100 días de movimiento 

Gustavo Petro durante una entrevista en la COP27. / SEDAT SUNA

NICHOLAS DALE

Aunque han pasado ya muchas cosas, hasta ahora ha sido demasiado pronto para hacer un balance general del gobierno de Gustavo Petro. Tal vez todavía lo sea, pero el próximo martes cumple los simbólicos 100 días en el poder, alrededor del 7% de su cuatrienio. Todavía falta mucho por venir, pero su Gobierno en este poco tiempo ya ha sido histórico.

Lo fue su elección, la primera de un exguerrillero y un político caracterizadamente de izquierda en la Colombia contemporánea. Lo fue el primer día, cuando dio un golpe a la mesa al exigir la presencia de la espada de Bolívar en su ceremonia de posesión. Y ni siquiera habían pasado 24 horas desde ese acto lleno de simbolismo cuando su ministro de Hacienda, José Antonio Ocampo, junto a otros miembros del Gobierno, estaba presentando en el Congreso la primera versión de la reforma tributaria que buscaba recaudar 26 billones de pesos adicionales en 2023, el 1,78% del PIB. Desde ese momento hasta ahora el proyecto, que ya aprobó el Congreso, ha reducido la nueva recaudación hasta el 1,1 del PIB, pero su esencia se mantiene.

Los cambios en la primera gran reforma legislativa evidencian la flexibilidad del Gobierno. Para algunos, demuestran la capacidad de adaptación y la apertura a las críticas, el no tener miedo a rectificar –mantener el beneficio a la gasolina en zonas de frontera o eliminar el impuesto extraordinario a las exportaciones de oro, son prueba de ello-. Para otros, señala una administración presa del mismo clientelismo político “de siempre” que se suponía venía a derribar -aquí los críticos sacan a la luz la eliminación del impuesto a pensiones mayores de 10 millones de pesos, que afectaba a menos del 1% de los adultos mayores. En cualquier caso, ya sea por astuto negociador o por repartidor de mermelada y, aunque los impactos macroeconómicos siguen por verse, el Gobierno ha avanzado la reforma fiscalmente más ambiciosa de la historia reciente del país, y en tiempo récord.

La cosa está menos clara, y por su naturaleza es más compleja, con la que Petro ha mostrado como una gran bandera, la llamada paz total. Una vez se confirmó, a principios de septiembre, que la guerrilla del ELN estaba lista para dialogar y, con ello, se superaba la primera gran prueba en la materia, quedaba claro que las pruebas siguientes serían tan complicadas como ella, o incluso más. La cuestión de cómo lidiar con las disidencias de las FARC y la llamada Nueva Marquetalia, liderada por Iván Márquez, es clave pues la paz total tiene el reto de construir sobre lo logrado por el acuerdo de paz de 2016. Asimismo, la pregunta de cómo acoger a los grupos criminales ofreciendo una solución penal todavía no tiene una respuesta clara. De todas maneras, Petro avanza. Hace apenas unos días firmó la ley que le permite llevar a cabo las negociaciones necesarias y la evidencia de Buenaventura, donde los homicidios se han detenido y las dos principales bandas han declarado una tregua en apoyo a la paz total, marca esas victorias tempranas.

Otro campo en el que el presidente se ha movido sustancialmente es el de las relaciones exteriores. La principal acción ha sido revivir las relaciones con Venezuela. En estos tres meses se han ido cumpliendo elementos de una larga lista a un ritmo vertiginoso, incluyendo la visita de Petro a Maduro la semana pasada, el primer encuentro de los mandatarios de los países vecinos desde 2015. Pero la ambición de Petro es mayor: quiere facilitar el retorno democrático a Venezuela en las elecciones de 2024 y elevarse así en un líder regional. La restauración de la mesa de diálogo entre el Gobierno de Maduro y la oposición en Ciudad de México tras la visita a Caracas es otro logro temprano.

Esa búsqueda de perfilarse internacionalmente se ha visto claramente en escenarios globales. Uno fue la primera Asamblea General de la ONU presencial en tres años, en la que se presentó al mundo con un discurso en el que cuestionó la guerra contra las drogas de frente, abogó por una defensa medioambiental sin medias tintas y criticó el sistema capitalista. Su segunda aparición se ha dado esta misma semana, en la COP27, en la que reiteró su mensaje: “Es hora de la humanidad, no de los mercados”, dijo en su intervención. Sin embargo, Colombia no es una potencia mundial, y eso es algo que Petro no puede cambiar. Ya se reunió con el presidente electo de la mayor potencia regional, Luiz Inacio Lula da Silva, cuando el apoyo de Brasil es fundamental para impulsar su agenda internacional que se basa en una profunda integración regional.

Este balance podría alargarse varias páginas más, pero no es el objetivo de este boletín. Así que para terminar quedan las incógnitas, o las más visibles de ellas en estos 100 días. La transición energética, otra bandera del Gobierno, ha producido polémica tras polémica. La ministra de Minas y Energía, Irene Vélezse ha visto cuestionada y los mercados no han reaccionado bien a su propuesta de terminar la exploración de hidrocarburos en el país, que la llevó incluso a hablar de importar gas de Venezuela (es decir, seguir quemando hidrocarburos). Lo que suceda en este frente será clave para la economía. El futuro de la joven reforma agraria, otra promesa central de Petro, también está por verse. Después de acordar con Fedegán la compra de tres millones de hectáreas de tierras a ser redistribuidas entre campesinos, han saltado a la luz las complicaciones del plan, desde el avalúo hasta el pago. Y ahora, con la tributaria ya encaminada, se presenta la nueva reforma protagonista del debate nacional: la reforma a la salud. ¿Marcará los siguientes 100 días?

En fin, aunque es pronto para dar un veredicto, este ejercicio de repaso deja claro que este Gobierno no se ha quedado quieto en sus primeros 100 días.

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