Al instante

¿Por quién doblan las campanas?

Por Octavio Quintero Editorial/El Satélite

Los resultados de la consulta liberal Composición kienyke.com

“Ninguna persona es una isla; la muerte de cualquiera me afecta, porque me encuentro unido a toda la humanidad; por eso, nunca preguntes por quién doblan las campanas; doblan por ti.”: John Donne

Duro le están dando al Partido Liberal a raíz de la consulta interna del pasado domingo 19 de noviembre  en que resultó elegido el estadista Humberto de la Calle como candidato presidencial a las elecciones del año entrante, por la lánguida participación de la gente, que tan solo alcanzó al 2,12% del potencial electoral total de Colombia.
En desarrollo de ese certamen la Registraduría Nacional se gastó 40.000 millones de pesos, y se dice, por ejemplo, que con esa misma plata se hubieran podido financiar al menos 1.000 casas gratis de 40 millones de pesos cada una, en estratos populares, a familias de bajos recursos.
No se puede pasar la página de esta consulta interna del liberalismo sin hacer algunas reflexiones sobre el particular, y sin dejar de reconocerle a ese partido que al menos tuvo el valor civil de someter a sus aspirantes al escrutinio de la opinión pública, lo que, de alguna manera, nos refleja el estado de salud de la democracia participativa en Colombia.
En las primeras cifras que están divulgando los medios de comunicación hay una falacia que se debe denunciar, no en defensa del candidato liberal, sino en defensa de la precisión informativa… Decir que la consulta interna solo alcanzó el 2,12% de participación electoral, y tomar este resultado como garrote partidista, sería políticamente correcto si asumiéramos el imposible de que todos los mayores de 18 años en Colombia con derecho a votar (35’091.924 el día de la consulta, según la Registraduría), fueran liberales.
¿Cuántos liberales activos hay en Colombia? Esa es la primera ecuación que se debe resolver. Por ejemplo, en las elecciones de Congreso en el 2014, que son las que marcan la pauta partidista, el liberalismo alcanzó una votación de 1’724.151, según la Registraduría. Entonces, si ese es el cien por ciento de su último potencial partidista, los 690.435 votos válidos que se registraron el 19 de noviembre, vienen a ser el 40,04%, y ese es el verdadero resultado porcentual de la consulta partidista del liberalismo en que salió elegido el candidato De la Calle, con 365.558 votos, es decir, el 52,94% del potencial electoral del Partido Liberal.
Esta primera precisión daría para más reflexiones: por ejemplo, ¿qué nos estaría demostrando esta consulta interna liberal si hubieran participado todos sus potenciales aspirantes como los senadores Juan Manuel Galán y Vivian Morales que se retiraron a última hora? Pero dejemos este tema en punta para continuar con el enfoque central de este editorial.
Preguntémonos enseguida ¿por qué desistieron a última hora el Centro Democrático y Cambio Radical que habían anunciado intenciones de acudir a consultas internas el mismo 19 de noviembre para elegir a sus candidatos presidenciales? ¿Y por qué no existe una norma general que obligue a todos los partidos y movimientos políticos a acudir el mismo día a consultas internas para elegir sus candidatos presidenciales? Es que en democracia no se pueden dejar las reglas del juego al arbitrio de los participantes.
Así haya sido tan pobre el resultado de la consulta interna del Partido Liberal, resulta  de lejos más democrático el candidato Humberto de la Calle que el que finalmente “diga Uribe”, por ejemplo; y resulta más democrático que 690.435 ciudadanos hayan podido elegir su candidato, que los 1.500 que participaron en la encuesta diseñada por la Alianza Verde y adelantada por el Centro Nacional de Consultoría a mediados de septiembre en que resultó triunfadora la senadora Claudia López. Y la misma comparación vale en todos los casos en que el candidato salga de una decisión interna de las directivas de un partido o movimiento político, versus una consulta interna abierta en la que pueden participar todos los ciudadanos habilitados políticamente.
A los analistas que andan arrancándole el pellejo al Partido Liberal, y de retro al candidato Humberto de la Calle, debe advertírseles que lo que hemos obtenido este domingo 19 de noviembre es la foto de agonía de la democracia colombiana y, con ella, la desfiguración de los partidos políticos –no solo del liberalismo—como organizaciones de masa popular: ¡Eso es lo grave!
No hay democracia sin partidos políticos, y si los partidos políticos agonizan en Colombia, entonces, lo que estamos asistiendo es al entierro de la democracia; y estamos ad portas de esta tragedia social, que nos está llevando paulatinamente a una salida heroica, porque no basta con hacer un buen diagnóstico del enfermo si luego no se le aplican los remedios correctamente.
Desde la constitución del 91 estamos dando pasos hacia la democracia participativa, pero unos pasos lentos y pesados, como los que da un caminante que no quiere llegar a parte alguna. Mírese que ha pasado con las revocatorias de mandatos populares, que ninguna ha tenido éxito porque el mecanismo de elección no se corresponde con el mecanismo de la revocatoria. En la política colombiana las cosas no se deshacen como se hacen. Y miren qué pasa con las consultas internas: que las hacen unos y otros no, y eso no es democrático. Y ni miremos qué pasa con las elecciones en general: que las gana el de más empuje económico que no el de más calado popular.
La democracia está enferma, y sabemos de qué se está muriendo; y sabemos que solo una constituyente la puede remediar, pero la llave de esta constituyente está en manos de quienes se están aprovechando de estos últimos estertores democráticos sin importarles que la salida heroica porque, como dice el docto vulgo “no hay mal que dure 100 años ni cuerpo que lo resista”, finalmente aparecerá esa salida y, ojalá, no vayamos a quedar parado en la cabeza.
Fin de folio.- (…) “-Ya apunta la claridad… Ya verás como se muestra propicia y mágica nuestra madre, la Casualidad. Y en la encrucijada umbría de la suerte impenetrable, la Mísera, la implacable, se reía, se reía…”: La musa del arroyo/Emilio Carrere

 

 

Email this to someoneTweet about this on TwitterShare on Google+Share on LinkedInShare on FacebookPrint this page