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Se las están viendo

Por Rodrigo Pareja

(colombia.com)

Entre las cosas intangibles que pueden medirse — o por lo menos eso sostienen los entendidos –está el coeficiente intelectual del ser humano, mediante una serie de planteamientos, probabilidades y preguntas que tienden a confundir.

Hay otras como la paciencia, el dolor, la indignación, el aguante o la indignidad, sobre las cuales no es mucho lo que se haya explicado sobre cómo medirlas y establecer hasta qué grado las tienen o carecen de ella naciones, hombres comunes y gobernantes.

Viene al caso el asunto porque en Colombia se menciona el tema desde hace más de dos años, es decir desde que comenzaron en La Habana una conversaciones entre el gobierno y la guerrilla, de las cuales hasta el momento, para ser franco, es más lo que se desconoce que lo que se sabe.

En estos dos largos y estériles años, repletos de declaraciones y literatura — más de parte de la subversión que del Estado – se ha mencionado en forma repetida por voceros gubernamentales, líderes políticos, dirigentes empresariales y por el común de los ciudadanos, que a Colombia se le está agotando la paciencia.

Esto se dice y se repite con cada torre de energía volada que deja sin el vital servicio a miles de habitantes, mientras más pobres y necesitados mucho mejor, según la guerrilla; se vuelve a decir con los asesinatos de policías y soldados cometidos un día sí y otro también; con cada tracto mula incendiada o con cada “paro armado” que decidan “decretar”.

Y ni para qué señalar el dolor, la rabia, la indignación y la disminución de esa paciencia del pueblo colombiano en los últimos días, cuando las Farc han perpetrado el que puede considerarse el mayor desastre ecológico en la historia del país: El derrame intencional de miles de barriles de petróleo en algo que constituye no solo un acto demencial sino que implica un daño irreparable del cual tardará el país diez o quince años para reponerse.

Con toda razón el ex presidente Uribe definió tal hecho como “un holocausto ecológico”.

Para seguir hablando del tema hay que citar la declaración de Luis Carlos Villegas, a partir del próximo lunes nuevo Ministro de la Defensa, quien ha dicho, en cortas pero dicientes palabras, que “la paciencia tiene un fin que está medido en la opinión pública colombiana. Los que están involucrados en esta nueva ofensiva terrorista deben saber medir esa paciencia colombiana”.

Es una pregunta sin respuesta pero vale la pena formularla: De uno a cien en cuánto estaba la paciencia de Colombia y de sus ciudadanos al comenzar el interminable bla bla bla de La Habana ? En ese imaginario indicador, cuánto pierde la paciencia de Colombia y de sus ciudadanos cada que vuelan una torre? Cuánto baja por el asesinato de un policía o un soldado ? Y cuándo el hecho se convierte en masacre la rebaja en el indicador es más sensible ?

No puede ser que después de lo del Putumayo y los continuos asesinatos que ahora incluyen hasta veteranos oficiales, esa paciencia siga teniendo el mismo valor y permita el reiterado estribillo de que “se está agotando”.

El indicador de la paciencia se desconoce y nadie va a responder por él, pero en cambio los números que muestran las encuestas en contra del Presidente y de todo lo que tiene que ver con lo que pasa en La Habana, son reales y cada día peores.

Antioquia y muchas otras regiones colombianas tienen dentro de su interesante y rico acervo cultural, una serie de dichos, refranes o frases para describir algunas situaciones, sobre todo aquellas en las que uno de los personajes abusa en forma descarada de otro.

Con todo el respeto que merece el primer mandatario de los colombianos, pero también con la misma franqueza que millones de colombianos emplean a veces para describir una situación injusta contra alguien, hay que decir con toda claridad que las Farc se las están viendo a Santos o éste se las está dejando ver.

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