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Rodrigo Lara y la Guajira

Por Jorge Eduardo Espinosa, Diario El Espectador, Bogotá

El ex gobernador de la Guajira Jorge Ballesteros, el gobernador Char del Atlántico , Oneida Pinto la gobernadora destituida y el líder de Cambio Radical, Rodrigo Lara. Todos en campaña. Foto pulzo.com

En mayo de 2015 el político de Cambio Radical Rodrigo Lara estaba avergonzado.

Sentía que su partido, el de Vargas Lleras, cometía un crimen imperdonable dando el aval a la Gobernación de La Guajira a Oneida Pinto, tan cercana al “mafioso Kiko Gómez” (las comillas son de Lara, que así lo dijo). “Es un ultraje que piensen en darle el aval”, sentenció indignado. Tan avergonzado estaba que esa semana repitió, con libreto en mano, la misma declaración en las distinas emisoras de la mañana. Lara quería, en un arranque de decencia, que el país entendiera que él se oponía con todas sus fuerzas a la candidatura de Pinto.

Tal vez por eso, porque a veces cometemos el ingenuo pecado de creer en los políticos, sorprendió el repentino cambio de opinión de Lara sobre la candidata Oneida. Su aval pasó de ser un ultraje, una verguenza, a la solución que La Guajira tanto había esperado: “Invito a votar por Oneida, por una mujer, significa el cambio, significa la unidad guajira, que toda La Guajira, de manera fervorosa, apasionada, sincera y cariñosa, la está apoyando”. Horas después, cuando en las salas de redacción las risas indignadas y los insultos dieron paso a las preguntas, Lara, ya sin verguenza ninguna, contestó que cambió de posición sobre Oneida porque se había “dejado llevar por una espiral mediática pero si tuviera que reconocer y pedir disculpas por eso entonces lo haría, pero en este caso no me refería directamente a ella”.

Un circo. Pero sobre todo, la escena perfecta de nuestra desgracia. En mayo, cuando Lara se avergonzaba de su partido por considerar a Oneida como posible candidata, seguramente no había hecho cuentas de los voticos, que para nuestros políticos son como monedas de oro, que Pinto podía darle a su partido. La decencia termina cuando aparece la arismética. La conversación es más o menos así: ¿es decente la candidata? – No. – ¿Pero y tiene votos? – Sí, muchos. – Ah no, esa es la que “significa el cambio, la unidad guajira…”. La señora Pinto, claro, fue elegida con el apoyo de Vargas Lleras y sus muchachos. Y ahora, meses después, cuando el Consejo de Estado tumba su elección por una inhabilidad y hay que repetir unas costosas elecciones, uno se pregunta quién responde, quién asume la responsabilidad, quién paga.

Por supuesto no será el doctor Rodrigo Lara, cuyo único argumento para defender a la indefendible Oneida Pinto es señalar crímenes ajenos, decir que como otros han sido criminales y no han pagado por ello, entonces no pueden reclamarle ningún tipo de responsabilidad. Esta semana en entrevista a RCN Radio, Lara, cuestionado por el aval de Pinto, contestó que sí, que una lástima la decisión del Consejo de Estado, y que ella había encontrado una gobernación saqueada. Pareció olvidar en la respuesta que fue el también candidato de Cambio Radical Kiko Gómez, al que la fiscalía pide condenar a 50 años por homicidio, el que dejó la gobernación en esas condiciones. En otras palabras: la culpa fue y es de Cambio Radical. Y de todos aquellos que toman decisiones en ese partido.

Tendrá La Guajira primero y Colombia después, cuando Vargas Lleras sea candidato a la presidencia, la ocasión de hacer lo que permite la democracia: castigar a los partidos y a los políticos que, vez tras vez, se han robado un departamento que muere de inanición. Que así sea.

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