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SUBIENDO LA FALDA

Por Eduardo Carvajal

“Cuando las letras fluyen, el volcán se enciende, las laderas se estremecen y las palabras toman ritmo”

Desde el cerro de Monserrate.  A Roger Araújo no sé cuándo lo conocí, pero en la percepción fue un amigo de toda la vida, tuvimos ratos de bohemia, con guaro y cigarrillos, con mentes abiertas recreándonos mientras creábamos en el espacio unas cuantas empresas, poemas y crónicas, hablábamos de los muertos como si estuviesen a nuestro lado y reíamos

Roger me divertía mucho en medio de su frase favorita ‘Eche no joda’, mientras se rascaba las pelotas por encima del pantalón, en una actitud de absoluto desparpajo hacia la vida.

De mis primeras charlas largas, recuerdo con énfasis una que tuvimos en el desaparecido Hotel Aristi de Cali a comienzos de los 80’s con motivo del Mundial de Baloncesto, en medio de la cálida noche vallecaucana, sacó un papel arrugado y un esfero a punto de morir por falta de tinta, lo batió, logró la hazaña de hacerlo trabajar y me empezó a hacer cuentas sobre la plata que ganaba un empresario y porque nuestros sueldos eran escasos ante los millones que escribía en el viejo papel.

Su voz era un manojo de dulces tonos soltados al aire, como los pétalos de rosas cuando sus hojas surcan el ambiente, por eso fue bien llamado ‘El Cañón del Caribe’. Aún recuerdo la ocasión cuando Henry Jiménez amplió el remoquete por el de ‘El Cañón del Caribe, del Pacifico y de los siete mares’, entonces parafraseaba su ‘Eche no joda’ y se sumergía en intensos relatos.

En Cali, Barranquilla o Bogotá, me lo encontraba y siempre tenía una historia para contar, la más reciente en la pasada eliminatoria cuando un aguacero obligó al aplazamiento parcial de un partido de Colombia, creo que contra Ecuador, y mientras, nos entretuvo al lado de Cheo Feliciano y Gloria Ortega, contando historias de risas, muchas risas.

Roger Araújo y sus colegas narradores y comentaristas deportivos de Colombia

Roger Araújo y sus colegas narradores y comentaristas deportivos de Colombia

En alguna ocasión se lanzó como candidato al Concejo de Bogotá, le encontré en plena campaña cerca del estadio El Campin y le indague sobre su bandera para llegar al edilato, entonces muy serio me dijo – mi frase de campaña es ‘o votas por mi o te meto la monda’ soltó severa carcajada y se despidió, con ese slogan a los pocos meses salió derrotado en su intento político.

Roger no era Roger, era Rogelio Araújo Ensuncho, pero si algo le disgustaba era que le dijeran por el nombre propio, por eso todos le llamábamos mejor Roger, para no verlo ofuscado.

Le encantaba fumar Marlboro como a mí y ese gusto nos unía, nunca hice cuentas sobre cuantos puchos fumamos, pero fueron muchos…

Mientras me alistaba anoche para ver desde mi lecho de enfermo el partido entre Santa Fe y Estudiantes de La Plata me llegó el mensaje de Gerardo Santamaría, entonces supongo que me estoy quedando sólo.

Se fueron Ortíz Alvear, Marco Antonio Bustos, ‘el flaco’ Aristizabal, Toño Ibañez, Olaya Terán, bueno, y unos cuantos más…

Adiós al amigo, adiós a las noches de bohemia, adiós al personaje que a los 72 años, luego de ver campeón a Pambelé, a su querido Junior de Barranquilla, a la selección nacional de fútbol con las hazañas a punta de botinazos, o que nos alegró desde Alemania en el 74 en una Copa Mundo, hoy en medio del frío féretro sólo espera que se abra una puerta, como la de los estadios, sólo que ésta la maneja San Pedro.

Una conjetura de Simplicio: “Se nos van los amigos, se ausentan los pensamientos, se silencian las gargantas y, ¿nosotros cuándo?”.

Dios Os Ilumine el Camino

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