Al instante

Un maestro de la fotografía y el momento adecuado

Diario El Tiempo, Bogotá

Carlos Caicedo, de los reporteros gráficos más importantes que ha tenido el país, falleció el lunes.Foto: Claudia Rubio / EL TIEMPO
Caicedo tuvo seis hijos con su gran amor, Blanca María Chacón, quien falleció hace dos meses. Estuvieron casados 65 años.
Con un sueldo de cuatro pesos se inició Carlos Caicedo Zambrano en la fotografía. Fue en 1940, cuando tenía 11 años. Pero no fue propiamente como fotógrafo, sino como “chino mandadero”, según contaba él, en el estudio Foto Schimmer, de propiedad de un alemán y a donde iban las familias bogotanas y parejas para que les tomaran fotos.

Allí atendía a quienes llegaban, aprendió a retocar negativos y a revelar fotos, y descubrió un gusto por el dibujo y la fotografía. Hasta que la segunda lo absorbió y se convirtió en su pasión.

IMAGEN-16095419-2También se hizo conocido por cubrir eventos deportivos, como los Juegos Panamericanos de 1971 en Cali, o la Vuelta a Colombia en bicicleta.
No en vano, Caicedo ha sido reconocido como uno de los fotógrafos estrella de EL TIEMPO, donde trabajó durante tres décadas y se ganó el título de ‘maestro’.

Allí conoció a Rafael Santos, Germán Castro Caycedo y varias generaciones de periodistas que pasaron por la redacción de este diario, cuando funcionaba en la avenida Jiménez con 7.ª y en la sede actual, en la calle 26 de Bogotá.

Falleció el lunes pasado, a los 85 años, en la clínica Méderi de la capital del país, debido a varias complicaciones médicas, le confirmó a EL TIEMPO uno de sus seis hijos, Felipe, quien le siguió los pasos como reportero gráfico y trabajó en este periódico: “Cuando era niño me llevaba al cuarto oscuro y me sentaba en una butaca para que le ayudara”, recuerda. (Lea aquí: Murió Carlos Caicedo, ícono de la reportería gráfica colombiana)

Su primera foto la tomó cuando un cliente le regaló una cámara Kodak que estaba dañada. Cogió cinta y cola, la arregló, y le puso un rollo de película. Se fue a Soacha, a visitar a su mamá, y fotografió a un campesino con unos bueyes.

Caicedo trabajó en El Siglo, El Espectador y Semana. Pero fue en EL TIEMPO donde se consagró como reportero gráfico.

IMAGEN-16095420-2
La imagen de una mujer que adoptaba perros callejeros y que al morir, en soledad, fue custodiada por sus únicos compañeros le valió un Premio Simón Bolívar, en 1976.
Era tanta su pasión por este oficio que se llevaba a su hijo Felipe a hacer trabajo de campo, bien fuera un partido de fútbol o una tragedia, como el derrumbe del 28 de junio de 1974, en Quebrada Blanca (Meta), donde murieron más de 300 personas.

Lo mismo hacía con Rafael Santos, a quien conoció cuando este tenía unos 10 años. Se lo llevaba al estudio de fotografía, en el cuarto piso del edificio de la Jiménez, donde a diario Caicedo revelaba las fotos. Años después, cuando Santos se convirtió en su jefe, cubrieron juntos tragedias como la del terremoto de Popayán, en 1983.

“Fuimos con él y Germán Santamaría a cubrir el terremoto, y nosotros mismos cargamos las ediciones del extra que salió esa vez (…) –recuerda Santos–. Era un personaje que producía respeto, un fotógrafo curtido, veterano”.

Aunque nació en Cáqueza (Cundinamarca), su vida la pasó en Bogotá. A la capital llegó a los seis meses porque sus padres, Oliverio Caicedo y Margarita Zambrano, tuvieron que huir de los enfrentamientos entre liberales y conservadores. Sin embargo, no pudieron escapar de la violencia, ya que Oliverio fue asesinado.

IMAGEN-16095421-2
Sus imágenes recuerdan, en ciertos casos, a las del gran fotógrafo francés Henri Cartier-Bresson.
Su mamá tuvo que ingeniárselas para sacar adelante a sus hijos, por lo que Caicedo tuvo que trabajar desde niño, y así siguió hasta cuando la edad y su salud se lo permitieron.

‘Caicedito’, como le decían en EL TIEMPO, “se ganó no solo el cariño sino el respeto de la redacción y de sus colegas, porque comenzó desde abajo, como reportero de la calle, hasta llegar a ser el editor de fotografía”, recuerda el periodista y columnista Luis Noé Ochoa. Y es que, como el mismo fotógrafo admitió, en el documental La mirada silenciosa, dirigido por Juan Carlos Delgado y realizado por el Fotomuseo, en un principio se limitaba a cumplir su trabajo, a ser el “chino mandadero”. Pero, a medida que conoció la fotografía, se enamoró de la reportería gráfica.

Y no solo ejerció como fotógrafo sino como profesor, en la Universidad Central, donde compartió su experiencia en cubrimientos de todo tipo, y también recibiendo a los aprendices de fotografía en EL TIEMPO: “Se dedicaba a enseñarles todo lo que sabía, sin egoísmo; los presentaba como sus hijos”, dice Ochoa.

Sus fotografías no son solamente registros históricos. Caicedo era experto en obturar en el momento justo y en generar composiciones que iban más allá de la fotografía informativa. Para Gilma Suárez, directora del Fotomuseo, “era el maestro de maestros. No solo porque les dio clase a los reporteros de hoy, sino porque desde EL TIEMPO marcaba la pauta de cómo hacer una fotografía al instante”.

“Era otro mundo”, dice el periodista José Clopatofsky, refiriéndose a cómo antes los reporteros gráficos cargaban con sus cámaras Rolleiflex y sus rollos de fotografía para luego enviarlos y que fueran revelados. Clopatofsky cubrió con él varios eventos deportivos, como la Vuelta a Colombia. “Caicedo se las sabía todas y tenía sabor de reportería. En esa época no había chance de repetir”, recuerda.

IMAGEN-16095435-2
Caicedo se subía a donde fuera con tal de obtener el ángulo deseado y los efectos de la luz que tanto valoraba. Esta foto fue tomada en la plaza de toros de Santamaría, en Bogotá.
Esa agilidad para obturar en el momento preciso y su ojo para anticipar lo que iba a pasar hicieron que cumpliera con las exigencias de sus jefes.

“Siempre les salía al paso y aguantaba los regaños con gran socarronería –dice Rafael Santos–. No se contentó tomando fotos para las noticias sino que quiso ir más allá, crear una fotografía que tuviera muchísimos ángulos. En eso fue un mago”.

El último homenaje

Este miércoles, a las 3:30 p. m., en la iglesia del Espíritu Santo (carrera 17 n.º 39A-55) de Bogotá, serán las exequias de Caicedo. Posteriormente, su cuerpo será enterrado en Jardines del Recuerdo (autopista Norte con calle 207, costado occidental).

Ir a la barra de herramientas