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¿Y el cambio extremo del coliseo de El Campín?

Por Rufino Acosta (paraver.co)

(sitesavister.com)

Otra obra que se anunció a comienzos de año con fanfarria por parte de la administración capitalina, fue la renovación o cambio extremo del coliseo de El Campín, aledaño al estadio de fútbol del mismo nombre en la calle 57 con carrera 30. Se dijo en su momento que, con inversión público-privada cercana a los 70 mil millones de pesos, sería transformado en un escenario moderno, cómodo y funcional.

El viejo epicentro de multitudes, inaugurado en mayo de 1973, desde hace rato dejó de ser confiable y entró en etapa de absoluto deterioro. Durante varios años estuvo arrendado a particulares y fue necesario un largo proceso judicial y administrativo para recuperar su dominio por parte del Distrito. Desde entonces se llegó a la conclusión de que era indispensable intervenirlo a fondo.

Con tribunas en mal estado, sin capacidad para ofrecer seguridad y lejos de posibilidades de mejor dotación en todos los frentes, se llevaron a cabo diversos estudios para darle nueva cara. Se pensó inclusive en derrumbarlo para que, como el clásico Ave Fénix, resurgiera de entre sus cenizas.

En enero de este año hubo una rueda de prensa por parte del Instituto Distrital de la Recreación y el Deporte con el fin de dar la buena nueva sobre los proyectos aprobados sobre el coliseo. No sería derribado, y en cambio se dispondrían labores estructurales con el fin de darle el toque arquitectónico esperado.

La propuesta elaborada por la empresa Colombiana de Escenarios parecía abrirse camino y todo era cuestión de ajustar detalles, socializar el proyecto con la comunidad de Teusaquillo y fijar fechas para el comienzo de los trabajos.

El renovado coliseo tendría capacidad para 14.000 espectadores, nueva silletería, zona de restaurantes y parqueaderos para 330 carros y 200 bicicletas, además de la completa dotación en materia de sonido. “Se espera que en este semestre (que acaba de terminar) se deje la obra comenzada. Es la primera APP de tipo deportivo”, declaró Aldo Cadena, director del IDRD, en la edición de El Tiempo correspondiente al 14 de enero del 2015.

¿Qué ha pasado desde entonces? Poco o nada. Simples y populistas anuncios. Ahí sigue como elefante moribundo el anfiteatro, a la espera de que por fin se cumplan las promesas. El gobierno del alcalde Petro llega a su final, apenas faltan unos pocos meses, y por lo visto la tan esperada remodelación quedará en manos del nuevo burgomaestre capitalino. A Petro se le zafó la cadena.

¿Qué pasa en El Campín?

También, de paso, habría que preguntarle al IDRD qué pasa en el estadio Nemesio Camacho El Campín. Es notorio el descuido con la gramilla, en franco deterioro, hay problemas de sonido y la iluminación es deficiente. Y todo ello mientras se les cobra a los equipos profesionales la nada módica suma de 80 millones de pesos cada vez que se abre el escenario.

Como se dijo en El Pulso del Fútbol, todo indica que la actual dirección no da pie con bola. Habría más politiquería que ejecución y eficiencia. El deporte, en general, casi siempre lleva las de perder en el campo oficial, porque se improvisa con los mandos para dejarlos en manos de quienes a duras penas han jugado a la bola de uñita.

Debe recordarse que con ocasión del mundial Sub-20 hubo inversiones considerables en el estadio. Sería lamentable que lo poco que se hizo se fuera por las alcantarillas del desgreño y la indolencia.

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