Adiós Antonio Caro, maestro del arte conceptual en Colombia

Caro y su creatividad de fondo.

Por Óscar Javier Ferreira Vanegas

El niño artista fluía por sus manos. Por eso, de infante garabateaba en las paredes de su casa. Estudió arte en la Universidad Nacional, pero, como un iconoclasta del arte, se hizo echar, para descubrir su propio arte.

Autor de la obra «La publicidad que vivimos», donde desnuda la manipulación en los medios masivos y el «mercado capitalista», su esencia fue la autenticidad y la visión de la realidad cotidiana de su país, nuestro país. (Era una radiografía de los medios, tal y como lo hiciera Marshall McLuhan, «el profeta» de la publicidad, en su obra «El medio es el mensaje»).

Su obra era una sátira a la política, al sistema socioeconómico y las actuaciones humanas determinadas por un mercado de competencia, donde se olvidan los principios sensibles y éticos del ser humano. Una caricatura de nuestra realidad. En la exposición «Aquí no cabe el arte», Caro utilizó el poder de las palabras escritas para llamar la atención sobre la injusticia en nuestro país. Porque Antonio Caro, fue un rebelde con causa, que no tenía «pelos en la lengua», ni cadenas en su mente y sus manos, para expresar, en el idioma del arte, lo que sentía, sin tapujos ni cortapisas.

Su paso por la Universidad Nacional de Colombia lo acercó a su mentor, Bernardo Salcedo, su modelo a seguir más influyente. Juntos se convirtieron en fundadores fundamentales del movimiento artístico conceptual colombiano.

Caro debutó en la Primera Bienal de Arte en Cali, con una obra basada en la palabra «sal». Le siguió gustando la sal a Caro, y fue así como participó en el XXI Salón Nacional de artistas, de 1970, en el museo Nacional, con una obra que recreaba la cabeza de Carlos Lleras Restrepo, ex presidente colombiano hecha en sal. Pero la figura, que estaba dentro de una urna de vidrio, se disolvió con el calor de las lámparas, y se regó como agua sal por el piso, ante el asombro de la concurrencia. 

La periodista cultural Alegre Levi, de EL TIEMPO, tituló su reseña sobre ese Salón Nacional con una frase muy graciosa: “Se inundó el Salón”, lo que le dio a Caro relevancia nacional.

Con mucha tristeza vio como no fue invitado a la nueva versión del Salón Nacional de Artistas, en Bogotá, pero Caro no tuvo inconveniente en inaugurar, el mismo día, y a la misma hora, su propia exposición, en la Galería Casas Riegner, y se sonsacó a los invitados del Salón, llevándolos a su propio cóctel, no sin antes propinarle tremenda cachetada al director del Salón Nacional.

Otra de sus obras icónicas, presentada en la exposición «Los Nombres nuevos en el arte de Colombia», fue la pancarta «El imperialismo es un tigre de papel”, hecha de seda roja con grandes letras blancas, y doce siluetas de tigres para utilizar los espacios ambientales de la exhibición.

El maestro fue ganador del Programa de Becas y Comisiones Achievement Award de CIFO en el 2013, y un año más tarde ganó la convocatoria para la creación del galardón que ofrece la Fundación Gabriel García Márquez para el nuevo Periodismo Iberoamericano (fnpi).

¿CUÁL ES LA LABOR DEL ARTISTA?

«La labor de un artista es ver, escuchar, sentir o incluso oler esos fenómenos externos. Eso que llamamos realidad, lo tomo como elemento de trabajo; sin entrar en profundidades, se trata de reciclar o reutilizar semánticas y presentar algo como respuesta a ese estímulo. Uno depende de él y del contexto donde se desenvuelva».

OJOS ABIERTOS, OÍDOS DESPIERTOS

Para concebir su obra el maestro Caro tenía “ojos abiertos, oídos despiertos ¡Atento!».

Su observación y análisis le permitía «procesar lo que realmente es singular y especial y con los propios medios trabajarlo»

¿FUNCIONA O NO?

«Si la propuesta funciona o no, es ajeno al mismo artista. Un ejemplo podría ser Van Gogh, realmente pésimo pintor, tal vez el peor de todos en su época. Pero unas neurosis colectivas se vieron reflejadas en esas pinturas, entonces ahí tomó vigencia. Por eso creo que no depende del artista sino de la suerte».

Pero no es solo la suerte, sino la concepción de la realidad, y cómo exponerla en un medio plausible. Se requiere del genio de Münch, para elaborar «El grito».

Aprecio y admiro a Antonio Caro. Él me enseñó que cada quien tiene su realidad, y el arte es un medio para reflejar, no importa la concepción plástica, sino lo que el artista quiere decir. El expresionismo es bello, y en su época de oro, eran retratos e imágenes perfectas llevadas al lienzo o al buril. Pero, con la aparición del «arte conceptual”, un arte íntimo e individual donde, la técnica no es tan importante, como si lo que se dice a través del color y la forma para expresar un sentimiento o un pensamiento.

Su cajetilla de Marlboro, y el logo de Coca’-Cola, ambas con el nombre de Colombia, simbolizaban un desplazamiento de nuestra nacionalidad.

Gracias maestro Antonio Caro, por su amor a Colombia y hablar «a calzón quitao», con sus lápices y pinceles.

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