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¿Por qué mataron a El Pirulí si era tan buen bolerista?

Por Guillermo Romero Salamanca

Víctor Yturbe, cantante mexicano. Foto ytimg.com

Han pasado 30 años y el crimen del famoso bolerista Víctor Yturbe está sin aclarar. Es más, las versiones aumentan, pero el silencio de las autoridades policíacas de México es permanente.

La noticia se dio a conocer la misma noche de los hechos del 29 de noviembre de 1987. Y entonces, miles de mujeres en México, Estados Unidos, Centro América, Colombia, Venezuela, Perú y Ecuador soltaron un profundo suspiro por el vocalista del detalle, la elegancia de voz, la mirada conquistadora y la tesitura media que las hacía temblar de emoción.

El Pirulí”
Foto archivo particular GRS

“Mi segundo amor”, “Verónica”, “Miénteme”, “Señora”, “tres regalos”, “Felicidad”, “Te pido y te ruego”, “Sabrás que no me quieres” y una espléndida lista de temas acompañada de un trío de cuerdas comenzaron a sonar en emisoras mexicanas y en equipos de sonidos de centenares de casas.

¿Cómo podía ser posible que el hombre que enamoraba cantando con su estilo aquella melodía que dice: “Yo sé que en los mil besos que te he dado en la boca se me fue el corazón; Y dicen que es pecado querer como te quiero, quizás tengan razón…” estuviera muerto?

Era para no creerlo. Con la versión que hiciera del magistral tema de Julio Jaramillo: “Ódiame por piedad yo te lo pido, ódiame sin medida ni clemencia, odio quiero más que indiferencia, porque el rencor hiere menos que el olvido”, las jovencillas blanqueaban los ojos.

Seis  meses atrás había cumplido 51 años. Había nacido el 8 de mayo de 1936 en Ciudad Valles, México. Su nombre completo era Víctor Manuel de Anda Iturbe.

Antes de dedicarse al canto, el bolerista de suave voz, se rebuscaba la vida como payaso acuático y un día en una de sus piruetas se cayó al agua, con el grave problema que no sabía nadar. Al verlo en esa desesperación por aferrarse a un esquí, el locutor que animaba la fiesta dijo: “Este tipo, se parece a un pirulí”. Hacía referencia a un dulce mexicano de varios colores.

A la gran Verónica Castro le dedicó una canción que llevaba su nombre. Su video donde le musita a la encantadora actriz palabras como: “Quiero, tus ojos mirar, quiero tu boca besar. Verónica, extraño tu voz cuando no estás junto a mí”. “Verónica, extraño tu voz cuando no estás junta a mí. Verónica, te quiero decir que te extraño tanto que no puedo más que te quiero tanto, amor”.

Su versión de “Miénteme” del maestro Armando Domínguez Borrás fue sencillamente magistral. La había hecho el Trio Los Diamantes y la fascinante Olga Guillot, pero El Pirulí le quedó perfecta. Además, muchos hombres llevaban el tema en serenatas y las cantaban cuando estaban desengañados.

El Pirulí parecía desbaratar su voz cantando: “Voy viviendo ya de tus mentiras, sé que tu cariño no, no es sincero. Sé que mientes al besar y mientes al decir te quiero, me conformo porque sé, que pago mi maldad de ayer”. Y después de tomar un aire seguía con su despecho: “Siempre fui llevado por la mala, es por eso que, que te quiero tanto. Más irás a mi vivir la dicha con tu amor fingido, miénteme una eternidad que, que me hace tu maldad, feliz”.

No lo podían creer sus fanáticas y después terminaba su canción, mientras se ajustaba el negro corbatín y lanzaba una mirada al profundo de las almas de sus seguidoras: “Y qué más da, la vida es una mentira, miénteme más, que me hace tu maldad feliz”.

Ese era el secreto de El Pirulí: cantarle al corazón de los enamorados. Por eso unos lo querían y otros lo odiaban.

EL MISTERIO DE LA TRAGEDIA

Victor Yturbe
Foto archivo particular GRS

La noche fatal de “el pirulí” estaba descansando en su casa en Atizapán, Estado de México. Sonó el timbre y él corrió hacia la puerta, porque pensaba que era su hija que había salido y no se había llevado las llaves. Tan pronto abrió, tres hombres le dispararon y le propinaron seis balazos. Todos de muerte. Cuando llegaron los sabuesos de la investigación se dieron cuenta que la escena del crimen había sido trocada e incluso el tapete estaba limpio.

Después se encontró un sillón ensangrentado de la sala de la casa del Pirulí en el río Moritas. Los medios se atrevieron a decir que su esposa Irma le había disparado. Situación que nunca se comprobó.

Otra versión decía que todo había sido por cuestiones pasionales por un novio celoso, otra aseguraba que era por un ajuste de cuentas por las deudas que tenía el vocalista y una más sostenía que era por unos posibles nexos con el crimen organizado. Un año después el caso se cerró por la poca colaboración de la familia del “Pirulí” para esclarecer la muerte del famoso bolerista que enamoró a miles de mujeres con su voz.

Los medios de comunicación mexicanos se preguntan qué habría ocurrido aquella noche, pero sostienen que si aún no se sabe cómo se perdió el hijo de Charles Lindbergh, más fácil sería averiguar por qué mataron a Víctor si era tan buen bolerista.

 

 

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