A propósito

Gustavo Petro y Rodolfo Hernández, la campaña que se avecina. Foto Ámbito Jurídico

Por Juan Carlos Rincón, Londres

A todos mis amigos y familiares, lectores fieles y ocasionales, seguidores y contradictores en ideas y visiones. 

A propósito de las elecciones presidenciales en mi Colombia, los resultados de la primera vuelta y la decisión fundamental que resultará del voto el próximo domingo 19 de Junio, les comparto y ofrezco esta reflexión personal y única (muy pocas veces publico mis opiniones políticas) sobre la encrucijada del país.

AL FILO DEL PRECIPICIO

Gobernar bien requiere de equilibrios y consensos y en ese sentido -a pesar de que su personalidad divide- creo que Gustavo Petro tiene mucha más comprensión del país y sus necesidades urgentes que Rodolfo Hernández, el ingeniero bocón. Petro tiene base y respaldo político en el congreso lo cual es fundamental para gobernar en una democracia, y además tiene un lenguaje mas claro y coherente que el «Mesías de Piedecuesta».

Yo tengo muchas dudas con Petro desde que coincidimos en Bélgica hace casi 30 años cuando hice mis Diplomados en Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales y en estudios de Países en Desarrollo, en la Universidad de Lovaina la Nueva. Diría que tuvimos en común profesores eméritos y materias, pero ideas diferentes. Tengo también muy claro que Hernández y sus nuevos adeptos (Fico y compañías) no son lo que necesita Colombia y que ellos son la antítesis de la gobernabilidad.

Igual creo que los empresarios y «cacaos» del país, son conscientes de que es mejor un discurso distinto que NO discurso. Una cosa son las promesas electorales y otro lo realizable.

Gustavo Petro tiene 4 años para avanzar con pragmatismo algo de lo realizable e iniciar un cambio de estructuras, de ética y de dialéctica. Si logra eso en su mandato y con un congreso en su contra, será un triunfo y un avance. Su reto histórico es superior: con hechos y realizaciones cambiar positivamente y para bien del futuro, la imagen negativa y preconcebida que se tiene en Colombia de la izquierda y de su visión política socialista; es decir, en favor de la sociedad.

Ernst Karl Frahm (Willy Brandt) en Alemania, Olof Palme en Suecia, Clement Attlee y Harold Wilson en Gran Bretaña, Francois Mitterand en Francia, David Ben-Gurion en Israel, Nelson Mandela en Suráfrica, Nehru en India, Lula en Brasil, José Mujica en Uruguay, Michelle Bachelet en Chile, son ejemplos de líderes socialistas que cambiaron y mejoraron sus países y la sociedad, como igual lo fueron Martin Luther King y Albert Einstein!

Hay – como en todo- historias y ejemplos de triunfos (y también fracasos) en muchos países del mundo. El socialismo no es el demonio que la derecha obtusa dice combatir y pretende descalificar. 

De Rodolfo Hernández, un personaje pendenciero surgido de la noche a la mañana, un aparecido sin programa para gobernar (más allá de su discurso de combatir la corrupción) no imagino sino caos y autoritarismo desmedido y en respuesta a ello creo que habría violencia, un retroceso grave e inestabilidad permanente. Y eso a los empresarios no les conviene. Ustedes bien lo saben.

Lejos del país físicamente -como otros muchos de nosotros- sigo el trascurso democrático de Colombia y continúo a la espera de cambios positivos que nos permitan superar gradual y rápidamente los desequilibrios, la corrupción imperante, la desigualdad social creciente y la violencia que se ha instaurado en todos los niveles de la sociedad (desde el lenguaje, el discurso y el comportamiento agresivo hasta la solución de las diferencias por boca de las armas y no por la dialéctica serena y constructiva).

Mis referentes vitales son sociedades democráticas europeas (España, Francia, Bélgica, Holanda y Gran Bretaña), también con carencias y desequilibrios pero relativamente estables a nivel político y social, que superaron dos destructoras guerras mundiales y se reconstruyeron en dos generaciones.

Creo que la polarización exacerbada en Colombia es la herencia histórica de una democracia a medio camino que en un período similar después del asesinato de Jorge Eliécer Gaitán (1948) no ha pidido lograr un verdadero cambio de estructuras. Pero la historia no es necesarianente una repetición de los errores; es dinámica y evoluciona.

La verdad, la encrucijada es de una peligrosidad única con discursos «salvadores» de todos contra Petro, sin ver «la viga en el ojo propio». La experiencia negativa del mandato Duque que en vez de consolidar la paz terminó por dividir y fracturar el país, debería servir de lección para el futuro.

Ojalá la evolución democrática se materialice en un país en paz y en progreso y que termine el desorden.

La sociedad colombiana tiene la palabra. Ojalá aprenda a hablar y sepa pensar y decidir su voto con cabeza fría el próximo 19 de junio.

Buen juicio, buen viento y buena mar para llegar a puerto seguro.

Londres

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