Martes de la luenga lengua: Lenguaje traicionero, previo, conmocionar…

Imagen Medium

Recopilación de Oscar Domínguez Giraldo

LENGUA ESPAÑOLA

Además de publicar informaciones históricas sobre publicaciones y académicos que han sido determinantes para la correcta escritura del idioma español, la cuenta oficial de Twitter de la Real Academia Española (@RAEinforma) también se ha convertido en un espacio para responder consultas y dirimir debates idiomáticos. 

Con la etiqueta #RAEconsultas, la Academia da su veredicto sobre preguntas de los usuarios. Las consultas van desde si es necesario tildar “solo” o “este” (se recomienda no tildarlos), o si es correcta la expresión “Toca mirar a ver” (“no cabe censurarla”, responde la Academia).

En la mañana del lunes, la cuenta respondió a una curiosa consulta del usuario El Escribidor, quién preguntó si el vocablo ‘hijueputa’ se contempla en la lengua española.

La respuesta (otra vez con la etiqueta #RAEconsultas) fue que “hijo de puta” es la forma estándar, pero “hijueputa” es válida como reflejo de la pronunciación coloquial americana.

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Vos sos, jugás, creés, podés / El lenguaje en el tiempo

Por: Fernando Ávila

Mauricio Pochettino, entrenador del Tot-tenham, dice en reciente entrevista: “Cuando jugás, creés que podés ser mejor entrenador que tu entrenador”, con un voseo tan diáfano como las aguas del río de la Plata. Más adelante, quizá por su adquirida nacionalidad española, dice: “Eres una figura pública y la gente demanda cosas de ti”. 

En la primera frase vosea, y en la segunda tutea. Podría haber seguido voseando, “Sos una figura pública y la gente demanda cosas de vos”.

El voseo de Pochettino se parece al de los últimos bogotanos que vosearon. Comenzaban con vos, “Ala, Marquitos, vení, sentáte y te tomás un tinto”, pero a los diez minutos ya estaban tuteándose, “¿Y cómo ves tú la movida, ala?” o incluso hablándose de usted, que entre no pocos era el trato de más confianza. Eso hizo el compositor bogotano Jorge Áñez en su bambuco Agacháte el sombrerito, que comienza con voseo, “Agacháte el sombrerito, y por debajo miráme”, pero en el siguiente verso deja el voseo, y pasa al tuteo, “y con una miradita di lo que quieras hablarme”. Pueden oírlo interpretado por Berenice Chávez, el Quinteto Dalmar o Los Tolimenses. No cantan “decí lo que querás”, sino “di lo que quieras”.

Hoy, como lo recordó Daniel Samper Pizano en columna sobre el tema, los bogotanos mayores solo usamos el “¡No jodás!”, como último recuerdo del voseo cachaco. De resto, tratamos de tú a la novia, “¿Qué te quieres tomar, princesa?”, de usted a la esposa, “¿Sí se acordó del losartán, mija?”, y de sumercé a la abuelita “Venga, sumercé, la ayudo a subir esas escaleras”.

El voseo llegó de Andalucía a América en el siglo XVII. Hoy se vosea en Nicaragua, Colombia, Argentina y Uruguay. En nuestro país concretamente hay voseo pleno en Antioquia, en el Valle del Cauca y en algunos municipios nortesantandereanos como González y Ocaña. El voseo desapareció por completo de Andalucía (España).

No falta quien aún se ofende con el voseo y lo califica de vulgar. El caso es que la Academia lo aceptó en 1960 como forma válida de conjugar los verbos, y en cualquier tabla de desinencias verbales aparece al lado del tú. Así, el verbo ser en subjuntivo se conjuga “que tú seas” y también “que vos seás”. El verbo decir en indicativo, “di tú” y “decí vos”, y el verbo ir en imperativo, ¡ojo a esta irregularidad!, “ve tú” y “andá vos” (el mismo del verbo andar).

Para finalizar, aclaro que “agacháte”, “miráme” y “sentáte” se escriben hoy sin tilde. Aquí las he escrito con tilde, como era obligatorio hasta 1999, para indicar su sonido a lectores que no vosean.

Lenguaje traicionero, previo, contracción gramatical, conmocionar

Efraim Osorio/LA PATRIA

El editorialista de El Tiempo ya cayó en la trampa del ‘lenguaje incluyente’. Así redactó: “Por supuesto que los niños y niñas son las víctimas directas que padecen en carne propia…” (29/5/2019). Olvidó que este ‘lenguaje incluyente’ es ‘traicionero’, pues más adelante escribió: “…los centros de atención inmediata para niños víctimas de abuso…”: ¿Están excluidas de esos centros las ‘niñas’? Y antes se había expresado así: “…todos los que formamos parte de este colectivo humano…”: ¿Por qué no escribió, para ser consecuente, ‘todos y todas’? ¿No entran aquí ellas? Y el destacado dice: “El desafío incluye que cada colombiano reflexione cómo puede ayudar a crear espacios más seguros para los menores”: ¿Y ‘las colombianas’ y ‘las menores’? Finalmente, el título del segundo editorial del mismo día es éste: “Quién protege a los médicos”: ¿Y ‘las médicas’? Ello es que hasta la promotora estrella de este abominable lenguaje, Florence Thomas, cae, aunque no con mucha frecuencia, en la misma trampa. ¿No se dan cuenta los sumisos seguidores de su ejemplo de que ese lenguaje hace de su redacción un ‘fárrago’, por lo que es ‘nocivo’, además de ser ‘inútil’ (no sirve para nada) y, repito, ‘traicionero’? ¡Cómo será de insufrible un diálogo con esa señora! Digo, si lo practica dialogando. ¡Uy! Y termina su redactor el primer editorial con esta joya: “De eso se trata esta tarea que debe comenzar ya”. Señor, escriba doscientas veces esta frase: “En eso consiste esta tarea, que debe empezar ya”. A ver si así. 

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Cuán provechoso sería que en esas juntas de redacción que programan en LA PATRIA les enseñaran a sus periodistas que el castellano tiene el adverbio ‘antes’ y que ‘previo’ es un adjetivo, razón por la cual no puede hacer las veces de adverbio. Y que les expliquen que con el empleo de ‘antes’, no sólo mejoran su redacción, sino que no tienen que hacer malabarismos para construir la frase, como seguramente los tuvo que hacer el que redactó la siguiente: “Ayer aceptó, previo a audiencia, que la mató” (Sucesos, 30/5/2019). Y pregúntenle a este periodista si no le parece mejor redactada la frase de esta manera: “Ayer, antes de la audiencia, aceptó su crimen”. ¿Será mucho pedir? Que les sirva de consuelo a quienes ignoran la existencia del adverbio ‘antes’ que un periodista veterano y de talla internacional también lo desconoce, pues esto escribió: “Previo a la elección de 2016, Markle comentó públicamente…” (El Tiempo, Sergio Muñoz Bata, visita de Trump a Inglaterra, 4/6/2019). 

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Cuando concurren las preposiciones ‘a’ y ‘de’ y el artículo determinado masculino ‘el’, se elimina la vocal ‘e’ de este último con el fin de hacer la ‘contracción gramatical’, que es el “fenómeno morfofonológico que consiste en unir dos palabras, la segunda de las cuales suele empezar por vocal, en una sola”. Verbigracia, ‘esotro’ por ‘ese otro’, muy común en los clásicos. Actualmente, las contracciones más usadas son ‘al’ (a el) y ‘del’ (de el), obligatorias en el lenguaje, tanto hablado como escrito. El redactor de Sucesos de LA PATRIA pasó por alto esta norma en el título y texto de su nota. Así redactó, respectivamente: “De un disparo asesinaron a el Chavo”. “Un disparo acabó con la vida de el Chavo”. “…al Chavo” y “…del Chavo”, castizamente. Elemental. Nota: Se exceptúan de esta regla los artículos determinados masculinos cuando son parte de un nombre propio, por ejemplo, El Tiempo: ‘La circulación de El Tiempo es nacional’; y, lógicamente, el pronombre personal de tercera persona, ‘él’: ‘De él se afirman muchas cosas’. La tilde hace la diferencia. 

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El verbo transitivo ‘conmocionar’ (“producir conmoción”) pide la preposición ‘a’ para determinar su complemento directo. Su falta es sensible en la siguiente frase de un editorial de El Tiempo: “De vuelta a este episodio que ha conmocionado el país…” (Agresión brutal, 5/6/2019). El oído inclusive la pide: “…que ha conmocionado al país”. 

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cambio climático, crisis climática, emergencia climática

Por Fundación para el español urgente

La expresión crisis climática es más adecuada que cambio climático para referirse a la magnitud y a las consecuencias del calentamiento global causado por la actividad humana.

Si bien en los medios de comunicación se viene empleando la denominación cambio climático para aludir al aumento de la temperatura del planeta Tierra provocado por las emisiones de gases de efecto invernadero y la dependencia de los combustibles fósiles, amplios sectores de la comunidad científica consideran que se trata de una fórmula que no describe con la suficiente precisión la gravedad de la situación actual.

En ese sentido, muchos expertos empiezan ya a emplear la expresión crisis climática, que refleja con mayor contundencia que cambio climático las consecuencias de este aumento de la temperatura global que provoca la subida del nivel del mar, el deshielo de los glaciares, fenómenos meteorológicos extremos, y que reduce la biodiversidad y conlleva riesgos para la salud de las personas. Desde un punto de vista lingüístico, la palabra crisis, que el Diccionario académico define como ‘cambio profundo y de consecuencias importantes en un proceso o una situación, o en la manera en que estos son apreciados’ o ‘situación mala o difícil’, es plenamente válida en este contexto.

Por ello, aunque la expresión cambio climático no es censurable, cuando se quiera enfatizar la amenaza que este supone, se recomienda emplear la expresión crisis climática, como se muestra en estos ejemplos: «La crisis climática y cómo abordar medidas eficaces» o «La crisis climática no solo es grave, es urgente frenarla».

Además, comienza a tener también uso la expresión emergencia climática («Los jóvenes piden en la calle que se declare la emergencia climática» o «Hacia la declaración de emergencia climática: qué es y para qué sirve») con la que, yendo un paso más allá, se pide el reconocimiento de que estamos ante la mayor amenaza a la que se ha enfrentado la humanidad.

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