Al instante

OTRAPARTE: Recalentamiento cerebral

Po Oscar Domínguez Giraldo, Diario El Tiempo, Bogotá

Imagen sci-sedar

Se ve venir el día en que podamos comprar en la farmacia pastillas para borrar archivos. Estamos hasta la coronilla de datos. Padecemos recalentamiento cerebral.

El nuestro se convirtió en un mundo tomado por las noticias. Apenas queda tiempo para estornudar. Se esfuma la alegría de leer. Padecemos la angustia de no leer los libros que nos esperan. Risueño, el celular impone su capricho.

Los estudiosos dicen que nuestras mentes son como la memoria de un computador y que el disco duro está lleno de basura. Esa sobrecarga de información afecta nuestra calidad de vida. Hay que reducirla a sus justas proporciones. Estamos en el umbral de la anorexia informática. Ven, no tardes tanto.

Antes solo había que recordar la fecha de nacimiento, el teléfono, la dirección de la casa, el primer trauma para que los siquiatras tengan por dónde empezar, el último asombro. La modernidad exige memorizarlo todo. Los dígitos colonizaron la memoria.

Padecemos la angustia de no leer los libros que nos esperan. Risueño, el celular impone su capricho.

Los dietistas, que borran con el codo lo que su colega escribió con la mano, pontifican sobre cómo adelgazar. Woody Allen, antes de ingresar al inameno sanedrín de los violadores, sugería tener cuidado al enflaquecer. Y proponía conservar los kilos donde está la inteligencia.

Reducir la información será el equivalente a perder peso. El truco para que la gente trabaje a toda mecha y con eficiencia es reducir tanta información, aseguran los Perogrullos digitales. ¿Quién le pondrá el cascabel al gato?

Los que llegamos a la edad en la que el hombre propone y Alzheimer dispone añoramos esas futuras visitas al médico en las que el paciente podrá exigirle que borre tanto blablablá acumulado. Y que pase la factura.

Que borre promesas y literatura epistolar de campaña, posverdades, trinos alegando quién está más cerca del botón nuclear, si el diminuto gordito de Corea del Norte o su descomunal clon gringo. Dios los creó y el insólito motilado los niveló.

Habría que exigir que nos dejen intacta la nostalgia, esa reencarnación al revés que nos permite conservar el pasado. A muchos creadores les quitan la nostalgia y se van de bruces. Manos fuera de ella.

Greta Garbo acertó cuando dijo que para ser felices hay que tener buena salud y mala memoria. La divina sueca pediría hoy buena salud y que las pepas para desaparecer archivos inútiles sean facilitadas hasta por el Sisbén.

ÓSCAR DOMÍNGUEZ GIRALDO
– www.oscardominguezgiraldo.com

Don Luisnoé, salud. Le cuento que fui Luis Noe Ochoa por un tiempo parece que corto. Estoy seguro de que fue a sus samperistas espaldas. Le cuento: Cuando esta mañana me metí a la página de internet de El Tiempo aparecía mi ladrillo sobre el calentamiento cerebral con la foto de su santandereana señoría. Alguien se movió en la sombra, a lo mejor el roquero aficionado a  Gun and Rosas, perdón, Roses,  y nos devolvió a su señoría y a mi, a nuestra propias identidades. Aleluya. Iba a escribirle anotándole que a  mi también me robaron la identidad los malandros de Córdoba, pero no fue necesario. En otra ocasión, en La Patria de Manizales, me confundieron con Óscar Iván Zuluaga y no perecí en el cambio y cambeo. Mi abuela Ana Rosa, que vivió la miajita de 101 y 18 hijos y 4 novedades, no me bajaba de Pacheco y para mi padre, liberal oficialista toda la vida, yo era  Serpa. Alguien me dijo que me parecia a Pizarro Leóngómez, excolumnista de El Tiempo.

Le comparto el correo de “rectificación” que en su momento le envié al director de La Patria. Con mi cordial saludo, #mitoodominguez

Señor Director, salud.

Tengo “algunas” razones para creer que no soy Oscar Iván Zuluaga, como aparece en la foto que acompaña mi columna de hoy en La Patria.

Físicamente, no creo correr con el inri del rostro del hombre que me “suplantó”, a sus espaldas, como autor de la columna mencionada. Yo tengo entradas en la cabeza (calvicie), él salidas del cráneo. Los dos tenemos cara de montañeros muy bien administradas, él caldense, yo antioqueño. Somos de los mismos con las mismas: caldenses, antioqueños, quindianos y risaraldense hablamos igual, comemos de lo mismo, creemos en el mismo Dios. Nos diferenciamos en los equipos de fútbol.

Uno tiene la cara que puede, no la que quiere. Y la que yo quisiera, no es precisamente la del doctor Óscar Iván. Mi supuesto clon, el doctor Zuluaga, no tiene que dejarse crecer el bigote para diluir una nariz quevediana, pluscuamperfecta, como la que me tocó en reparto. Yo le soy fiel a mis anteojos, de la misma forma como él comulga con ruedas de molino uribista.

Cuando empezaba a crecer, quería ser grande para parecerme a Tony Curtis, Tyronne Power, Errol Flynn o el monito Alan Ladd. Fracasé en el intento  y me he tenido que bandear con esta cara de retrato hablado (o de NN) que Dios en su extraña bondad me deparó. Pero tampoco me quejo, qué carajo.

Señor Director:  “Apenas” me llamo Óscar Augusto Domínguez Giraldo, hijo de Luis en Genoveva, de Santa Bárbara y Montebello, respectivamente. O sea que no soy godito de Pensilvania, la misma tierra de Zuluaga y del poderoso consejero Alfonso Hoyos.

Soy dizque liberal de Montebello, Antioquia, como algunos de los Valencia Cossio, siempre tan bien colocados. (No es por darme coba pero me considero liberal en la acepción romántica que acoge el diccionario, no en el significado colombiano).

Si el doctor Óscar Iván está listo para acceder a la nómina, yo no tengo ninguna posibilidad, entre otras, porque no despotriqué del dueño de “El Ubérrimo” durante la campaña, para después subirme al potro del poder (y no lo digo por mi tocayo, sino por otros políticos ventajosos). A mis años sigo virgen de cargos burocráticos.

Al contrario del doctor Óscar Iván, uribista grado triple a, yo “tampoco” voté ni volví a hacerlo por el padre de Tom y Jerrry, como les dicen a los Delfines Tomás y Jerónimo Uribe Moreno.

No soy “Delfín” del hombre de los diminutivos, como sí lo es el doctor Óscar Iván, según María Jimena Duzán, en su libro “Así gobierna Uribe”.

Mucho me gustaría arrimarme al banco a cobrar la jugosa mensualidad de mi tocayo. Me toca alegrarme con la congrua pensión de jubilación por haber trabajado, trabajado y trabajado como reportero de la llanura.

Si mi tocayo le habla al oído a Uribe, yo prefiero hacerlo a  la oreja de mi confesor, el padre agustino recoleto, Alejandro Castaño, obispo de Cartago, para confesarle mis lapsus contra los diversos mandamientos. (El pecado es lo que hace al hombre interesante, decía el filósofo Fernando González. Y San Agustín le pedía a Dios que lo hiciera casto… pero no todavía).

Yo nunca he rendido ponencias sobre reformas laborales que despojaron a la proletaria clase de viejas conquistas como los dominicales triples, los recargos nocturnos, las horas extras y yerbas afines. Ese honor, enterito, se lo dejo al doctor Óscar Iván.

No soy ni venial de Juan Manuel Santos, ideólogo de cabecera del senador Zuluaga, por delegación del presidente paisa.

Dios y la patria me exoneraron de ser uno de los ponentes de la reelección, otro activo en el pasivo del doctor Óscar Iván, por lo cual aspira a  ser reelegido también con su gurú (Uribe).

No es la primera vez que me confuden. Mi abuela Ana Rosa, me decía Pacheco, porque me le parecía al fallecido hombre de tv. Mi padre veía en mí una réplica al carbón de Horacio Serpa Uribe. No falta quien me confunda con Hernando Pizarro, hermano de Carlos, el del M19 asesinado.

Mis colegas ajedrecistas dicen que soy “vaciao” a otro fallecido personaje: Carlos Cuartas, de los mejores ajedrecistas que ha producido la tierra colombiana.

Volviendo al principio, director, sugiero aclarar que  Óscar Iván es él y su circunstancia, yo soy yo y la mía. Oscar Domínguez G.

 

Acerca de Revista Corrientes (896 artículos)
Revista Corrientes es un propósito periodístico respetando los puntos de vista y la libertad de opinión de quienes aporten sus colaboraciones, análisis,artículos y columnas para su publicación. También se publican todos los comentarios respetuosos por desacuerdos con los contenidos de las colaboraciones publicadas.
Contacto: Sitio web
Ir a la barra de herramientas