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Vicky se fue en silencio con 22 kilos menos de los que pesaba

Por Elkin Mesa

Vicky, Esperanza Acevedo, (q.e.p.d.) Foto eltiempo.com

 

Vicky abandonó este mundo tratando de disfrutar la vida plena, plenitud nunca alcanzada porque sobre ella pudieron más los recuerdos de las violencias vistas con sus ojos de niñita que los triunfos dados por la canción que bien supo hacer, tanto en sus grabaciones como en las presentaciones personales que por muy aplaudidas que fuesen no consiguieron borrar de su rostro la tristeza larvada en él por las escenas de sangre y de cadáveres que teniendo apenas seis añitos la convirtieron en amenazado testigo en Ansermanuevo, Valle, rodeada de su hermosa familia que de todas maneras le alivió la existencia y el crecimiento hasta llevarla a Bogotá, donde después de difíciles pasos laborales y de la búsqueda de su realización como cantante consiguió ser aceptada en programas de televisión y en la programación de las primeras canciones puestas en el vinilo, lo cual sucedió en una especie de marejada de peticiones de sus obras, acciones que fueron ciertas y rotundas, provocadas por miles y miles de oyentes.

Triunfal en la longitud posible, Vicky luego se topó, seguramente sin el afán de otros corazones, con el amor masculino que por razones de aquel lo mantuvo escondido, hasta que se fue, dejándola en la creencia de que era imposible repetir su breve historia en otro ser, y hasta el punto de que pronto renunció a la posibilidad de respirar algo de los aires amorosos que volaban en su entorno, y hasta la decisión no verbalizada pero si sucedida de no aceptar lo que llegare vestido de aventura.

Vicky escribió el bello “Pobre Gorrión”, canción nunca superada y enseguida apagó la producción de más canciones, aunque siguió triunfando en sus actuaciones de coliseo y plaza.

Al llegar la noticia de que era paciente de un cáncer de pulmón fue obediente al tratamiento, nunca dijo padecer fuertes dolores, solo hablaba de dificultades para conservar lo consumido, así apenas fuere un vaso con agua, ordenó no pasarle llamada telefónicas, y en silencio se fue con 22 kilos de los que tenía cuando el cáncer comenzó.

Esperanza Acevedo, Vicky, en el curso de la enfermedad tampoco expresó esperanza alguna de conservar la vida. Su drama final lo compartió en su casa bogotana con su hermana y con tres perras con las que convivía. Pobre gorrión.

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