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Solo contra el mundo: Vendedor de la cosa pública

Por Rodrigo Pareja

lafm.com

El título de la conocida película protagonizada por el actor William Holden le viene de perillas al ministro de hacienda, Mauricio Cárdenas Santamaría, con el agravante de que su papel actual no es el de héroe cinematográfico sino el de villano consumado.

Solitario en su desaforada obsesión por vender a Isagen, no importa que tras ella se vayan la regulación, la seguridad energética y la soberanía del país, está enfrentado al resto de organizaciones y colombianos sensatos, quienes antes de romper la alcancía para comprar chucherías, prefieren mantener los ahorros y dejarlos a salvo de la voracidad de negociantes nacionales e internacionales.

Está tan desesperado el ministro Cárdenas por dilapidar a Isagen y todo lo que esta ejemplar entidad significa para el país, que se parece más bien al asalariado acorralado por las deudas que no vacila en entregarse al nefasto “gota a gota” con tal de sanear, así sea momentáneamente, sus penurias.

Está tan despistado el alcabalero funcionario que hasta se ha atrevido a señalar que cuenta con el camino despejado para proceder a la negociación, sin tener en consideración – por ignorancia o por mala fe—que hay en curso nueve demandas interpuestas contra la venta de Isagen, las cuales no han sido resueltas, y cuya definición puede tardar todavía mucho tiempo.

En su inexplicable afán motivado por quien sabe cuales intereses, Cárdenas Santamaría está dispuesto a entregar a negociantes internacionales uno de los bienes más productivos de la nación, a cambio de conseguir unos dólares más que le permitan al gobierno enjugar su cuantioso déficit.

Solución transitoria que le dará un respiro momentáneo, como la que proporciona el “gota a gota” al trabajador acorralado por las deudas, al exorbitante costo de dejar de recibir en los próximos años un ingreso anual de casi medio billón de pesos por concepto de utilidades.

A las gentes del común señor Ministro, por más estudiado y sabio que usted sea, no le cabe en la cabeza que una empresa que acaba de invertir cuatro billones y medio de pesos en Hidrosogamoso, sólo valga para usted un billón de pesos más.

Tampoco entiende que una entidad como Isagen, que además de generar energía produce unas entradas diarias de quince mil millones de pesos, vaya a ser regalada, así no más, a la voracidad extrajera, sin explorar otras alternativas para obtener la plata que necesita el Estado, entre ellas el desmonte de los generosos regalos que los dos gobiernos uribistas concedieron dizque para atraer la inversión extranjera.

Lo de los quince mil millones de pesos diarios es un cálculo a mano alzada, pues en lo que va del 2015 Hidrosogamoso ha generado ingresos aproximados de casi seis mil millones diarios y Amoyá $9.700 millones en total, sin tener en cuenta lo que producen San Carlos, Jaguas, Calderas, La Miel y Termocentro, sus otras centrales.

En su loco afán por vender, no ha tenido el ministro Cárdenas la gentileza de explicarle a los colombianos cómo va a hacer el gobierno para reemplazar los más de $300 mil millones de pesos que por concepto de utilidades recibe anualmente de Isagen, lo que en plata blanca, de insistir en la negociación, constituiría un detrimento patrimonial.

Antes pensaba el funcionario convertir los recursos provenientes de Isagen en pura tierra, en el estricto sentido de la palabra, pues dizque los iba a dedicar a construir carreteras; hora ni siquiera eso, pues se trataría de tapar el hueco fiscal, de acuerdo con lo último que se ha sabido sobre el tema.

La mejor definición del pésimo negocio que resultará para el país la terca posición ministerial, la sintetizó la senadora Sofía Gaviria, cuando afirmó que “para mercar no es necesario vender la casa”.

Cárdenas Santamaría, quien in péctore aspira a la Presidencia de la República en el 2018, arranca su eventual campaña con una muy buena bandera: la entrega de la regulación y la seguridad energética y la soberanía del país a los pulpos extranjeros, además de la puñalada matrera que le propinó a los pensionados. Qué buen comienzo.

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