de miedo racial entre los blancos, así como entre la mayoría de los hispanos.

En contraste, los demócratas pueden construir una causa común a través de las clases económicas y los grupos raciales con una perspectiva de raza y clase.

Probamos siete mensajes de raza y clase implícitos en diversos temas, incluida la reforma migratoria y la justicia penal. Entre los blancos (quienes a menudo suelen sentirse más cómodos con los mensajes que evitan cuestionar el racismo), los siete mensajes de clase y raza superaron el discurso daltónico. De hecho, cinco vencieron o empataron con el mensaje en clave republicano, algo que el mensaje daltónico no logró.

Enmarcar el racismo como un arma de clase también demostró ser eficaz para fomentar el apoyo a las reformas de justicia racial. El enfoque de clase y raza insta a la gente a considerar que la verdadera amenaza en sus vidas emana de las élites de poder que promueven las divisiones, no de las minorías supuestamente peligrosas.

En nuestra prueba, funcionó cambiar la amenaza de esta manera. Los mensajes de clase y raza que instaban a hacer reformas de justicia racial se percibían como más convincentes que las “denuncias de racismo” y los mensajes de miedo racial de los latinos, los afroamericanos e incluso los blancos.

Apenas a mediados de agosto, casi dos terceras partes de los latinos informaron que ninguna de las dos campañas presidenciales se había puesto en contacto con ellos. Eso está cambiando. Trump parece reconocer que muchos hispanos son posibles electores indecisos y está haciendo un esfuerzo por obtener el apoyo de los latinos.

A medida que Biden trata de convencer al electorado, no debería ver a los hispanos como un monolito, sino como Estados Unidos en un microcosmos. Algunos latinos se ven a sí mismos como blancos, otros como gente de color y otros incluso minimizan la importancia de la raza en su vida. Por lo general, esta diversidad entre los hispanos (y en la coalición multirracial demócrata en general) es un gran desafío para los estrategas demócratas. No obstante, nuestra investigación sugiere que hay una manera de construir una causa común que resulte convincente para todo el espectro de clase y raza. Al señalar los esfuerzos estratégicos de Trump para avivar las divisiones, Biden puede ofrecer mejores argumentos de que nuestro mejor futuro depende de la unión.

Ian Haney López (@IanHaneyLopez), profesor de Derecho de la Universidad de California, campus Berkeley, es autor de Merge Left: Fusing Race and Class, Winning Elections, and Saving America y Dog Whistle Politics.

Tory Gavito (@torygavito) es abogada de derechos humanos, presidenta de Way to Win y fundadora del Texas Future Project.

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