Al instante

Politiquería ambientalista

Por Carlos Alberto Ospina M.

Panorámica de Medellín bajo la nube de la contaminación del aire. Foto eltiempo.com

La Alerta Roja por contaminación en el Valle de Aburrá y los diez municipios que la conforman, tiene tanto de largo como de ancho. No hay candidato a cargo de elección popular que no haya manoseado el tema con el objetivo de capitalizar el voto de una amplia audiencia sensible y preocupada por la destrucción del medio ambiente. Cualquier plataforma proselitista, plan de gobierno y de desarrollo, colocan el tema en el centro del ejercicio gubernamental. A la hora del té, las loables intenciones se estrellan contra los mecanismos burocráticos, el egoísmo empresarial, el tráfico de influencias, la negligencia, la corrupción, la desinformación y la inoperancia de los órganos de control. De forma ambigua, lo que debería seguir un método científico planificado, proactivo y proyectivo, se limita a la puesta en marcha de medidas reactivas y coyunturales en relación con un problema real que exige disposiciones drásticas en el marco de la normatividad vigente y los derechos fundamentales de los ciudadanos.

El asunto no es de menor calado. ¡Estamos llevados! Son elementales las consecuencias en la salud pública y en el sistema de seguridad social integral. La crisis tendrá impacto directo en el ámbito cotidiano, socioeconómico y en la inversión. A los clichés de “La ciudad más innovadora”, “Medellín, Destino Turístico LGTBI”, etc. entra en el radar el concepto actual de ser una de las capitales más contaminadas de Latinoamérica. Por esto, no se puede frivolizar la alerta ni crear un pánico colectivo, pero tampoco simplificar la situación. El epidemiólogo de la Secretaría de Salud Medellín, Fernando Montes, habla de efectos transitorios de la contaminación “como la sensación de moco, carraspera, gripa; es decir, síntomas mecánicos sin afecciones agudas”. La Organización Mundial de la Salud (OMS) indica que el Ozono (O3) a nivel del suelo, uno de los componentes de la bruma tóxica que cubre el Valle de Aburrá, produce: asma, disminuye la función pulmonar y ocasiona enfermedades en las membranas del sistema respiratorio y la cavidad torácica. La combustión de fósiles, carbón y petróleo, forman Dióxido de azufre (SO2), el cual agrava el asma y la bronquitis, produce tos e irritación ocular. Bajo condiciones de exposición permanente, un porcentaje de la población padecerá cardiopatías, neumopatías y cáncer del pulmón. En el 2012, la OMS, dijo que la contaminación atmosférica engendra cada año 3,7 millones de muertes prematuras. En otra salida en falso, el “legitimador” de la Alcaldía de Medellín, Montes, indico que “en las dos últimas semanas han disminuido las consultas en los centros asistenciales”. ¿A qué se refiere? ¿A embarazos adolescentes que son otra epidemia?

El año anterior en una sesión de la Diplomatura de Movilidad Sostenible de la Universidad EIA, el Director de TPM de la Secretaría de Movilidad de Medellín, Mateo González Benítez, enfrente de un auditorio de periodistas, ponderó más la demarcación de carriles preferenciales para el transporte público masivo, que la urgente necesidad de sacar de circulación los vetustos buses, intervenir los vehículos chimenea, exigir transparencia en la expedición de los certificados por parte de los CDA y estimular la reposición de automotores a gas, eléctricos u homologados bajo la norma Euro 5. Para nadie es un secreto que el transporte público de buses, busetas, colectivos y taxis en Colombia, se mueve entre los delgados hilos de la legalidad, la delincuencia organizada, el monopolio, el lavado de activos y el patrocinio de campañas políticas. Por esto, cualquier decisión de fondo sobre el transporte pasa por un tamiz preliminar, desde la amenaza velada contra el funcionario que busca implementar la tarjeta Cívica como único medio de pago, hasta el lobby descarado del político de turno para que no haya integración de los sistemas de movilidad o no se elimine una cuenca en función del SIT.

Por las razones que fuere, en Colombia, Medellín es la urbe que más ha avanzado en el diseño, desarrollo, construcción e integración de los sistemas de transporte público masivo. No sobra recordar que la ciudad cuenta con Metro, Tranvía, Cables, Metroplus, Ciclovías y la recién constituida empresa Ferrocarril de Antioquia que será multimodal. ¿Qué estaría pasando, en la otrora “tacita de plata”, de no contar en la actualidad con esas opciones de desplazamiento? La respuesta al interrogante es elemental: No sería viable como centro de población urbana.

El Área Metropolitana como autoridad ambiental del Valle de Aburrá y las alcaldías de los diez municipios que la integran, deben tomar el toro por los cuernos. La Alerta Roja por contaminación no es un fenómeno temporal. Sí bien demanda acciones inmediatas y el compromiso de los antioqueños, el Estado, no puede delegar a las personas de a pie, sus funciones de control. Es un descache, por decir lo menos, volver a invocar: “Ayúdanos a identificar los vehículos contaminantes…Alcaldía de Medellín, Cuenta con vos”. ¿Hasta cuándo vamos a tolerar que los CDA avalen vehículos que no cumplen en las normas mínimas de control ambiental? y en cambio, devuelven un automotor último modelo por “una luz media que no enciende”. ¡Absurdo y ofensivo! Es deber del ente competente, llámese Secretaría de Movilidad, hacer los controles desde la fuente: Centros de acopio, estacionamientos, terminales, vía pública, concesionarios, portal web, etc. El denominado Sistema Inteligente de Movilidad de Medellín opera 80 cámaras que generan “el reporte del estado de las vías para la atención más oportuna de incidentes”. Acaso, ¿El medio ambiente no es un fenómeno primordial u obligación constitucional? Adicionalmente, el SIMM, cuenta con la visualización de 800 cámaras de la Empresa de Seguridad Urbana (ESU) y con más de 40 de Fotodetección, las cuales ahora se volvieron a utilizar para identificar Soat y Revisión Técnico Mecánica vencidas. Entonces, ¿por qué no se aprovecha, en tiempo real, esa inmensa cobertura visual e infraestructura para “identificar los vehículos contaminantes”? Quizás, a la Secretaría del ramo no le alcanza el rubro de ingresos por concepto de más de 577.765 fotodetecciones en Medellín durante el 2016, para ampliar la nómina de 580 agentes de tránsito divididos en 3 turnos y contratar personal exclusivo para el urgente control ambiental. ¡No hay derecho tanto desgreño!

 

Pie de página-Enfoque crítico:

  1. Automotores que transiten por Barbosa y Caldas que no cumplan con los mínimos estándares, no pueden ingresar ni atravesar el Valle de Aburrá. Por lo tanto, es necesario construir la infraestructura física y operativa necesaria con miras a facilitar las inspecciones ambientales.
  2. Los vehículos de las Secretarías de Movilidad dotados de cámaras para registrar infracciones al Código de Tránsito, deben ampliar sus funciones coercitivas a “identificar los automotores contaminantes”.
  3. ¿Cuándo rebajarán los impuestos, el Soat y la revisión técnico mecánica en función de los cerca de 20 días sin usar el carro o la moto particular durante el año, debido al pico y placa?
  4. Fomentar estímulos tributarios y disminución de aranceles para empresas y personas naturales que adquieran vehículos eléctricos e híbridos, previa disminución de su costo de venta.
  5. Los sobrecostos por más de 6 mil millones de dólares en la construcción de Reficar, no le alcanzan a Ecopetrol para garantizar la calidad de los combustibles.
  6. Las medidas restrictivas a los vehículos particulares deben estar en concordancia con un transporte público de calidad y respeto al usuario.
  7. Falta espacio en esta columna de opinión para continuar con el listado de acciones a seguir Ahora y para Siempre.
Email this to someoneTweet about this on TwitterShare on Google+Share on LinkedInShare on FacebookPrint this page