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VIOLENCIA Y VERGUENZA

Por Orlando López García – Miami-USA.

Guerrilla clombiana Foto gps.wordpress.com

 

La existencia de grupos subversivos en Colombia no es el origen de los problemas del país sino su consecuencia, y han sido convertidos, por los dueños del país, en idiotas útiles, que les permiten justificar un ejército de más de 450.000 integrantes, todos dedicados a cuidar los bienes de los dueños de la economía del país.

Es la táctica de ¨en río revuelto ganancia de pescadores¨, la misma que ha cobrado la vida de más de un millón de compatriotas asesinados a ambos lados del conflicto, siempre hombres y mujeres jóvenes, de ambas orillas, que mueren sin entender la verdadera razón de su sacrificio.

Mientras tanto los epulones modernos viven en la más escandalosa opulencia. En barrios que no se inundan, que no son inseguros, limpios y bien cuidados, comen tres veces al día de manera opípara. Regurgitan satisfechos. Defecan en tazas brillantes, perfumadas. Sus hijos estudian en planteles de lujo. Poseen mansiones en Europa y cuando van a refocilarse allá lo hacen en sus aviones particulares.

Cometen sus adulterios en palacetes deslumbrantes. Reciben la mejor atención médica del mundo, sin necesidad de hacer humillantes colas desde las tres de la mañana en las EPS para recibir un calmante.

Manejan a su acomodo los medios de comunicación que les pertenecen y si un osado periodista se les sale del cubilete lo mandan asesinar, tarea que cumple un matón, que por supuesto, no pertenece a la clase social del que ordena el crimen.

Corrompen a la justicia que les sirve complacida por las prebendas que les son entregadas. Una hetaira voluptuosa, arrogante, de anchas caderas.

Controlan a la marioneta que han sentado en el sillón presidencial para que les sirva abyectamente en el manejo de la economía.

Mantienen la mirada puesta en las catervas llamadas congreso, asambleas y concejos municipales para que quienes son elegidos¨ (fraudulentamente, claro) obedezcan sus lineamientos.

Tienen como consorte de clase a la dama de Babilonia, (nido de pedófilos) que también sabe manejar la opulencia y en cuyas mesas del cardenalato, los obispados y los arzobispados se tragan opíparas viandas y liban exquisitos vinos.

Así pues, nada que hacer. La paz completa en Colombia es un imposible metafísico.

A no ser que que ese Dios, al cual veneran hipócritamente, tanto que han consagrado su país al Corazón de Jesús, decida otra cosa.

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