Desvertebrada: De Caissa para Ilse

Ilse en sus ochenta está como Lola en sus quince. (odg)

Por Óscar Domínguez

Querida Ilse, salud, suerte, longevidad. Yo, Caissa, y  Santa Teresa, mi colega patrona del ajedrez, te felicitamos por tus primeros ochenta años de vida que iniciaste en Manizales donde residían tus padres alemanes. 

Ilse ¡Salud!

Como musa griega del ajedrez, celebro que en los años sesenta hubieras roto el machismo reinante  en ese juego.

Te tocó pelar cocos con la uña. El varón domado asumió que nosotros las féminas carecíamos de neuronas para el ajedrez. ¡Despistaditos muy!

Hasta tu padre, Antonio Guggenberger, bávaro de Munich, maestro cervecero, creía que el ajedrez no rimaba con nuestra fragilidad. Cuando lo derrotaste jamás volvió a jugar contigo. 

En tus quince años te regaló un juego de ajedrez y un libro del campeón mundial alemán, Alejandro Alekhine. Hizo su tarea. Te enseñó las vocales del juego. Tu madre, doña Irma Frobenius, hizo lo suyo y te animó a darle rienda suelta a tus virtudes frente al tablero.

La vida de tus taitas es una completa novela de amor de esas en la que todos los datos son verdaderos: Un pajarito de los que te visitan para compartir tu cotidianidad me contó que en plena guerra mundial tu padre llegó a Colombia. Su novia se le uniría después de un recorrido de ¡tres! meses por medio mundo.

En los años sesenta, conseguiste “coach” ajedrecístico, para decirlo en la jerga moderna. Me refiero al maestro Emilio A. Caro G., con quien primero enrocaste corto y te casaste el día de tu cumpleaños del 1º. de abril de 1966.  Pasados los años, jugaste un insólito gambito de dama y te separaste. Tu hoja de vida aclara que tu “mártirmonio” fue anulado.

Felizmente,  se las apañaron para amasar antes a Gunther Emilio y Ana Isabel una pilosa de la que se puede disfrutar  y aprender en su canal de youtube  “Revelaciones de la naturaleza”. 

En inglés, alemán y español puedes dar ruidoso parte de misión cumplida con tus hijos y tus nietos Miguel Ángel, Juan Andrés y Laura, quienes te llaman  “abuela extrema”.

Tienen razón porque te has fajado como ama de casa, abuela felizmente irresponsable, traductora del alemán, profesora, caminante extrema, aventurera, perfeccionista a morir, maestra de vida, lectora, fotógrafa, autodidacta, parapentista, gatófila empedernida durante 45 años.

Tus hijos crecieron viéndote andar de la ceca a la meca disputando torneos y recorriendo montañas para disfrutar de tu amor por la naturaleza. Levitas viendo un pájaro, un arroyo, una planta, un arcoiris. Has sacado tiempo para visitar 95 veces el municipio de Jardín, donde tienes hotel propio, Balandú. 

Brindis por una octo-genial (Álbum familiar)

A través de tus redes das los buenos días y las buenas noches con bellas fotos de amaneceres y atardeceres. Los acompañas de certeros y breves mensajes que invitan a disfrutar la vida.

Siempre admiraré tu audacia de irrumpir en el sancta sanctorum de los ajedrecistas, el salón Maracaibo, en Medellín, donde iniciaste un recorrido que te llevó a ganar diez torneos departamentales, ocho nacionales, dos centroamericanos y del Caribe, amén de tu participación en seis olimpíadas y dos mundiales. No naciste para quedarte cruzada de brazos.

Colombia agradecida reconoce que eres la pionera de la presencia del eterno femenino en el ajedrez así te hayas retirado del tablero hace 32 años. Japiberdi.

TRIBUTO

DE ANA ISABEL CARO GUGGENBERGER

Mi mamá es mi inspiración. Con su ejemplo me mostró que es posible lograr lo que me proponga. Todavía recuerdo la disciplina de mi mamá y su tenacidad en lograr sus metas. Un dia me dijo que iría a jugar un mundial en Rusia. Parecía algo imposible en esa época y lo logró. 

Trabajaba todo el día y llegaba a estudiar sola ajedrez en la  casa y madrugaba todos los días a montar en bicicleta estática. Siendo yo niña me quedaba impactada de su capacidad pues nunca se rendía. Me encantaba cuando salía a sus viajes representando a Colombia en los campeonatos de Ajedrez . 

Verla en televisión y verla triunfar me generaba mucho orgullo y admiración. Mi mamá es una pionera. Una mujer que en los años 70 se atrevió a romper paradigmas y con su ejemplo me mostró que no importa el género. Ella fue una de esas mujeres que nos abrieron el camino para que hoy estemos en mucha mayor equidad. Mi mamá es lo máximo y soy quien soy obviamente por mi esfuerzo y porque decidí seguir su ejemplo.

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