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Votaré liberal

Por Fernando Sánchez Torres, Diario El Tiempo, Bogotá

Humberto De La Calle, candidato liberal. Foto Revista Dinero

El país respira hoy un aire menos belígero, con menos olor a sangre.

Sin duda, junto con el presidente Santos, Humberto de la Calle fue uno de los artífices de la paz suscrita con las Farc. Con dificultades para alcanzarla plenamente e imperfecta en su implementación, no obstante el país respira hoy un aire menos belígero, con menos olor a sangre. Que lo digan, si no, mis colegas del Hospital Militar Central.

Ahora, el doctor De la Calle, en representación de un Partido Liberal mermado, ha sometido su nombre a consideración de los colombianos en su legítima aspiración a conquistar la presidencia de la República.

Como yo no debo quedarme callado, teniendo la oportunidad de dar a conocer desde esta columna de opinión mi preferencia frente a la baraja de candidatos, confieso que depositaré mi voto por Humberto de la Calle, a sabiendas de que difícilmente pasará a la segunda vuelta. Varias razones me han llevado a tomar esa determinación.

Me considero liberal de tiempo completo, como mi abuelo, como mi padre, y como los grandes jefes del partido que tuve la oportunidad de seguir con atención: López Pumarejo, Echandía, Gaitán, Alberto y Carlos Lleras, Galán… Lastimosamente, el Gran Partido Liberal se vino a menos, quedando convertido en hueste diseminada y perpleja. Muy pocos líderes mantienen vigente el ideario de los patricios que le dieron gloria. Uno de ellos es Humberto de la Calle, a quien buena parte de sus correligionarios abandonaron para medrar bajo otras toldas.

Además de sus condiciones y experiencias como estadista, De la Calle tiene la virtud de la templanza. Conserva el temple liberal sin ofender a sus contrincantes, sin herir susceptibilidades.

La falta de adecuada organización del partido explica por qué la candidatura de De la Calle aparece en las encuestas con tan pobre acogida.

Precisamente, advertí esa virtud en él a través de sus intervenciones a lo largo de las conversaciones en La Habana. Su prestigio y sus palabras, pronunciadas con sapiencia, prudencia y convicción, lograron a la postre su eficiencia, teniendo al frente unos interlocutores duros, obcecados.

Imaginándolo en el ámbito médico, la acción de su palabra, a la manera de la catarsis verbal hipocrática, fue tan efectiva que obró como si el discurso mismo fuese un verdadero medicamento. En términos médicos, De la Calle aportó al proceso de paz el ingrediente salutífero, curativo.

Siendo su campo de acción profesional el de la política, debo resaltar que si algo caracteriza esa actividad es el empleo de la palabra como instrumento estratégico para lograr objetivos, al igual que ocurre en la medicina, con la diferencia de que en la política el logos sirve tanto para restañar heridas como para abrirlas. Y el mérito de su paciente gestión como vocero y cabeza visible del proceso de paz fue usar la palabra como bálsamo, como recurso eficaz para imponer la razón sin causar daño.

Los resultados quedaron a la vista del mundo entero, al tiempo que él, discretamente, se retiraba de la escena, como acostumbraban los médicos hipocráticos una vez cumplida su misión.

En la actual contienda política, algo semejante ha ocurrido. La palabra suya a nadie ha herido. Su mensaje es de paz, de confraternidad y de esperanza para lograr un mejor país a través de sus propuestas, todas serias y razonables, sin pizca de demagogia.

El suyo no es un liberalismo caduco, sino renovado, actualizado, de acuerdo con las necesidades de la época. La falta de adecuada organización del partido explica por qué la candidatura de De la Calle aparece en las encuestas con tan pobre acogida.

Sin embargo, votaré por él para tranquilizar mi conciencia liberal. Siento por Colombia y por los colombianos que lo hubieran dejado solo. Perdemos la oportunidad de haber tenido un gobierno manejado por un timonel experto, prudente y visionario.

FERNANDO SÁNCHEZ TORRES

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