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¿Por qué Bogotá queda tan lejos de Colombia?

Por Alvaro Ramírez González

Los encuentros de La Habana Foto infobae.com

Leyendo a los columnistas, exministros y encopetados personajes en los periódicos capitalinos, me pregunto yo, ¿por qué Bogotá queda tanto, pero tan lejos de Colombia?

Todos, en sus mullidos sillones y rodeados de comodidades y altos ingresos han caído en la trampa del ajedrecista Santos sobre La Paz. ¿Cómo es posible oponerse a la paz? ¿A quién se le ocurre ponerle obstáculos a la paz? ¿Quién puede ser tan insensato que se oponga a los diálogos de la Habana? ¿Cómo pensar siquiera que esa paz no traerá progreso y tranquilidad al país?

Y entonces estos encopetados y privilegiados rolos, metidos en la mitad de todas las roscas, se revuelcan en argumentos capitalinos y muy pero muy distantes de la realidad. Pero lo jodido es que en el país, la gente vive es en la realidad. Ellos viven de la fantasía: que las comodidades, los clubes, las cenas elegantes y todas esas frivolidades artificiales; su visión esta empañada por la distancia, la comodidad y los lujos.

Pero esa no es Colombia. Los dos bloques más poderosos y violentos de las Farc nunca han apoyado el proceso de paz. Me refiero al bloque Sur al mando de alias El Paisa, que opera en Chocó, Cauca, Nariño, Putumayo, Caquetá, Huila y Tolima. También al bloque Oriental que opera en Meta, Casanare, Boyacá y Arauca; están fuera del proceso.

Las preguntas son: ¿con cuáles Farc I está haciendo los arreglos Santos? ¿Qué va a hacer después de firmar y le hagan metástasis por todo el país las otras Farc que no firmaron? Si está incompleta, impune y destemplada paz le va a costar a Colombia, al menos $140 billones que no tenemos, ¿con qué recursos vamos a enfrentar a las Farc II y a las demás Bacrim? Mientras las Fuerzas Militares, desarmadas e impotentes de Colombia y los encopetados y bien pagos columnistas a distancia, muestran un país en paz, la realidad es que la guerra se derrama y hace metástasis por todo el territorio nacional. Los encopetados desconocen, porque no van, que el Caquetá es casi todo de las Farc, en su poderío militar pero también en su economía. Las piscinas y campos de golf quedan muy lejos de Florencia y también de Popayán y de Mitú y de San José del Guaviare y de Arauca y de Tumaco y de Quibdó; y estoy hablando de capitales.

Con o sin Nobel de La Paz, Santos se va a ir en tres años y nos va a dejar un país en guerra, hipotecado a las Farc y su post conflicto, y con su Gobierno endeudado y asfixiado. ¿No hubiera sido más corto y barato el camino de la Seguridad Democrática? Eran solo 3.000 guerrilleros en armas, incomunicados, desmoralizados, con sus jefes huyendo a Venezuela, acosados y bloqueados por las Fuerzas del Estado y entregándose cada mes 80 o 90 guerrilleros.

Al llegar Santos el problema de seguridad no existía en Colombia y Él se puso a resolverlo. ¿Cuál es la razón de semejante absurdo? Comprando con miles de millones y llenando de dinero a los principales medios de comunicación, Santos los puso a su lado a defender esa dizque paz. Una paz impune, vergonzante, peligrosa. Hablando de paz y paz por todas partes, mientras el país acrecienta su guerra expresada en extorsión, secuestros, voladuras, bloqueos, paros armados y dominio de la delincuencia y el terrorismo que recibió de Santos el grado Honoris Causa.

¡¡¡Vamos por el camino equivocado y rumbo al despeñadero!!! No es un favor, es un deber de colombiano, difundir por todos los medios y a todas las personas, esta reflexión honesta, clara y sencilla de Álvaro Ramírez González.

Este artículo es lo mejor que he leído en mucho tiempo. Es importante darle la mayor difusión posible. Favor enviarlo por E-mail. Gracias. Silvio Vallejo Rosero

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