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Reconocimiento verbal

Por Carlos Alberto Ospina M.

Imagen elsoldenayarit.mx

 

La falta de capacidad de espanto y la ausencia de memoria colectiva, arrastran a la sociedad colombiana a una especie de oscurantismo cultural y político. El dolor es de otros y la indiferencia es generalizada. Cada uno habla como quien es, en defensa del aparente progresismo y con arreglo a la libertad doctrinaria.

 

No dárseles nada, a varios personajes, pelar el cobre, destrozar la reserva del sumario, escupir bilis, traficar votos, calumniar e injuriar; al parecer, siguiendo el manual adverso de una ciencia infusa que, de sobrenatural, solo cuenta con el fenómeno del pensamiento desmoralizador y maléfico.

 

No hay debate cuerdo ni nivel intelectual regulado que allane el terreno del honor y la preparación de las ideas. Cada quien escarba en el lodo ajeno sin oler la boñiga en el propio. Las fariseas manos limpias y la campaña retórica de “libros blancos” están llenos de polillas e investigaciones sin resolución judicial o medida disciplinaria. La fiesta, la disfrutan, aquellos que lanzan la piedra y esconden la mano. Esos nuevos apóstoles de la verdad que se ocultan detrás de la bellaca sotana de un supuesto proyecto renovador e incluyente. El error táctico de los políticos salidos de tono, los héroes medievales revestidos de cuero de oveja y la manada de lobos cebados, consiste en que se quedaron pensando de la misma forma; mientras tanto, el bando armado extremista continuó con la estrategia de desestabilizar las zonas marginadas y en conflicto. En aquellos lugares, donde el abandono del gobierno propicia la concreción de diferentes formas de paraestado, la norma común es “dejen hacer, dejen pasar”.

 

Cuando alguien justifica el proceder intransigente, intuimos que algo pasa en el entorno y en su alma. Sin paz interior, cada disparate sale de adentro a manera de amenaza, insulto, grito histérico, burla y menosprecio. ¡Qué espectáculo más decadente y ultrajante brinda, a diario, la descastada clase política! Aquí, radica la artimaña. Poner a hablar a la gente sobre tópicos y lugares comunes con la intención de orientar la opinión e instaurar la comedia burlesca que degrada el dolor; al tiempo que, encubre, la tragedia cotidiana de nuestro país. Cortinas de humo en los cuatro puntos cardenales para esconder la verdad amarga.

 

La naturaleza macondiana de nuestro pueblo, elabora mecanismos de defensa con el fin de incrustar ciertos simbolismos, crear acepciones y dar diferentes representaciones a los epítetos, por ejemplo, a la definición de político:

 

  1. Adjetivo perteneciente o relativo al hijo bastardo.
  2. Cualidad perteneciente o relativa a la doctrina de la corrupción.
  3. Calificativo perteneciente o relativo a la frivolidad e indiferencia social.
  4. Dícese del padre, cuñado desempleado, delfín y demás parientes que se benefician del detrimento patrimonial del Estado.
  5. Afinidad con el arte de la trampa, la compra de votos, el cartel de la toga, el pupitrazo limpio, el trasfuguismo y la sucesión en el trono.
  6. Expresión poco usada, afín con la honradez y la justicia.
  7. Directriz que rige la actuación, untada de mermelada, por parte de distintos grupos significativos de ciudadanos, minorías étnicas, organizaciones sociales, colectivos y partidos.
  8. Orientación narcotraficante, paramilitar y vandálica con representación popular, voz y voto.
  9. Actividad periodística y vocero oficial del gobierno de turno.
  10. Doctrina concerniente a la organización que no dice la verdad, ni repara a las víctimas. Actividad proselitista, al margen de la ley, sin rendición de cuentas ni cárcel a los responsables, en relación con los crímenes de lesa humanidad.
  11. Falto de inteligencia, característica propia de la persona imbécil.

 

El realismo mágico interpreta el fondo perdido, caricaturesco y nocivo. El debate electoral debería sacar lo mejor de las personas, verbigracia, la humildad y la nobleza de acción. Por el contrario, nos vemos obligados a presenciar el drama nauseabundo de garroteras, mentiras, maltratos y desmedidas ambiciones personales. A fin de cuentas, el país, les quedó grande a las múltiples definiciones de individuo político.

 

Nota pie de página – Enfoque crítico. “Ojo por ojo, diente por diente”. Cada vez es más común observar la ley del talión aplicada en varias regiones del país. Esa treta habla de justicia retributiva, cuando en verdad, encierra torcidas formas de venganza y un aparente “desahogo” de la paranoia colectiva. El lamentable espectáculo que ofrecen las distintas campañas electorales y el Congreso de la República, siguen ese mismo tinte de castigo y retaliación.

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