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Quisquillas de alguna importancia: Un refrán

Por Efraim Osorio López eolo1056@yahoo.com

Imagen cientotizie.pe

Un refrán, ciento un-ciento una, doquier, envestir-embestir

 

“Vengan más quijotadas, embista don Quijote y hable Sancho Panza, Que con eso nos contentamos”.

 

Hay un antiquísimo refrán que dice así: “Aquellos polvos traen estos lodos”, enunciado también de esta manera: “De aquellos polvos vienen estos lodos”. Con él se expresa que los padecimientos que ahora se sufren son el efecto de errores pasados. En una de sus caricaturas –no hay necesidad de decir contra quien– Matador lo expresa de este modo: “De aquellos barros, estos lodos” (El Tiempo, 27/2/2018). Por descontado, ignoro cuál fue la intención del caricaturista con la enunciación a todas luces equivocada del refrán, pues los dos términos, ‘barro’ y ‘lodo’, son en un noventa y nueve por ciento sinónimos, ya que su definición es la siguiente: “Tierra mezclada con agua, especialmente la que resulta de las lluvias”. De todas maneras, parodia o caricatura del refrán, la enunciación descarrilada de Matador desvirtúa de todo en todo su significado, por lo que no cumple con su insidioso propósito. ***

 

Bogotana, me parece, una fábrica de colchones llamada ‘Boxisleep’, que por estos días comercializa su producto en algunos programas de televisión. Una de las frases de su propaganda, leída pausadamente y con muy buena articulación, digna de ser imitada por todos aquellos que se dirigen a sus paisanos, es ésta: “Lo pruebas durante ciento un noches”. El error de concordancia es clarísimo, porque el número cardinal ‘uno’ es un adjetivo que concuerda en género con el sustantivo que cuantifica, así: ‘un hombre’, ‘una mujer’. Por lo tanto, cuando se une a otros números, como ‘ciento’, exige el género femenino si el sustantivo es femenino. Es el caso de la susodicha publicidad, en la que, castizamente, debe decirse ‘ciento una noches’. Lo que me sorprende es que no haya sido corregido el error, disonante y de mal gusto. ***

 

‘Doquier’ y ‘doquiera’ son adverbios de lugar que significan ‘dondequiera’, y se usan especialmente en la locución ‘por doquier’ y ‘por doquiera’. Por su naturaleza de adverbios, no pueden, como norma general, anteponerse a ningún nombre, determinándolo, calificándolo, cuantificándolo o señalándolo, oficios de los adjetivos pertinentes. Para la Voz del lector, el señor Víctor Corcoba Herrero escribió: “…la soberbia que nos invade y gobierna por doquier rincón del planetario” (LA PATRIA, 1/3/2018). En esta frase están por demás las tres última palabras. O debió escribir sencillamente “por cualquier rincón del planeta”, mejor que del ‘planetario’, ya que éste término, como sustantivo, es “un aparato que representa los planetas del sistema solar y reproduce los movimientos respectivos” y, como adjetivo, “califica todo lo relacionado con los planetas”. La precisión en el empleo de los términos en la oración contribuye a su justa comprensión. ***

 

El castellano tiene dos verbos, ‘embestir’ y ‘envestir’ (‘investir’ – “conferir una dignidad o cargo importante”), que, con significados muy diferentes, tienen prácticamente el mismo origen, pues lo expertos dicen que ‘embestir’ probablemente viene del verbo latino ‘investire’ (‘vestir, revestir, rodear’), e ‘investir’, del mismo verbo latino, de ‘in’ y ‘vestire’ (‘cubrir con un vestido, vestir’). Muy extraño el origen atribuido a ‘embestir’ (según Corominas, del s. XVI*), ya que su significado es ‘atacar con violencia’, que nada tiene que ver con la acepción latina de ‘investire’. Traigo esto a colación, porque en uno de sus artículos, el doctor Flavio Restrepo echó mano de ‘embestir’ quizás cuatro veces, pero una sola con la ortografía correcta. Tres muestras: “…para no ser envestidos por esa aplanadora multipartidista…”; “…votantes, para que vayan a ellos, los embistan…”; “Para arriesgarse a ser envestido” (LA PATRIA, 1/3/2018). De éstas, acertada, solamente la segunda. *Nota: Cervantes empleó el verbo ‘embestir’ tal vez un par de veces en su obra maestra: “…vimos cerca de nosotros un bajel redondo, que con todas las velas tendidas, llevando un poco a orza el timón, delante de nosotros atravesaba, y esto, tan cerca, que nos fue forzoso amainar para no embestirle…” (I, XLI), y: “Vengan más quijotadas, embista don Quijote y hable Sancho Panza, Que con eso nos contentamos” (II-IV).

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