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Tola y Maruja aprenden a quemar libros con Alejandro Ordóñeze

Por Tola y Maruja, diario El Espectador, Bogotá

Tola y Maruja en El Espectador

 

Ellas contestan:

Sempiternas damas,

Soy una lectora voraz de todo, y cuando digo todo, es todo. Amo los libros, los manoseo, los huelo, los beso… Y quedé patidifusa con lo que dijo el aspirante presidencial Ordóñez: que volvería a quemar libros porque es un acto pedagógico… ¿Me pueden explicar, doctas abuelas, qué tiene de enseñanza incendiar un libro?

Atentamente,

Ágatha Cristo

No son Tola y Maruja, son otras señoras.
Imagen caliescribe.com

Querida inoficiosa,

Por su letra vemos que hace de todo con los libros, menos leerlos. Casualmente esta semana estuvimos en el seminario “Aprenda a quemar libros”, que dita el dotor Ordóñeze en su propia residencia.

Su reverencia, como pide que lo tratemos don Ordóñeze, vive en la falda del cerro Monserrate, en una caverna divina, duples, de las que daba gratis el presidente Lauriano, alma gemela.

El seminario principió muy pedagógico porque a la dentrada uno se sacudía los tacones en un tapete hecho con las obras completas de Gabo, y el papel del escusao eran hojas del Kamasutra.

Monseñor Ordóñeze hizo una introdución muy didática donde mostró cuáles libros son alimento espiritual, como por ejemplo la Urbanidá de Carreño y el Catecismo del Padre Astete, y cuáles otros merecen ser devoraos por las llamas.

Entonces cogió un libro titulao La cabaña del tío Tom y le prendió candela, y mientras el rancho ardía, Ordóñeze contó que le gustaba quemar libros desde chiquito y que empezó con la cartilla Coquito, donde encontró frases incestuosas del calibre “Mi mamá me ama, amo a mi mamá”.

En bachillerato quemó el Álgebra de Baldor porque en la portada salía un árabe, un infiel, raza tan problemática que inventaron los problemas matemáticos con tal de jodele la vida a los estudiantes católicos.

Los más duros de quemar son los diccionarios —dijo Ordóñeze, agarrando un Pequeño Larús—. Primero hay que volverlos trizas para que prendan fácil. ¿Y por qué los dicionarios? —preguntó Tola—. ¿No son pues inocentes?

Ay, misiá Tola… —sonrió Ordóñeze, luciendo sus colmillos vampirudos— es más inocente Andrés Felipe. Vea la definición que trae este mamotreto de la palabra gay: “Hombre homosexual”… Así, en seco, sin agregar anormal, enfermo, degenerado, cacorro…

Don Alejo —alzó la mano Tola—, ¿se vale quemar audiolibros? Por supuesto, contestó Ordóñeze mostrando el libro que seguía pa quemar: Sentencias del Consejo de Estado, al que le prendió fuego por las cuatro puntas.

Muy pedagógico el dotor Ordóñeze, nos puso a descoger un libro pa nosotras mismas quemar. Tola cogió uno viejo, que arden mejor porque están engrasaos, titulao El origen de las especies, y yo le eché mano a la Divina comedia, que prendió de una, como si trajera el infierno adentro.

Cuando estaba lista la fogata pa danos gusto quemando enciclopedias, último punto del seminario, apareció Tola con una revista SoHo, pero Ordóñeze se la arrebató y le dijo: No, señora, no me descomplete la colección.

En resumidas cuentas, querida, sí hay pedagogía en la quema de libros: los niños aprenden que cuando un libro no les simpatice, aun sin habelo abierto, lo pueden quemar… Pues, menos los libros de materias del colegio… Claro que el de Civismo también sirve pal fogón.

Tus tías que te quieren,

Tola y Maruja

Posdata: Quizque Ordóñeze tiene planiao quemar los libros de contabilidá de su campaña.

Ñapa: Cuando le piden a Donal Tron que respete la Primera Enmienda, contesta: ¡Coma enmienda!

Payola: Carlos Mario Gallego, Mico, es “Drácula, el vampiro que da risa”… Una comedia que enamora al primer mordisco. Octubre 26, 27 y 31, Casateatro El Poblado, Medellín: 3211100.

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