Adiós al pan de 200

"El pan nuestro..." Foto Levapan

Por Guillermo Romero Salamanca

Si usted es de aquellos que consume pan en el desayuno, a la hora del almuerzo, en las onces, en los emparedados tenga presente que cuando el dólar sube, el precio de su alimento preferido comienza a trepar en la canasta familiar.

El pan es uno de los productos más solicitados en Colombia. Los hay salados o con azúcar, duros o blanditos, largos y cortos, blancos o negros, acemas o mogollas, lisos o rollitos, con otros ingredientes: chicharrón, queso, mantequilla, bocadillo, chía, ajonjolí, coco, o los hay de mija, –preparados con migas sobrantes—, existen según la forma como caracol, aplanado o calado y también por la región donde se prepare: campesino, chocontano, tolimense o pan de aquella, que se elabora con la masa de sobra de varios días.

Todo subirá en los próximos días cruasanes, baguette, integrales, con queso costeño, mantequilla, coco, con uvas pasas, con ajo o con piñita. También las mogollas, las azemas, la parva y toda clase de roscones.

Aunque la Federación de Molineros dice que “hasta ahora no se observa ninguna tendencia de aumentos de precios de venta de la harina a panaderías y menos que justifique alarma respecto de fuertes efectos sobre los precios del pan”, otros insumos son importados y por lo tanto el precio del pan cambiará en próximos días.

De acuerdo con la Asociación Colombiana de Empresarios de Colombia ANDI el colombiano promedio consume alrededor de 20 kilos de pan al año.

ALGO DE HISTORIA

Foto Levapan

Nuestros antepasados indígenas utilizaban el maíz como su ingrediente principal para preparar arepas, bollos, tamales y un pan de maíz que aún perdura en Cundinamarca y Boyacá. El trigo no lo conocían, pero entonces, recién llegaron las primeras damas españoles les solicitaron a sus maridos que vieran la forma de traer semillas de trigo y así lo hicieron. Campos de Cundinamarca, Boyacá y Nariño fundamentalmente se llenaron de cultivos. Además, hubo otro factor importante: la preparación de hostias para las celebraciones litúrgicas.

Desde ese momento, los santafereños comenzaron a consumir el chocolate, la agua e’ panela, la changua, el caldo de costilla y empezaron también los acaparamientos para subirle al precio constantemente.

Mientras transcurría la llamada “Patria boba” ocurrían hechos como la rebeldía de los cartageneros que importaban la harina de España, mientras que, en Santa Fe, les decían que no lo hicieran y en 1810, además, del lío de la Casa del Florero, los panaderos nativos protestaron porque un francés trajo una máquina para amasar. 

Sólo hasta 1828 se “industrializó” la preparación del pan y en Bogotá. Cerca del hospital de La Hortúa se instaló el primer molino movido por agua.

LA LLEGADA DEL SÁNDWICH

Uno de los descrestes para los consumidores de pan en Bogotá fue cuando presentaron por primera vez un sándwich. Era preparado con pan blando y dentro llevaba queso. Esto les permitió luego hacer decenas de variedades.

El arribo de comerciantes franceses a mediados del Siglo XVII les dio otros ingredientes a los cachacos y que luego se extendería a nivel nacional: la repostería, la venta de macarrones, pastas, fideos, tallarines y espaguetis. Para complacer a las damas montaron lo que denominaron “una habitación decente” donde les ofrecían pasteles y biscochos para degustar. Era el antecedente de los salones de onces. Sitios para juzgar y chismear mientras se consumían colaciones y chocolate caliente con pan blandito.

En las chicherías era común también encontrar la venta de rosquetas que se consumían entre sorbo y sorbo de esa agüita amarilla.  

El pan se convirtió en el elemento primordial para el consumo nacional. Los cultivos de Boyacá y Santander crecieron y fortalecieron el desarrollo nacional hasta cuando llegó la denominada “Alianza para el progreso” que trajo el gobierno de Kennedy, que regaló durante un año las necesidades de trigo. Quebraron entonces los productores nacionales, no volvieron a sembrar y a los dos años, llegó la soberana importación que aún hoy se mantiene en el país.

¿A todas estas, ya probó las garullas de Soacha? Son un manjar que le fascinaban a nuestro muy querido Fernando González-Pacheco Castro.

Recuerde que el pan de 200 será parte de la historia.

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