Al instante

Se están tirando la democracia directa

Por Octavio Quintero, Director Grupo Editorial El Satélite

Germán Vargas inició la recolección de firmas para postular su candidatura presidencial. Foto static.iris.net.co
Los dirigentes políticos se tiraron los partidos políticos convirtiéndolos en empresas electorales al servicio de sus particulares ambiciones, antes que en instituciones sociales al servicio de los intereses generales…
Y ahora los tiran a la basura como trapos viejos para echarle mano a los movimientos impulsados por firmas, invadiendo la órbita de la democracia directa que la constitución le entregó a la ciudadanía para, precisamente, desmarcarse de esos dirigentes adueñados de los partidos políticos: ¿no ve que así, sí?
Se las saben todas, y las que no, se las inventan.
Lo que viene ocurriendo es que no solo se camuflan en esos movimientos ciudadanos en donde todo el mundo firma, casi por novelería callejera, sino que evaden las normas electorales en cuanto al lanzamiento de campañas que no pueden despegar sino tres meses antes de las respectivas elecciones nacionales o regionales.
En la recolección de firmas, ¿quién duda que se abre anticipadamente una campaña política? Por ejemplo: “Mejor, Vargas Lleras”, es la consigna acompañada de toda la parafernalia publicitaria que se ha emprendido en torno al exvicepresidente.
Y en las mismas andan todos los demás candidatos que intentan avalarse por firmas: Fajardo, Petro, Clara y Ordoñez, de momento; recorriendo el país en plena campaña política camuflada…
Y, pónganle la firma que cuando se abran oficialmente las campañas esos partidos, de los que hoy parecen desmarcarse, llegan como adherentes a sus movimientos por firmas: ¿o quién duda que Cambio Radical terminará con Vargas Lleras y los Verdes con Fajardo?
Entonces habrá quedado perfecta la trampa: los sabiondos dirigentes políticos se habrán ganado unos cuantos meses de proselitismo bajo la sombrilla de los movimientos populares, concebidos precisamente para ampliar la oferta política a los electores.
Cabría preguntar, de otro lado, ¿de dónde sale la financiación para la recolección de firmas que el candidato o el movimiento tiene que emprender, porque eso no es gratis?
Según la norma establecida en la ley 996/05, para inscribir candidatos a la Presidencia los grupos significativos de ciudadanos deben reunir un número de firmas válidas equivalentes al 3% del número total de los votos válidos depositados por los ciudadanos en la anterior elección presidencial. Es decir, actualmente, 460.242 firmas, si se tiene en cuenta que en la elección del 2014 se registraron 15’341.383 votos válidos para Presidente.
Ahora, según investigadores reconocidos, el costo de recoger firmas por la calle se estima entre 3 y 4 mil pesos cada uno. Tómese el promedio de 3.500 pesos y multiplíquese por el mínimo de firmas requeridas (460.242) y eso le daría un saldo de casi 1.611 millones de pesos… Pero como hay que prever que algunas firmas serán rechazadas, ¿a cuántas habría que tirarle para que quedaran las necesarias?
Dos ejemplos: 1.- El movimiento de consulta popular contra la corrupción impulsado por la senadora Claudia López, logró recoger 4’330.000 firmas. Haciendo las cuentas, esa tarea debió haber costado unos 15.000 millones de pesos. Digamos que el carisma de la senadora López y la temática de su consulta nacional (contra la corrupción) le permitió reducir ostensiblemente los costos, pongamos unos 1.000 pesos por firma, nos daría, de todas maneras un costo de 4.330 millones de pesos: ¿De dónde salieron? ¿Quiénes los aportaron?
Estas cuentas financieras de los movimientos populares debieran tener algún control por parte del Consejo Electoral… Y lo mismo puede decirse de todos los candidatos que se lancen por firmas. Por ejemplo, el propósito anunciado por el movimiento de Vargas Lleras es recoger al menos 4 millones de firmas: ¿Cuánto valen? ¿Quiénes hacen los aportes y qué esperan sacar de su colaboración? Porque, como dicen los gringos, no hay almuerzo gratis.
Pero esta parte financiera que es bien importante, no es más si se compara con el daño político que los dirigentes claramente partidistas le están haciendo a los movimientos y grupos significativos de ciudadanos invadiéndoles su espacio político. También debiera reglamentarse esa parte en el sentido de que solo pudieran aspirar a candidaturas uninominales por firmas los líderes que no pertenezcan a ningún partido o movimiento político con personería jurídica reconocida, o que hayan renunciado anticipadamente a ellos; y también, que un ciudadano no pueda avalar con su firma a más de un candidato presidencial. Si en algún instante la misma cédula aparece respaldando a más de uno, anular el número de todas las planillas porque de lo contrario eso se convierte en una alcahuetería, si no es que ya es.
 De lo contrario, el espacio político que se pensó abrirle al voto de opinión de gente cansada, desencantada y asqueada de los partidos y de las conductas de sus dirigentes políticos, quedará anulado a la vuelta de las próximas elecciones del 2018.
Fin de folio. Dentro de poco, todo el mundo le sacará el cuerpo a los recolectores de firmas por la calle, como se le saca el cuerpo a la invasión de impulsadores comerciales que nos acosan por todas partes.
Email this to someoneTweet about this on TwitterShare on Google+Share on LinkedInShare on FacebookPrint this page