¡Ahjá y de los médicos qué!

Protesta médica en Bogotá Foto El Tiempo

Por William Giraldo Ceballos

No se puede desconocer el enorme esfuerzo económico del gobierno nacional, de los alcaldes y de la ciudadanía para enfrentar la emergencia sanitaria de la mano de la ciencia médica, sacrificada en el país con el incoherente tratamiento laboral, social y económico a quienes, ahora más que nunca, se les adeuda también la vida de millones de colombianos.

El gobierno destinó cerca de mil billones de pesos para afrontar la pandemia del covid 19 para garantizar el pleno funcionamiento de los servicios sanitarios en todo el país, la compra de equipos y billonarios fondos para financiar empresas privadas en defensa del empleo así como ayuda económica y alimentaria de las familias pobres.

Esta emergencia hospitalaria, laboral y económica es consecuencia de la ley 100

En el mes de marzo, cuando el país entró en pánico por la magnitud de la amenaza sanitaria después que el Presidente Iván Duque declara el Estado de Emergencia Sanitaria, Económica y Social, los colombianos fueron convocados a las ocho de la noche de todos los días a aplaudir el sacrificio de médicos y enfermeras.

La gente estaba lejos de entender que era una acción oportunista de algunos dirigentes, cuando en los hospitales el personal sanitario sin contrato laboral, sin remuneración digna, sin vestuario ni equipos de bioseguridad, estaba arriesgando su vida y la salud de sus familias por atender las necesidades de un ingrato sistema de salud.

Las cuentas que hace el gobierno muestran hasta ahora que ya se han recibido cerca de tres mil de los 5.692 equipos de respiración importados; que se han destinado casi $4 billones en ayudas extraordinarias para tres millones y medio de familias pobres, para jóvenes y para ancianos menesterosos.

Con el fin proteger el empleo formal de seis millones de trabajadores que apenas ganan el salario mínimo, el gobierno está subsidiando a las empresas con el 40 por ciento de esa obligación.

Con más de $63 billones del presupuesto de contingencia se dan créditos blandos a las empresas, no a todas, para afrontar la crisis económica.

De la situación de los médicos del personal sanitario no hay palabras oficiales; de la economía de los hospitales y de las clínicas poco se habla

Para el presidente Duque y sus funcionarios es más importante destacar en los medios el billonario giro de recursos extraordinarios a las EPS que ni cumplen a cabalidad con la pruebas a la población amenazada por el contagio, ni pagan sus deudas a los laboratorios, a los proveedores de servicios, a las clínicas, ni a los hospitales.

Desde 1994 los médicos, las enfermeras y todo el personal de apoyo sanitario y administrativo fueron sistemáticamente desvinculados directamente de los servicios de salud en el país para darle vida a cooperativas y empresas intermediarias que tercerizaron el trabajo.

Ahora el gobierno y los colombianos deben reflexionar y entender las consecuencias del mal sistema de salud vigente.

Es la hora de darle la razón a los médicos, al personal científico dedicado a la investigación y al cuerpo médico especializado en la administración de los recursos sanitarios que durante 25 años han pedido el cambio del sistema y devolver las garantías laborales y sociales al personal del sector.

Esta emergencia sanitaria y económica es consecuencia de la ley 100 a partir de la cual se inició el desmonte del sistema público de salud y la corrupta danza de los funcionarios oficiales “feriando” al mejor precio de sus intereses la entrega de los establecimientos de salud a empresarios privados.

El patrimonio de la salud, hospitales, laboratorios, consultorios y servicios de emergencia, ambulancias y equipos adquiridos con los impuestos de los colombianos, de los pobladores de cada municipio, convertidos en mercancía barata para sus compradores.

La ley 100 fue aprobada por los congresistas que dicen representar a los colombianos como miembros del poder legislativo.

La bendita democracia representativa establecida en la Constitución Nacional de 1991.

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