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Uribe: Del engaño como derecho humano

Por Santiago Gamboa, El Espectador, Bogotá

Fotocomposición blogspot.com

Leo, estupefacto, que Uribe y sus secuaces del Centro Democrático acaban de interponer una demanda contra el Estado en la CIDH por “desacato” a su fraudulenta victoria en el plebiscito de hace un año. Y la verdad es que no salgo de mi asombro. Hay que aceptar que en su utilización de la teoría sobre la “combinación de todas las formas de lucha” contra Santos el uribismo logra siempre sorprendernos. ¿A quién se le habrá ocurrido este nuevo lance? ¿Será cosa de José Obdulio, el Rasputín de la bancada? ¿O de la dueña de la franquicia espiritual del Ku Klux Klan en el Cauca, la no muy mansa Paloma?

Es curioso, pues cuando Uribe estaba en el poder, todo lo que llevara el sello de “derechos humanos” lo hacía sacar el revólver. Para él, era sinónimo de comunistas, guerrilleros, terroristas. Lo mismo cuando creó y apoyó las Convivir, germen del uribismo armado posterior. Uribe podría haber dicho, como Videla: “¿Cuáles derechos humanos? Nosotros somos derechos y humanos”. El desprecio con el que pidió disculpas a las madres de Soacha, agravando su dolor, lo retrató para siempre como enemigo de eso que la justicia universal denomina “derechos humanos”. Y ahora busca acogerse a ellos en la CIDH, ¿con qué objetivo? Por supuesto, no salvaguardar ningún derecho fundamental, sino todo lo contrario. Utilizarlo como arma para seguir en su tarea, cada vez más ardua, de mantener encendido el odio en el país, al menos hasta la primera vuelta electoral.

“Sin odio no hay Uribe”, podríamos decir. Y como frase publicitaria algo del tipo: “Colombiano, dale un sentido a tu odio por el prójimo: vota por el que diga Uribe”. Fue muy reveladora la entrevista a Sergio Jaramillo, cuando dijo que los representantes del No, tras el plebiscito y las reuniones de trabajo, habrían podido aceptar la implementación del Acuerdo de Paz, pero decidieron “no darle ese regalo a Santos” y tratar de mantener al país “emberracado” hasta el 2018. ¿Qué les importa a ellos que el país se pacifique? Ni les conviene ni ganan nada con eso.

Por eso hay algo esencialmente equivocado y ruin en ver al uribismo, con su desprecio por los derechos humanos, acudiendo a la CIDH. Una suerte de profanación. Y al leer el detalle de su demanda, la sensación de perversidad y bellaquería es aún mayor. Ellos dicen que “se mantuvieron sin modificaciones los argumentos que llevaron a la población a votar No”. Pero ¿creen que a los colombianos ya se nos olvidó cómo obtuvieron sus voticos del No? La mayor parte de sus argumentos no estaban dentro del Acuerdo, y por eso cuando ganaron no sabían ni qué pedir. ¿Decía el Acuerdo que iban a quitarles plata a los pensionados para darles a los guerrilleros? No, por ningún lado. Por eso se habló de “fraude al elector”. Si el plebiscito hubiera sido sobre los diez mandamientos, la campaña del No habría puesto una valla en Medellín diciendo que con el Sí estaríamos obligados a rezar cinco veces diarias, en cuclillas y mirando a La Meca. Una mentira. Por eso pretender que sus derechos fueron vulnerados es, francamente, inmoral. Un poco risible. Si queda algo de razón en el mundo, la historia no los absolverá. Y puede que ni siquiera la justicia.

 

 

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