1825 no deseados

Imagen Periodismo Público

Por Carlos Alberto Ospina M.

¡Uy! Cuando la vi por primera vez se me desarticuló la quijada con la expresión de estúpido que enmarcaba el rostro. No soy de esos hombres farsantes que disimulan las sensaciones; ¡y por qué no!, el deseo específico que despierta una mujer. Aquel día sacó toda su artillería sensual. Por eso, no supe resolver entre ser péndulo o pelota de tenis, debido al redundante movimiento de mi cabeza. La escaneé a placer.

Previo a ir al encuentro, los coqueteos virtuales y la comunicación digital crearon la atmósfera de confianza mutua que rayaba con el desparpajo. Los intereses profesionales ocasionaron varias sacudidas conceptuales sin pasar por encima de alguien. Lo mío consistía en preguntas sueltas; lo de ella, una cuestión determinada por la violencia física, psicológica e íntima. 

Estábamos con tapabocas en pico y cédula, y libres, de prejuzgar. 

“¡Me encanta cómo te quedas mirándome! Me gusta tu franqueza, mezclada con la delicadeza para decir las cosas de frente. Hoy, necesitaba, ¡tanto!, escuchar algo distinto al menosprecio y el maltrato”. 

Giré el rostro y le eché un repaso, no sé de qué forma. En ese mismo instante dije para mí: “cállate”. Con cautela esperé que arrojara la soga al fuego y a reglón seguido, el desahogo heló sus encantadoras manos. Le temblaba la boca como quien no puede superar la tribulación y la incertidumbre.

“Hablan que durante la cuarentena aumentó la violencia de pareja. ¿Qué son tres meses comparados con cinco años de agresiones, menosprecios y destrucción moral? Un solo segundo acaba con la integridad”. De repente hizo una pausa dándole tono de sorna al asunto. 

“Tú como que tienes el palito para oír estos dramas. ¡Qué pena!, Carlos”.

Como tantos otros su expareja es un enfermo, depravado y agresor sexual que le causó diferentes problemas de salud con resultados adversos que, ni la cirugía plástica, pudo disimular las múltiples lesiones padecidas durante 1825 ocasos.

El “menos hombre” es generoso con la cuota de manutención de su hijo de 5 años de edad, y bastante dadivoso en el acecho, la coerción, la agresión y la intimidación. 

“No quiero convertirme en víctima ni manosear el concepto de violencia de género. Para eso están las autoridades, ¡y para escucharme!, creo, que estás tú”. Corrió la silla y rompió el ‘distanciamiento social’.

Todo comenzó por los años de 2014. El sujeto botaba los anticonceptivos y la forzaba a tener sexo. “Le voy a dañar ese cuerpo para que nadie se la coma. Usted que es tan puta”. No conforme con la injuria por vía de hecho pasaba a la violación. El sabotaje incluía agujerear el condón y quitárselo para embarazarla.

La metamorfosis de esposo “encantador” a perpetrador de tácticas amenazantes no se dio de la noche a la mañana. El individuo desarrolló un patrón de acoso, luego pasó a patear los muebles del apartamento, a empujarla y tirarle el pelo; entre otros comportamientos de violencia física.

Los insultos, las humillaciones y las amenazas fueron pan de munición a manera de agresiones psicológicas. La dependencia, el estrato socioeconómico, el temor, la diferencia de edad y el trasfondo cultural influyeron en la tardía decisión de separarse.

Un buen día no toleró más las ofensas y los vejámenes. Agarró a su hijo y estrujó el corazón dejando atrás al malhechor. Un lustro de violencia emocional, sexual y física por parte de su compañero íntimo logró opacar la sonrisa y postergar las ilusiones. 

Ella carga lesiones impalpables a simple vista, secuelas de infecciones de transmisión sexual, dolor de cabeza e insomnio. Además, se aísla por miedo a la probabilidad de experimentar una relación no saludable.

“No quiero poner barreras, quiero aliviar mi corazón. ¿Me entiendes?” Intenté mitigar el dolor y el sentimiento que la aflige valiéndome de los desafíos superados y del enfoque exhaustivo relacionado con su inteligencia.

“Cuando lo denuncié, le dije al fiscal que no quería ser una estadística más sobre su escritorio. Aspiro vivir hacia adelante y no pensando que la impunidad ayuda a que no pare la violencia sexual”. ¡Firme al pie ese dictamen!

Enfoque crítico – pie de página. Ahora es cuando la estupidez aparece o la lucidez sella el momento decisivo. Mejor acostarse sin deudas.

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Directores Orlando Cadavid Correa y William Giraldo Ceballos. Exprese sus opiniones o comentarios a través del correo rcorrientes@revistacorrientes.com

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