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Yo, Guillermo Angulo, me confieso

Por Óscar Domínguez Giraldo, Diario El Tiempo, Bogotá

El maestro Guillermo Angulo Foto El Tiempo

No es fácil ser abuelo y bisabuelo primerizo al mismo tiempo. Lo logró el maestro Guillermo Angulo.

¿Que noventa años no son nada…?

Apenas un accidente matemático que le puede pasar a cualquiera. Basta esperar un poco.

Lo bueno, lo malo y lo feo de marcar empezando con el 9.

Lo bueno, nada; lo malo, todo; y lo feo, desde chiquito.

¿Está preparado para envejecer?

Llevo entrenándome noventa años. Estoy preparado para todo, menos para que me llamen “adulto mayor”. Al que me diga así le rompo la cara, m… (Mi mamá me dijo que nunca usara esa palabra).

¿Don Luis Eduardo, su padre, le enseñó a decir ‘malas palabras’?

En su vida estuvo a punto, apenas una vez, de cometer una “grosería”: dijo de alguien que era “un pendolo”.

No conozco a los hombres (a las mujeres, menos), y a las orquídeas las quiero solo para fotografiarlas

Usted y la señora Vanna Brandestini —su esposa— casi no bajan bandera como abuelos de Martín Angulo Camargo…

Éramos estériles como abuelos (solo teníamos nietos gatos), y nos curamos. ¡Milagro! ¡Milagro!

¿De las disciplinas que domina, cuál desea que le herede el nieto-bisnieto Martín?

La de jardinero.

“Princesa etrusca de rara calidad”, bautizó a su esposa el maestro Santiago García. ¿Cómo la definiría usted?

Como “princesa etrusca de rara calidad”.

Primer recuerdo que tiene de niño…

Mi abuela mandándome a prender su tabaco (sin chuparlo, mijo) para decir que mi madre estaba “enferma” (embarazada).

Primer recuerdo que tiene de Anorí…

Mi tío Arturo mostrándome sus dados y diciéndome que se llamaban “muelas de santa Apolonia”.

¿De qué material están hechos los anoriseños como usted?

De buen humor, mezclado con deleznable acero inolvidable.

¿Quién lo metió en el camino de la fotografía, la corrección de textos, el periodismo, la traducción, las orquídeas, la andareguiadera, la diplomacia?

Los amigos y la curiosidad. (La misma que mató al gato).

El mejor consejo que ha oído…

Para hacer buenas fotografías, lea cuidadosamente las instrucciones de la Kodak y haga todo lo contrario.

Su mejor foto…

La de una madre en una manifestación, en el Zócalo de Ciudad de México.

El mejor consejo que ha dado…

Ni dé ni oiga consejos.

Propósito que siempre se ha hecho y nunca ha cumplido…

Dejar de fumar. No he podido porque nunca he fumado.

Cosas que se le han quedado entre el tintero…

Aprender mandarín.

¿Fue traumático el tránsito de Anorí a Medellín-Bogotá-México-Roma-Cataluña-Nueva York?

Muy duro para el campesino. Todavía no me repongo.

¿De sus profesiones lícitas conocidas, con cuál se identifica más?

Con la de jardinero, que solo me ha llevado a dejar dinero.

¿Mientras más conoce a los hombres, más quiere a sus orquídeas?

No conozco a los hombres (a las mujeres, menos), y a las orquídeas las quiero solo para fotografiarlas.

Aparte de una ‘nueva’ especie de orquídea, ¿qué más le dejó el secuestro que ‘sufrió’ por parte de las Farc?

Conocer “la otra Colombia”, la abandonada de Dios y de los gobernantes.

Guillermo Angulo

En la actualidad, el maestro Guillermo Angulo tiene entre sus más entrañables actividades la jardinería. En la foto, con algunas de sus amadas plantas en plena floración.

Foto:

Archivo / EL TIEMPO

¿Belisario lo escogió a usted para seleccionar a los doce amigos que acompañarían a García Márquez a recibir el Nobel en Estocolmo?

Porque estaba cerquita.

Frase de su amigo nobel que no tengan los demás mortales…

Gabo me dijo: “Ser buen escritor consiste en escribir una línea y obligar al lector a leer la siguiente”.

Objetos que siempre lleva consigo…

Un escapulario. Los ateos de Lasfar me dijeron que para las balas.

¿Es hora de regalarnos un ateo como presidente?

No se puede, en un país consagrado al Corazón de Jesús. (A una víscera, decía Bernardo Ramírez).

¿Le ha pasado algo que le cambió la vida?

Sí. Un milagro. Mi Victoria amazónica —que estaba agonizando—, el pasado Domingo de Resurrección de pronto “se levantuvo y andó”. O sea, resucitó.

¿La virtud y el defecto que le gustaría tener?

Aunque ya es un poco tarde, diría con san Agustín (mirando al cielo): “Señor, dame la castidad, pero no todavía”. En cuanto a defectos, como decía antaño una propaganda de Pielroja: “No aspiro a más, ni me contento con menos”.

El fracaso más creativo que ha tenido…

No haber hecho buen cine.

Lo que más le gusta regalar…

Libros y música.

¿Qué detesta que le regalen?

Corbatas.

¿Qué día de la semana odia y cuál le gusta más?

“El lunes, por ejemplo, es de cianuro”. Lo odio. Amo el viernes: me voy a jardinear.

¿Con qué amiga o amigo de juventud le gustaría reencontrarse?

Más a menudo: con Susan Flaherty y Rodrigo Moya, en Cuernavaca (México).

¿Lo calumnia su paisano Moya cuando dice que usted fue su maestro de fotografía?

Yo digo que la fotografía no se puede enseñar, porque es una manera de ver.

Libro que desearía haber escrito…

Ni siquiera un libro; un ensayo: Visión de Anáhuac, de Alfonso Reyes.

¿Disfruta a cabalidad de lo que tiene?

Apenas estoy terminando el inventario.

¿Sigue a pie juntillas las sugerencias de su horóscopo?

Si lo leyera… A duras penas sé que soy Aries.

¿Es más lo que sabe o lo que desconoce de usted?

Él y yo no nos conocemos. Apenas “nos distinguimos”.

La habilidad manual que le gustaría tener…

Ser mejor carpintero que san José.

Personaje que más admira…

Picasso.

Una amiga, al saber la noticia de que el infierno no existía, exclamo: ‘¡Si yo lo hubiera sabido antes!’.

¿Se sometería al detector de mentiras?

No, porque lo daño.

¿De los años que tiene, cuál le ha gustado más?

El primero. Me dijeron que “tenía toda una vida por delante”.

Su plato favorito…

Soy paisa: los frisoles.

¿Se sale fácilmente de casillas?

Diurna y nochemente.

¿De qué se arrepiente?

De no tener de qué arrepentirme.

Primer libro que leyó…

El Catecismo del padre Astete, el mejor de todos.

¿Entonces cree que “Dios es un Señor infinitamente bueno, sabio, justo, poderoso, principio y fin de todas las cosas”?

Las enseñanzas de Astete son indelebles. Yo las recuerdo al salir de casa, al entrar a la iglesia, al comer y al dormir.

Libro que está leyendo…

Releyendo: La tumba sin sosiego, de Cyril Connolly.

¿Quién le gustaría haber sido?

Aimé Bonpland.

¿Qué es un amigo?

Alguien con quien se puede conversar.

Personaje que más ha influido en usted…

El Sagrado Corazón de Jesús.

¿El cuadro del Sagrado Corazón colgaba de la pared de la sala de su casa en Anorí?

Y en pared de la ‘Orquidiócesis de Tegualda’, mi casa de campo.

¿Qué le gustaría olvidar?

Don Alois me está haciendo prolijamente ese trabajo, en forma sistemática y gratuita. Nunca lo olvidaré.

¿De qué le gustaría morir?

De avión, o de quirófano.

¿En quién le gustaría reencarnar?

En un gato. Por esa frase que se oye en todo el mundo, menos en Italia: Il dolce far niente.

¿Cree en el más allá?

Antes tengo que resolver la dualidad de significados de la palabra ‘escatología’.

¿Qué piensa del más acá?

Que está muy cerquita.

¿Cree en el infierno?

Yo sí, pero el papa Francisco, no. Una amiga, al saber la noticia de que el infierno no existía, exclamo: ‘¡Si yo lo hubiera sabido antes!’.

¿Tiene listo el epitafio?

Sí: The End.

¿Por qué desea que lo recuerden?

No quiero que me recuerden. Quiero morir de incógnito (con gafas oscuras) y sin obituario.

THE END

ÓSCAR DOMÍNGUEZ GIRALDO
ESPECIAL PARA EL TIEMPO

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