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Quisquillas del idioma

Por Efraim Osorio (La Patria, Manizales)

periodistadigital.com

La carta de la duquesa a Teresa Panza, la mujer de Sancho, empieza de esta guisa: “Amiga Teresa: Las buenas partes de la bondad y del ingenio de vuestro marido Sancho, me movieron y obligaron a pedir a mi marido, el duque, le diese un gobierno de una ínsula de muchas que tiene” (II-L). Está, pues, equivocado el autor del crucigrama de El Tiempo del 23 de marzo de 2015 con la guía de la primera horizontal: “Ínsula cuyo gobierno encomendó don Quijote a Sancho Panza”, cuya respuesta es ‘Barataria’*, llamada así “o ya porque el lugar se llamaba “Baratario” o ya por el barato con que se le había dado el gobierno” (II-XLV). Es cierto que don Quijote sí le había prometido a su escudero una ínsula, incluso, fue una de las primeras promesas que le hizo cuando estaba tratando de convencerlo de que lo acompañase en sus aventuras: “Decíale entre otras cosas don Quijote que se dispusiese a ir con él de buena gana, porque tal vez le podía suceder aventura que ganase, en quítame allí esas pajas, alguna ínsula, y le dejase a él por gobernador de ella” (I-VII). Esto ya lo sabían los duques -posiblemente don Carlos de Borja y doña María de Aragón, Duques de Villahermosa, según don Juan Antonio Pellicer-, pues ya habían leído la primera parte de la inmortal obra, publicada en 1605. Le pregunta la duquesa a Sancho: “Decidme, hermano escudero, ¿este vuestro señor no es uno de quien anda impresa una historia que se llama del Ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, que tiene por señora de su alma a una tal Dulcinea del Toboso?” (II-XXX). Durante la estadía de los aventureros en la mansión de los duques, que ocupa veintisiete capítulos (del XXX al LVII), y en los cuales fue protagonista Sancho Panza, fueron víctimas de muchas chanzas maquinadas por los duques, las más sobresalientes, además del gobierno de la ínsula, fueron la del caballo de madera Clavileño, la de la dueña Dolorida y la de la penitencia que debía cumplir Sancho para desencantar a Dulcinea. *Nota: ‘Barato’: “Antiguamente, fraude o engaño; lo que en las casas de juego se da a los sirvientes o a los mirones, sea del plato o del montón común, sea de las ganancias. Cervantes debió emplearlo con el primer significado, al atribuir el motivo de dar a Sancho a entender que el lugar en que se iba a presentar la farsa de su gobierno se llamaba la Ínsula Barataria, al barato con que se le había dado el gobierno” (Diego Clemencín).
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En apuntaciones anteriores me referí a la importancia que tienen las preposiciones para la sintaxis y claridad del lenguaje. El presbítero Luis Felipe Gómez Restrepo, no sé por qué, omitió dos, indispensables en el siguiente texto: “En este sentido la historia no es algo que debemos escaparnos, sino enfrentar” (LA PATRIA, 29/3/2015). Así redactada, esta oración es ininteligible. Se puede entender de esta manera: “En este sentido, la historia no es algo de lo que debemos escaparnos, sino algo que debemos enfrentar”, o “a lo que debemos enfrentarnos”. Quien escribe debe buscar siempre la manera correcta de redactar.
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Un muy despierto lector se pregunta si en la siguiente oración, y en otra parecida, el columnista Jorge Enrique Pava Quiceno incurrió en ‘dequeísmo’: “…después de haber tratado infructuosamente de que las autoridades se dignaran abrir una investigación…” (LA PATRIA, Jorge Enrique Pava Quiceno, 27/3/2015). En ninguna de las dos, señor. Esto es que el verbo ‘tratar’, como transitivo, significa “manejar algo y usarlo materialmente”, por ejemplo, “hay que tratar las materias explosivas con sumo cuidado”; como intransitivo, con la preposición ‘de’, quiere decir “esforzarse por conseguir algún fin, intentar realizar algo”, significado que tiene en las oraciones del columnista. En construcciones similares, el verbo debe enunciarse así: ‘tratar de’, preposición que no hace desaparecer la partícula ‘que’, aunque a algunos, por la terronera que le tienen, les suene a dequeísmo

Taller del idioma, Ejercicio V
Abel Méndez (Diario del Otún, Pereira)
EJERCICIO V. Seguimos adelante con la construcción de los femeninos correctos, solicitados por lectores de otras partes que leen la columna en internet. Sugiero a los que llegaron tarde y no han leído algunos de los artículos que me lo soliciten por correo electrónico que gustoso les enviaré los que les falten. Este tratamiento lo empezamos en forma el segundo martes de marzo. Prometí para hoy hablar de los grados militares iniciados la semana pasada. «Caba» es un femenino que tiene dificultad para entrar por la existencia y significado de su homófona «cava», pero con voluntad se puede iniciar pues no tiene dificultad morfológica para ello. El Diccionario sólo permite «la cabo».
Para la «sargenta» también el Diccionario sólo permite «la sargento», pero esta palabra tiene menos impedimento porque en femenino existen dos acepciones que se aplican a mujeres: «sargenta» puede ser ‘religiosa de la Orden de Santiago’ o ‘mujer del sargento’; por estos dos significados el uso como femenino correcto es fácil. La «soldada» es una palabra que existe con los significados de ´salario del soldado’ y ‘haberes del soldado’; el Diccionario no permite este uso, pero no es difícil introducir el introducirlo. «Capitana» y «tenienta» son aceptadas por el Diccionario, aunque permite también la forma masculina. Las mayoras, coronelas y generalas sólo existen en el Diccionario como esposas de los respectivos militares, sin embargo, dado que existen las palabras en femenino no hay dificultad para introducir esos femeninos.

Un argumento que expongo con frecuencia es el de la jurisprudencia gramatical: lo que sirve en unas circunstancias puede existir en otras similares. Esto se aplica a que si hay «capitanas» y «tenientas», ¿Por qué no las demás?. Tengamos en cuenta que la Virgen María es generala en Argentina y en Bolivia, no «general». Esto continúa.

ARSENAL Y MILÁN. La segunda parte de la pregunta de mi amigo Ángel Jaír Vargas Calderón tiene que ver con la forma como los periodistas se refieren a los equipos Arsenal de Inglaterra y Milán de Italia pues lo pronuncian «Ársenal» y «Milan» respectivamente. En este caso los periodistas tienen dos opciones: una es nombrarlos en español como «Arsenal» y «Milán», ambas palabras agudas, o nombrarlos por sus respectivos nombres en sus idiomas con las acentuaciones y entonaciones que les son propias. Los nombres son Arsenal Football Club y Asociazione Calcio Milan, en el cual la palabra «Milan» no está ni en español ni en italiano (Milano), sino en dialecto milanés. Es censurable, sin embargo, que los periodistas cuando hablan de equipos italianos se refieren a ellos como «la Roma», «la Juventus». Eso radica en que en italiano «equipo» se dice «squadra» y es de género femenino.
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