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Por sus odios los conoceréis

Por Omar Rincón, Diario El Tiempo, Bogotá

Imagen elcolombiano.com

 

El rey de la ley mediática invita a matar como solución legal y democrática.

 

Los villanos están de moda. En las series de televisión de HBO y Netflix, los héroes son los villanos. En las series de Colombia se celebra a Popeye. En el periodismo nacional, si mientes, odias y matoneas, serás tendencia. Y los ciudadanos nos comportamos como fanáticos de los odios. El mundo al revés. Las últimas semanas nos pusieron en evidencia periodística y política.

El rey del matoneo, acusa y mancha el nombre de un periodista-caricaturista con una acusación de “violador”. Y lo dice sabiendo que él es impune a la verdad y la justicia y no le pasa nada porque, para él, la ley no existe. Y lo esparce porque sabe que basta con manchar el buen nombre del otro, ya el acusado quedará signado con ese delito por siempre (no importa que luego rectifique: pecar y confesar es el amoral católico). Y lo hace porque sabe que tiene fieles que comulgan en su religión de odio. Y lo puede hacer porque el periodismo y los medios lo “vocean” sin filtros: le permiten mentir en público.

La reina de las noticias fue matoneada por un grupo de una red social. Ella dice que ponen en peligro su vida y que estos desadaptados son un riesgo para la sociedad. Se convierte este en un caso de acoso y justicia.

El rey de la ley mediática invita a matar como solución legal y democrática.

La regla parece ser que si “matoneas a los otros, también debes aceptar que te matoneen”. En el caso de la reina del periodismo, ella tiene el derecho de agredir, pero los demás no. En el caso del rey del matoneo, lo hace porque así lleva al olvido de sus “pecados” democráticos (corrupción, atentar contra los derechos humanos, discriminación del otro, atentar contra la seguridad pública…) y que se concentren en la “vida íntima” de las personas. El rey de la ley se convierte en farándula.

¿Qué hace el periodismo? Se indigna y se rasga las vestiduras pero saborea como carroña el escándalo porque da clics, likes y trendings. Por eso, reproduce y amplifica las mentiras y el odio.
Un periodismo prisionero de los reyes del matoneo lleva a que los odiadores, los matoneadores de dignidades y los sinvergüenzas se conviertan en personajes públicos. Hay que recordar que el matoneo, el odio y manchar el buen nombre está mal, atenta contra la libertad de expresión y disminuye la calidad de la democracia.

La única solución que queda es hacer periodismo con rigor: invisibilizar a los odiadores y vengativos, informar cuidando la dignidad y el lenguaje, verificar la verdad antes de emitir.
Estos señores del odio y la mentira exigen más que nunca el buen periodismo: el rigor de la diversidad de fuentes, el dato, el contexto, el criterio. No basta con que los medios se “escandalicen” ante la barbarie. No informar de eso sería lo mejor. Hay que prevenir el escarnio público basado en el odio y la mentira.

 

 

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