Al instante

Yo soy Lisbeth

Por Guillermo Romero Salamanca

Ciudad Bolívar, Sur de Bogotá, 16 de enero Foto eltiempo.digital

A raíz de la masacre que hubo en Ciudad Bolívar el 16 de enero, escribí una nota con las palabras de una niña, hija de la muchacha que fue asesinada aquella noche.

Tengo cinco años recién cumplidos.

Mi abuela lleva cuatro días sin parar de llorar.

Mi abuelo le dice que tranquila.

Yo llevo seis días sin ver a mi mamá.

No sé dónde está.

Mi tía me dijo que la misa sería mañana.

En la noche que se fue mi mamá oí muchos gritos y golpes.

Era como lejos, pero no tan lejos de mi casa.

Creo que ella era quien más gritaba.

De pronto se calló y yo me dormí.

Mi abuela me despertó y estaba llorando.

Me dio agua de panela y un pan.

Hizo mucho calor y veía en la calle a mucha policía.

Ayer comí arroz y mi mamá no vino.

La policía venía también a caballo.

Mi abuela me dijo que no saliera a la calle porque pasaban muchas personas malas.

Los policías volvieron a pasar y no me vieron porque yo soy invisible.

Yo quería ver a mi mamá.

Ella fumaba mucho y cuando me daba besos su boca olía feo.

Yo no sé quién es mi papá.

Él no ha venido a la casa.

Mañana me van a bañar porque me llevan a una misa.

Mi primo me contó que mi mami está en el cielo con los angelitos.

Hoy vinieron unos doctores a hacer preguntas.

Una doctora chupaba colombina, pero no me dio.

Mi mamá si me quería, pero ella se la pasaba fumando.

Mi abuela, cuando llora, dice que me quiere mucho y que soy lo único que tiene.

Ella se va a trabajar todas las mañanas a vender cebolla.

Mi abuelo se va trabajar por ahí en la rusa o en lo que le salga.

Él a veces se emborracha, pero me quiere y a veces me trae algo.

Yo tengo muchos amigos, pero no sé si voy a estudiar.

A mí me gustaría ser doctora.

Mi abuela me dice llorando que me va a cuidar pero me deja con la vecina porque mi mamá ya no volvió.

Hoy me midieron un vestido para la misa de mañana.

Yo no sé qué es una misa, pero dicen que irá poca gente al cementerio.

Yo no sé qué es un cementerio.

Coco, mi perro, se la pasa en la calle y viene por la noche.

Mi mamá se fue con unos amigos que también fumaban.

Mi abuelo dice que el alcalde dijo que acabarán las ollas.

Y si se van mi abuela con el abuelo y me dejan sola, pues yo me pongo a llorar.

¿Por qué me pregunta qué es futuro? Yo no sé.

No veo a mi mamita.

Estoy solita. Adiós.

Guillermo Romero Salamanca

Periodista-Bogotá-Colombia

Ir a la barra de herramientas