Análisis electoral: ¿Fallan las encuestas o fallan los periodistas?

Es común decir que las encuestas se “descachan” en las elecciones. Sin embargo, esta percepción viene de un mal uso de ellas. No se trata de predicciones de lo que va a pasar sino de diagnósticos que ayudan a entender el proceso electoral.

Por Andrés Segura* (razonpublica.com)

Herramientas de análisis

La conclusión de moda en las tertulias políticas poselectorales es que fallaron las encuestas si se las compara con los resultados de los comicios del 27 de octubre. Sin embargo, no hay nada más peligroso que afirmar que “no hay que creerle a las encuestas” si se quiere hacer un buen análisis político, incluso en el almuerzo familiar del domingo.

Así como los martillos no construyen mesas, sino que lo hacen los carpinteros, las encuestas no predicen resultados, lo hacen los analistas.

Las encuestas son una herramienta cuantitativa para hacer análisis social, buscando conocer la percepción de una población particular sobre variables puntuales que hacen parte de un fenómeno. Con las encuestas se hace seguimiento de la percepción después de intentar intervenir en ella. En ningún momento se quieren proyectar los resultados en el tiempo.

Con las encuestas se hace seguimiento de la percepción después de intentar intervenir en ella. 

El investigador es quien define cuál es la población que se quiere analizar y cuáles son las variables que se van a medir. Las encuestas están manipuladas desde el principio, porque así debe ser. No son el santo grial que responde qué está pensando toda la sociedad, sino un lente para ver un pedazo de la opinión.

Los equipos de campaña las usan electoralmente para medir qué impacto tienen sus intervenciones en la intención de voto de las poblaciones que ellos creen fundamentales en su estrategia.

Este es el punto clave: cómo se definen las poblaciones que se van a medir y cuáles son las preguntas que se van a hacer son los elementos que establecen el resultado y si una encuesta está bien o mal diseñada. Esto es lo primero que debe mirar cualquier analista.

Diagnosticar no es predecir

Los resultados de las encuestas presentan datos que reflejan la intención de voto (por hablar solo de la pregunta más reproducida en los medios) de un grupo seleccionado de la población en un momento en particular. Pero estos resultados pueden cambiar frente a cualquier situación que suceda durante las campañas. Por eso normalmente se contrata una serie de encuestas y no solamente una.

La estadística ofrece caminos para identificar las tendencias hacia dónde puede moverse la opinión en caso de que las condiciones se mantengan. Pero la experiencia en las elecciones muestra que las condiciones no se mantienen estables.

Por ejemplo, en los últimos años las elecciones alrededor del mundo han mostrado que son cada vez más frecuentes los cambios repentinos en la intención de voto, especialmente en los días previos a los comicios. Esto se puede explicar por la velocidad e intensidad con que se discuten los temas públicos en los nuevos medios.

Por eso quienes se dedican a hacer proyecciones electorales utilizan los registros históricos de votaciones como insumo para el análisis. Las encuestas complementan este ejercicio. También se usan métodos que incluyen datos de comportamiento digital.

Foto: Gobierno de Filadelfia, Caldas
Las encuestas no son un elemento predictor sino un elemento de diagnóstico.

Sin embargo, este rigor no es muy común entre periodistas y analistas que cubren las elecciones. Los líderes de opinión que solo usan las encuestas como insumo cometen un grave error que, además, desprestigia el trabajo de los investigadores sociales que están detrás de los estudios.

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Malos usos

Como en todo mercado, hay herramientas buenas y malas. Saber cuáles son útiles para un análisis es responsabilidad del analista, así como saber leer una ficha técnica. En esta se deben identificar cuáles son las poblaciones en las que se enfoca la encuesta y si efectivamente la muestra seleccionada las representa, o si las preguntas (su formulación, el orden, las preguntas filtro, etc.) inciden en el resultado. Y es necesario salir del mito de creer que el tamaño de la muestra determina su credibilidad.

Los elementos operativos de las encuestas son indispensables para conocer la seriedad de la firma encuestadora. En un hilo de Twitter, María Isabel Ángel, experta en investigación de opinión pública, analizó la encuesta realizada por Gauss de Colombia en octubre de 2019, cuyos resultados fueron difundidos por varios medios de comunicación. En este ejercicio encontró irregularidades que deberían ser tenidas en cuenta por cualquier analista.

Existe un incentivo perverso en los medios de comunicación para hacer varias encuestas con limitada capacidad descriptiva. Para ellos es muy atractivo sacar titulares periódicos para llenar la parrilla siguiendo la lógica del entretenimiento o del fútbol. No se trata solo de dar la noticia sino de crear una espiral de reacciones que mantengan viva la historia y el interés de la audiencia.

La experiencia en las elecciones muestra que las condiciones no se mantienen estables.

Por eso se contratan diferentes encuestas débiles, con muestras pequeñas, que no permiten desagregar las poblaciones, que llevan a altos márgenes de error y que, en la práctica, tienen altas probabilidades de “descacharse”.

Adicionalmente, de forma irresponsable y sin sentido crítico, se les da voz a encuestas que promueven los propios equipos de campaña (es como si regalaran pauta) o a empresas con ganas de hacerse notar. Se difunden estudios sin conocer las condiciones con las que fueron hechos, y pervierten el objetivo democrático de transparencia e imparcialidad de la información.

En las pasadas elecciones, encuestas como las de Los Mosqueteros o Gauss de Colombia jugaron un papel importante en la creación de confusiones de este tipo en el debate público.

Foto: Corpoguajira
Las encuestas no funcionan como herramienta de análisis si no se toma con cuidado el rigor de cómo se realizó.

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Propaganda o ciencia

Cualquier encuesta electoral tiene efectos en la intención de voto al ser difundida. Es normal. Por ejemplo, en Barranquilla y el Atlántico los porcentajes de participación bajaron, y una de las causas más probables es que la convicción de que los ganadores de la Alcaldía y la Gobernación estaban definidos pudo desalentar a los votantes. Y las encuestas ayudaron a fortalecer esta idea.

Conocer cómo se desarrolla el proceso electoral es información básica que garantiza la transparencia democrática. El problema no está en mostrar los resultados, sino en cuáles datos se filtran y cómo se utilizan estos insumos en los titulares y en los análisis que se presentan a los ciudadanos.

Es fundamental la responsabilidad de quienes contratan las encuestas, las analizan y las publican, para que se pueda informar veraz e imparcialmente sobre las elecciones.

Un ejercicio destacado de este tipo se puede ver en lo que está haciendo el diario español El País con las próximas elecciones. Allí se usan las encuestas para proponer escenarios y sacar conclusiones, sin necesidad de iniciar una polla en la que la futurología termine por opacar la ciencia.

Las encuestas están perdiendo credibilidad como herramienta para analizar la opinión pública. El problema es que estas no solo son necesarias para las elecciones sino también para hacer seguimientos de la percepción ciudadana frente a políticas publicas o para hacer diagnósticos sobre las necesidades de los ciudadanos.

Por último, es necesario hacer un llamado a las encuestadoras para no caer en este juego perverso de justificar las predicciones. Este no es su trabajo. Casos como el del vocero de Invamer presentando, al aire, los resultados de las elecciones y comparándolos con su última encuesta o el documento del Centro Nacional de Consultoría en el que hacen un balance de sus “aciertos” solo le quitan valor al trabajo de estas firmas.

No hay que buscar reputación en un campo en el que no se juega. Y eso que esas dos encuestadoras fueron “las ganadoras” de la jornada.

La llegada de métodos científicos al debate electoral no puede convertirse en un juego de apuestas, en el que solo ganan los índices de audiencias de los medios de comunicación.

Foto: Presidencia de la República
Es importante que los periodistas sepan leer las fichas técnicas y entiendan las encuestas como un instrumento y no como una bola de cristal.

*Consultor en Asuntos públicos, gobierno, relaciones corporativas, crisis y comunicación estratégica. Profesor universitario. @arnaiz andres.segura@urosario.edu.co

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