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Un bolero de 55 años

Por Oscar Domínguez Giraldo

Rodrigo Marín Bernal y Ana Cecilia Quiros de Bernal Foto youtube.com

El único triángulo amoroso que ha durado más que un desdén es el que protagonizaron durante años, Dios, la exreina del café de Costa Rica, Ana Cecilia Quirós y su esposo el fallecido excandidato, exministro y exsenador Rodrigo Marín Bernal.

En la vida de la tica Ana Cecilia, Nannie para su entorno, en el principio fue Dios, luego Manizales, y finalmente el edecán que le asignaron cuando vino a participar en el reinado internacional del café, en la “ciudad colgante” de Manizales de 1959 que estrenaba Miss Universo, Luz Marina Zuluaga.

El edecán de entonces era un tímido y prometedor muchacho, laureanista con pinta de seminarista virgen, de gafas redondas de poeta de malos versos, conversador sin presente y conservador con futuro que se iniciaba como tesorero de Manizales, una ciudad hecha contra la expresa voluntad de Dios, según especulación de poeta.

Marín era extraño al intríngulis de los reinados, pero encontró la horma de su zapato en las eróticas medidas de la beldad centroamericana hecha toda en casa, nada en el laboratorio, como todas sus colegas de entonces que ni se imaginaban las mentiras que “diría” el bisturí por la vía de la cirugía plástica. La dama era dueña, “acaso propietaria” de un perfil arrasador que hacía recordar a “Ceja de Lujo”, María Félix.

Ella tenía novio, Marín amaba a su dulcinea manizaleña. Unieron infidelidades, juntaron distintos credos religiosos y Cupido se encargó del resto.

En ese reinado del café de hace 55 años, la nada erótica Manizales era tan pequeña que pocón de oferta hotelera. La gente se “estrechaba” para alojar candidatas y turistas en sus casas. Se tienen confianza para ser buenos anfitriones los manizaleños.

El conjunto “La marimba de Guatemala” hizo las delicias del respetable. El mero macho del Miguel Aceves Mejía encantó con su mechón blanco y sus falsetes verdaderos, Pacho Galán estremeció con su merecumbé el aristocrático Club Manizales, cuna del blancaje local y “Los Chavales de Madrid” pusieron a bailar al proletariado en las casetas.

El único que bailaba a regañadientes era el escueto Marín Bernal, hecho más para el manzanillismo de la plaza pública que para azotar baldosa. La tica que le tocó en reparto bailaba por los dos.

Foto oscardominguezgiraldo.com

Foto oscardominguezgiraldo.com

A los 17 años, Ana Cecilia no podía salir sola a la calle. Por supuesto, tampoco podía viajar “íngrima-sola” a un país exótico que era la competencia del suyo en asuntos cafeteros. Entonces llegó vigilada por los cuatro severos ojos de su madre doña Victoria, su tía Elma Boswell, y chaperones del Instituto Costarricense del Café. Una modista afamada y su esposo completaban la delegación costarricense.

Nannie ignoraba que en Manizales se encontraría con otro matriarcado: el integrado por la madre de su edecán, una tía y seis hermanas que lo malcriaron hasta que la centroamericana le hizo ahorcar la soltería.

Una “vieja” del jurado, periodista, se llenó de celos y le negó su voto porque su esposo, fotógrafo de la revista Life, solo tenía ojos y flashes para la futura primera dama de Marín Bernal.

Al final, como premio seco, fue escogida la reina más fotogénica. También fue nombrada reina de turismo de Manizales.

En un reinado medio amañado, ganó la garota del Brasil, Denise Guimaraes Prado, una “receta de mujer” para decirlo con su paisano Vinicius de Moraes. Nannie no ganó pero pescó marido. Y se hizo a un segundo país, donde se quedó amando y sirviendo, sus gerundios preferidos.

El bolero que viven Nannie y Marín Bernal cumple medio siglo. “Parece que fue ayer…”.

 

Nannie habló sobre su vida y milagros:

NACIDA PARA SER REINA

“Yo tenía solamente 17 años cuando fui llamada a fungir como Reina del Café de Costa Rica.  Fue una designación de la Oficina del Café de Costa Rica.  No hubo concurso y se determinó mi nombre sin que yo tuviera ni idea de cuáles condiciones o atributos pretendían que reuniera su escogida. De café solamente sabía que era el producto de exportación de Costa Rica, que su tipo era el café suave, de gran renombre en el mercado.  De Colombia sabía que estaba obviamente en Sur América, que era mucho más grande que mi pequeño país,  y que sus esmeraldas eran de las más bellas y cotizadas del mundo.  Sabía que antes de la separación por el tema del Canal de Panamá, éramos países limítrofes y que teníamos familias enteras provenientes de Colombia cuyos apellidos se habían insertado en nuestra comunidad: De Bedout, Echavarría, Chavarría, De la Espriella, Amador. Obviamente, sabía de una mujer espectacular (Luz Marina Zuluaga) que había conseguido el título de Miss Universo.

Sabía también que habían tenido un dictador, lo cual para un país como Costa Rica de una tan larga tradición democrática, era un absoluto horror. Pero las razones políticas no me eran claras. Era obvio hasta  para las personas de mi edad (17 años)  aún no  muy interesadas en política internacional, que Colombia tenía pugnas políticas con un grupo guerrillero  y me era familiar el apelativo de “Sangre Negra”  para un personaje muy famoso  por aquellos años.  Había un término que siempre  asociaban con Colombia y que salía en los periódicos costarricenses: el “corte de chaleco” ( aquí le decían “corte de franela”). Lo destacaban como una tortura a la que dichos grupos sometían a sus víctimas, y, claro, era presentada como una forma increíble de barbarie.  Paradójicamente, era un país con una gran tradición de religiosidad, con un concordato que lo ataba con nudos fuertes al Vaticano, pero tenía una crisis social gigantesca.

Recuerdo que era obvia la apetencia con que los colombianos salían de su país a comprar cosas en el extranjero, porque los aranceles aquí eran muy altos y había muchos productos de lujo y domésticos que no se conseguían en Colombia.

MEJOR JUNTO AL CAFÉ

De la Colombia de hoy sé que las 12 tazas que me tomo al día me saben delicioso; que con orgullo digo que viví en la cultura cafetera durante 10 años; que tuve finca cafetera y sé coger café, sé qué es caturra, arábigo y qué es pasilla. Conozco todo el proceso de su lavado, secado y empacado.  Recorrí paso a paso la Granja de Chinchiná y Cenicafé.   Sé que al café hay que soquearlo, sé cuáles necesitan sombra y cuáles no.  Que desaparecieron árboles preciosos de los cultivos como la guama que daban sombra y ponían a los chiquillos a coger sus frutos.  Que el café convive con un árbol espectacular que se llama la guadua que vine a conocer en Caldas. Quedé enamorada de ella como especie y como materia prima para todo: construcción, conducción de aguas, muebles y artesanía.

Hoy, dolorosamente, por circunstancias por completo opuestas a las que  tenía dicho producto en 1959, los países productores se han empobrecido, las zonas cafeteras están apenas tratando de tomar un rumbo hacia una diversificación que mantenga el estatus de un desarrollo integral y educativo maravilloso que lograron en otros tiempos.  Esta es una etapa dolorosa socialmente. Miramos con esperanza a todos los paisas porque siempre fueron ejemplo de fortaleza y tesón.

Sé que el café no es un producto solamente, sino que fuu el producto generador de una gran cultura cafetera que comparten Centroamérica y buena parte de Sur América, y hoy África y Viet Nam.  Un producto realmente degustado en el mundo entero al que han tratado de endilgarle desde beneficios  medicinales hasta contraindicaciones.    Un producto que como muchos otros deja poco al minicultivador, un poco más a los latifundistas y bastante a los intermediarios.

De Colombia sé que más de la mitad de mi vida la he hecho en ella. La amo y amo todo lo que me ha dado: un esposo, familia, trabajo, pasión por su bienestar, porque me siento tan colombiana como costarricense. Dios me premió regalándome a Colombia y a sus conciudadanos para vivir una etapa maravillosa de mi vida, la madurez.

En Costa Rica tengo padre, madre, hijos y nieta.  Ellos siguen halando con correas afectivas indisolubles.

EL OFICIO DE SER BELLA

No gané yo el reinado y el público de ese año (1959) se enojó mucho.  Ganó Brasil.  Había sido escogida desde antes para ganar, sus condiciones eran distintas en edad y nivel educativo  al de las otras chicas.  Yo, sin embargo, me gané con el tiempo un esposo espectacular en el edecán que me tocó.  ¡Me fue mejor que a  ella!  En los reinados creo que tiene que haber un manejo de parámetros mínimos para que sea armonioso el concepto de belleza.  No se puede comparar una competencia estética con una competencia intelectual, aunque cada vez exigen más elementos de personalidad que ayudan y defienden a las jóvenes. En cuanto a la belleza femenina o la masculina, es algo tan subjetivo como el amor,  pero todos dentro de ciertos parámetros nos creemos una autoridad en lo uno y lo otro.

Los reinados creo que son unas actividades que se han canalizado hacia lo productivo, turístico y comercial.  Lo que me parece válido, solo que no hay que dejarse engañar, sobre todo las candidatas.  La ganadora no puede arreglar la comunidad ni el mundo, pero sí puede volverse un elemento grato y atractivo para generar actividades productivas para sí misma, o en beneficio de otros. Del reinado aprendí que la belleza abre las puertas de muchas partes, que cuanto más se madure y armonice la belleza interior con la exterior será más duradera, y que todas las edades tienen una forma de belleza muy propias. El rechazo a envejecer es para quienes basan su vida solamente en lo terrenal, en valores meramente físicos.  Quien envejece haciendo crecer su espíritu y sabe que su razón de ser es la vida, sabe que es el caminar inexorable hacia Dios, principio y final de todo.

HISTORIAS DEL BUEN DIOS

Foto colarte.com

Foto colarte.com

Nací de una madre con una gran formación espiritual, a ella le debemos todos sus hijos la riqueza de contar con Dios en nuestras vidas.  Todo lo que vivo en función de ese mundo maravilloso que Dios me ha dejado sentir, le da sentido a mi propia existencia.  No “manzanilleo” sino que pretendo que la gente sienta la felicidad de mi propia dimensión y quiera averiguar qué es lo que me hace tan feliz y realizada.

Desde el día que vi el Aeropuerto de Santa Águeda adonde llegué hace tantos años, supe que en este país debería vivir.  El de arriba tenía el plan perfecto y me puso un gran amor como gancho. ¿Qué tal?  Lo bueno es que sigo igual de enamorada del tipo y de Colombia.

La Manizales de 1959 era pequeñita, muy extraña, parecía una ciudad colgante.  Vibraba de alegría con su Luz Marina y la gente era – y es – muy cálida, sobretodo en ferias y con unos aguardienticos adentro.  Las personas eran muy elegantes y su clase dirigente muy selecta y excluyente. Hoy es más ciudad, embellecida, modernizada.  Menos rígida, más casual,  más democrática que en los años 59. Tiene una clase dirigente más popular, para bien o para mal, no sé. De Manizales mejoraría su sentido de justicia con los ciudadanos de su cuna que se han destacado, y la visión tan  provinciana que tienen de sí mismos siendo un grupo humano tan capaz.

 

MENAGE A TROIS MANIZALEÑO

Yo lo enamoré a él ( Rodrigo Marín Bernal). Me deslumbró porque era el primer hombre serio que se me acercó. El coqueteo fue mutuo, el amor de él más profundo pero más prudente. Con él descubrí que había políticos serios, comprometidos, dignos, inteligentes y honorables.  Lo malo fue cuando conocí a muchos que no eran como él y descubrí que son los más. Además de las virtudes anteriores (Rodrigo) es responsable, afectuoso, generoso en extremo, digno y fiel. Muy desordenado por culpa de  una mamá, una tía y seis hermanas que lo atendían

Hemos sido felices. MUCHO. Lo que nosotros vivimos es un triángulo perfecto: hombre, mujer y Dios para sostenernos cuando fallamos.

Ahora me dedico a gozar del tiempo y de mi espacio mental para hacer lo que quiero. Soy organizadora de un Festival de Teatro para que los niños y jóvenes enseñen valores a través de las artes escénicas.  El Festival se llama CONQUISTANDO CON TALENTOS.  El primer evento reunió 30 grupos durante tres días. Realizo muchas otras actividades afines al tema.

Soy, además, miembro activo de mi comunidad religiosa y participo en muchas formas con y para ellos, como una manera de darle gracias a Dios y a Colombia por lo que me han regalado”. (Publicado en Eje XXI de Manizales)

 

 

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