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WBEIMAR: Una historia de fútbol hablado

Wbeimar Muñoz Ceballos Foto ytimg.com

Más de 30 años “con los ojos en la cancha y el corazón en los oyentes”

Nota de la redacción: Rescatamos de la desaparecida revista Cierto, de Medellín, este perfil maestro del periodista deportivo Wbeimar Muñoz Ceballos, escrito por el colega José Absalón Duque:

Humanamente para ponerse a paz y salvo con la vida, Wbeimar Muñoz Ceballos tendría que prender una vela al diablo, y otra… a otro diablo: el uno lo calificó de ignorante en un micrófono, lo ridiculizó ante un público oyente, y lo puso aprender de fútbol; el otro lo atracó en la vía pública y después de apercollarlo, le dañó las cuerdas vocales y acabó con un mal narrador de fútbol para dar paso a un semidios del comentario deportivo.

Wbeimar ante el microfono
Foto eping.net

Wbeimar, una historia…

– De cómo llegó un hincha del Cúcuta Deportivo a las ligas mayores del periodismo deportivo.

– Un atracador lo convirtió en uno de los mejores comentaristas de fútbol.

– En Colombia también “arreglan” partidos.

Humanamente, para ponerse a paz y salvo con la vida, Wbeimar Muñoz Ceballos tendría que prenderle una vela al diablo, y otra… a otro diablo: el uno lo calificó de ignorante en un micrófono, lo ridiculizó ante un público oyente, y lo puso aprender de fútbol; el otro lo atracó en la vía pública y después de apercollarlo, le dañó las cuerdas vocales y acabó con un mal narrador de fútbol para dar paso a un semidios del comentario deportivo.

¡Ah, cosas extrañas de la vida! Jamás se cansará Wbeimar de recordar y de dar gracias por aquel momento del ya lejano 1965, cuando el programa El estadero del deporte, que se trasmitía por Radio Visión bajo la conducción de Jaime Tobón de la Roche, un encopetado filipino enraizado en judíos, Alex Gorayev, quien fungía como presidente inamovible del Deportivo Cali, no tuvo consideración para vituperarlo por confundir a Stanley Rous, el legendario presidente de la Fifa, con la ex estrella del fútbol inglés, Stanley Matthews.  Por poco le dice al aire, “no hable de fútbol, no sea bruto”.

Pero Wbeimar, que leía los comerciales en esa audición nocturna, asimilo con entereza y con visión futurista aquel rudo tirón de orejas, nacido de la oportunidad que Tobón de la Roche le dio por primera vez, y ante tan prepotente personaje. “Usted también puede hacer pregunticas”, lo animo Jaime, y Wbeimar, ni corto ni perezoso, indagó a Gorayev por el secreto de la longevidad de Matthews -el brillante puntero derecho inglés, llamado “El Mago del dribling”, tenía en ese momento sólo 51 años-. “Ese es el problema con algunos periodistas, que hablan de lo que no saben”, espetó furioso el filipino.

Esa noche Wbeimar Muñoz Ceballos tomó la decisión de aprender fútbol.

Con los ahorros que había logrado en Cúcuta -donde en el 64 se desempeñó como director de las emisoras Caracol y donde, además, comenzó en firme su carrera como narrador-, y con otros pesos que pudo recoger a su regreso a Medellín, se fue a hacer un curso de técnico a la Asociación de Fútbol Argentino (AFA). Retornado a la capital antioqueña, pasaron algunos años, comienzos de la década del 70, para empezar a abrirse paso entre la maraña de voces argentinas que habían colonizado los espacios de la radio deportiva. Tuvo que retirarse uno, Luis López García, para que Wbeimar comenzara a hacer parte de la cosecha de comentaristas de élite que surgía en ese momento.  “Gracias, Gorayev, por haberme ridiculizado en público”, pensaría en silencio unos años más tarde Wbeimar, cuando su nombre ya pesaba en la élite del comentario futbolístico.

¡Ah, y el otro diablo!  Ese anda suelto en el cielo de los recuerdos de Muñoz Ceballos… (“en ese año vino la malhadada y yo diría que también afortunada acción del atraco”) Si así fuera, no tendría como Wbeimar con qué pagarle a ese atracador que una noche de 1970 casi lo desnuca cuando después de salir de una reunión social en el Club Medellín, se desplazaba a su residencia en el centro de la ciudad.  Wbeimar se imaginó lo peor: “se me arruinó la voz”.  Pero semanas más tarde se llenó de ánimo y puso todo su empeño para recuperarla y seguir con el sueño de ser narrador deportivo.  Si, era su anhelo de toda la vida.  Compró manuales, investigó…pero el destino estaba marcado.  Ya la voz no le daba para el gol.  Con su pergamino de técnico y con los conocimientos que había acumulado, arrancó en firme su profesión como comentarista de fútbol.

Extrañezas de la vida: el deterioro del músculo que habilitaba las cuerdas vocales en la garganta de Wbeimar, como consecuencia del atraco, desembocó en un estadio de éxitos para su futuro profesional. ¡Bendito atracado!, pensaría también Wbeimar años después en su pedestal.

Junto a Hernán Peláez, Iván Mejía,  y Carlos Antonio Vélez, Wbeimar Muñoz recibió el “Doctor Honoris Causa” como homenaje a los mejores comentaristas deportivos.
Foto el tiempo.com

Pero se equivocan los que creen que Wbeimar es sólo fútbol.  No, siempre ha sido un devorador de textos, desde Caperucita Roja hasta los que incluyen los zarpasos ideológicos de Nietzsche (qué curioso: para el caso de Muñoz podría parodiarse al gran Friedrich en El origen de la tragedia, con el origen malo de una consecuencia buena, a propósito del atraco). Los textos sobre el saber deportivo -claro- sí son de su mayor apetencia. Por algo narró diez vueltas a Colombia en bicicleta, un Tour de France, varios tours del Avenir y los Juegos Olímpicos de Barcelona y México. Pero el premio gordo está en los ocho campeonatos mundiales de fútbol de mayores y cuatro juveniles en los que ha dicho ¡presente!, no propiamente en plan de turismo deportivo, sino de recrear para los colombianos episodios de las disciplinas deportivas más multitudinarias, son más de 80 países a su haber en su prolongada carrera profesional.

En materia de fiebre radial, Wbeimar Muñoz se bajó los pantalones desde muy pelado.  Cuando tenía 13 años de edad y cursaba cuarto de bachillerato en el colegio de su natal Sevilla (Valle del Cauca), convenció a don Óscar Salazar, propietario de la emisora local, para que les diera un espacio de seis a siete de la noche, los miércoles, a los miembros del Centro Literario del plantel, del cual Wbeimar era el tambor mayor.  Allí asumió el micrófono a lo grande, leía artículos de periódicos o de otros compañeros y “cometía” poesía.  Era tan despierto y resultó tan exitoso en esa incursión ante los micrófonos, a pesar de su extrema juventud, que don Oscar no tardó en adjudicarle un programa para grandes, “Boleros en la noche”, del cual le tocaba hasta elaborar los libretos.  Con tanto vuelo, seria meses más tarde el locutor comercial de otros programas y de las trasmisiones de los partidos de fútbol aficionado de su pueblo.

Y… Y bueno, aquí nacería el Wbeimar antioqueño, porque a su tío Octavio Muñoz García le dio por traerse al jovencito a estudiar a Medellín, donde terminó los dos últimos cursos del bachillerato en el Liceo de la Universidad de Antioquia.

En la capital paisa se encontró con Luis Fernando López (luego sería alto ejecutivo de Nestlé a nivel mundial), una especie de ángel de la guarda que lo vinculó a la emisora del Alma Mater, donde presentaba conciertos y elaboraba libretos con gran dedicación.  Y llegó el feliz año 1965, cuando Jaime Tobón de la Roche le dio entrada a Radio Visión, y de paso le abrió la puerta grande del radioperiodismo deportivo de Colombia.

Entonces…

“En 1975 yo trabajaba con Caracol y con la agencia Publicidad Colombiana, Público, cuyos directivos, me ofrecieron que si dejaba la radio y me iba a trabajar con ellos, me pagarían tres veces los que en ese momento devengaba.  Estaba dispuesto a aceptar la propuesta, pero ocurrió algo definitivo: Eucario Bermúdez acababa de dejar el puesto de director general de las emisoras de Caracol y en una reunión de Junta propusieron mi nombre para reemplazarlo, lo que implicaba irme para Bogotá.  Pero Jaime Tobón de la Roche -en ese entonces gerente de Caracol Medellín- se opuso a ese traslado.  A mí me dio cierta frustración porque yo veía a la gente que se jubilaba con el salario mínimo…”

¿Y a partir de ahí que ocurrió?

Ocurrió que estaba listo para vincularme a la agencia de publicidad cuando Jaime Tobón, de una manera muy generosa, me ofreció -para que no me fuera- que montáramos un programa en Medellín, y así yo poder independizarme.  Así empezamos en los 830 de Radio Visión el 1 de febrero de 1976.

Homenaje de la Pontificia Bolivariana de Medellín que abrió cátedra y diplomados en periodismo deportivo con Wbeimar.
Foto universa.net.co

¿Qué se conocía hace 30 años de programas deportivos?

Lo único que existía de sintonía nacional era Momento deportivo, de RCN, pero localmente había muy poco.

Y el arranque, ¿cómo fue?

El primer redactor que conseguí fue Leonardo Londoño y yo me encargaba de conseguir la información.  Empezamos como un programa más informativo que de opinión. Luego llegó como locutor Luis Fernando Múnera (hoy es teleactor en Bogotá), quien también me ayudaba a hacer entrevistas.  Ese programa de Wbeimar lo dice solamente duró un año en Radio Visión, de una y media a dos de la tarde, en la primera etapa, porque ocurrió que iba a ingresar un patrocinador que era competidor de Caracol.

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