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Se les dijo, se les advirtió

Por Mauricio Vargas, Diario El Tiempo, Bogotá

Imagen static.america.retail.com

Ni el Niño ni los accidentes: la culpa es de la imprevisión de la Creg y del Minminas.

Quienes tenemos más de 50 años recordamos al humorista uruguayo Hébert Castro, quien inmortalizó en Caracol Radio al personaje que no atendía consejos: “Se le dijo, se le advirtió, se le recomendó…”, decía y luego narraba una lastimosa secuencia de desastres que arruinaba al imprudente. De no haber muerto en el 2012, Castro les habría dicho lo mismo al presidente Juan Manuel Santos y al defenestrado ministro de Minas, Tomás González, a propósito de la crisis eléctrica que tiene al país al borde de un apagón.

No soy experto en estos asuntos, pero décadas como reportero me enseñaron a hablar con los que saben. A fines de octubre, consulté a media docena de expertos de las empresas de energía y del Gobierno. Y el primer domingo de noviembre publiqué en este espacio la columna ‘No culpen al Niño’ (verla en eltiempo.com). En ella advertía que, en opinión de esas fuentes, “para marzo resultará imposible sostener el sistema eléctrico sin un racionamiento”.

Pocas horas después de publicada la columna, González descartó el riesgo de apagón, mientras hacía un tímido llamado a ahorrar energía en el alumbrado navideño. Hace apenas 12 días aún sostenía, terco: “No tenemos previstos cortes ni racionamientos ni mucho menos apagones”. Y eso cuando los conocedores –a quienes sigo consultando– ya recomiendan un racionamiento programado en las horas pico.

Creo que el Ministro seguiría ahí si no fuera porque el lunes la Procuraduría le abrió investigación formal por los inexplicables contratos por más de 6.000 millones de pesos de Connecta, la empresa de su familia, con el Fondopaz (gran repartidor de ‘mermelada’) y el Ministerio de Educación (otro generoso contratante de firmas cercanas al Gobierno).

En la columna de noviembre expliqué que el Niño no era el culpable, sino la paquidérmica lentitud de la Comisión de Regulación de Energía y Gas (Creg) y del Ministerio de Minas en decisiones críticas que, adoptadas a tiempo, habrían resuelto problemas como el de suministro de gas.

Vinieron luego los insucesos en Guatapé y Termoflores, que redujeron más la generación. Como lo había hecho con el Niño, el Ministro culpó a esas crisis. La verdad es que el Niño estaba cantado y accidentes como los de Guatapé y Termoflores son aquellos para los que el sistema eléctrico debe estar preparado. Mejor dicho: para eso están las térmicas, cuyo montaje fue financiado gracias al cargo de confiabilidad que por años hemos pagado.

Si la Creg y el Minminas hubieran tomado a tiempo las decisiones sobre gas, habría más gasoductos y más térmicas, y estaría operando el puerto de regasificación para importar gas, cuya aprobación demoró más de dos años. Las térmicas estarían produciendo más energía, más barata y más limpia que la que hoy producen a punta del costoso y contaminante diésel.

No culpen al Niño, como escribí en noviembre (No culpen al Niño), ni a los accidentes ocurridos. La culpa es de la indolente imprevisión de quienes tenían la responsabilidad de tomar decisiones que no tomaron. El Ministro se fue, pero ahí siguen los señores de la Creg, como si el asunto no fuera con ellos. Al menos el Senado ya pidió sus cabezas. Mientras tanto, los apagones se dispararon: pregunten en los departamentos del Caribe, en Santander o en los barrios de Bogotá que se quedaron sin luz este jueves a la hora del concierto de los Rolling Stones.

El Gobierno, que sigue aplazando un racionamiento programado mientras el sistema eléctrico camina por la cornisa, debe saber que una cosa es aplazar la reforma tributaria para que no se cruce con el plebiscito y otra muy distinta, aplazar el apagón nacional que puede sobrevenir de manera intempestiva y desastrosa, algo que ojalá no ocurra.

 

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