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Política sin moral

Por Jorge Emilio Sierra Montoya*

Mafalda, autor Quino reproducción blogspot.com

 “Eso de la ética es para los filósofos”, declaró a alguna revista, en pasada campaña electoral, un controvertido asesor político cuyos métodos, bastante efectivos en varios países latinoamericanos, suelen recurrir a la controvertida propaganda negra o sucia contra los candidatos distintos al suyo, aunque él y sus favorecidos siempre niegan que la hagan.

De hecho, la frase en cuestión es una tácita justificación de prestar dicha asesoría, basada por lo general en el marketing político, sin consideraciones éticas, las cuales por lo visto son exclusivas de los filósofos, quienes de veras abordan la cuestión moral en sus estudios, según lo demuestra la filosofía moral.

Pero, ¿será que la política nada tiene que ver con la ética, como el técnico de marras lo insinuó? ¿La moral está, pues, mandada a recoger en tales asuntos, no importando sino ganar las elecciones como sea y recibiendo, por ello, el cuantioso pago de honorarios, lo único que además interesa? ¿Qué importa, en fin, dejar por el suelo a los contrincantes, desprestigiados por completo ante una opinión pública fácil de manipular con la propaganda que ahora se divulga, sin problemas, a través de Internet?

Como si fuera poco, el citado analista precisó, aclarando sus hondas convicciones: “Soy pragmático de 9 a.m. a 5 p.m. y hago poesía y filosofía de las 5 para adelante”. Queda en evidencia, sí, la justificación del pragmatismo al margen de una ética diferente, todo ello en medio de una doble moral que salta a la vista.

Eso me recuerda lo que alguien decía antes, en términos similares: “Yo soy conservador de día y liberal de noche”. O lo que es igual: “Soy conservador en público y liberal en privado”. ¿Qué les parece?

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Hace varios años, a propósito, un reconocido economista colombiano, que luego fue ministro de Hacienda, dijo también en un debate ético sobre determinado problema económico del momento: “La moral es asunto de curas”, tesis muy semejante a la expuesta arriba. Poco cambian los tiempos, claro está.

Para decirlo sin rodeos, ambas expresiones revelan un implícito rechazo de la moral en las actividades profesionales, en la política y la economía, actitud que contribuye en gran medida a “justificar”, en el plano ideológico por parte de voceros representativos de nuestra sociedad, la corrupción en boga, galopante, que hoy llega a niveles inconcebibles.

No es de extrañar, entonces, que la moral sea dejada a un lado por los políticos, dispuestos a ganar las elecciones por los medios necesarios (desde las enseñanzas de Maquiavelo hasta el marketing electoral, con propaganda sucia a bordo) y, logrado su objetivo, para usar el poder político en aras de enriquecerse en forma ilícita a través de contratos multimillonarios con el Estado que es puesto a su servicio. Sobra entrar en detalles al respecto.

Y es que la corrupción, generada por la pérdida de los auténticos valores morales, es causa fundamental de la crisis política, con numerosos “líderes” partidistas tras las rejas; de la crisis económica, observada en las continuas recesiones que venimos soportando a lo largo y ancho del planeta, o de la misma crisis en instituciones como la familia, la educación y la Iglesia, hasta los medios de comunicación, con pruebas que a diario se multiplican.

¿La moral, por consiguiente, no es la solución de fondo, definitiva, a esas crisis, de las que cada uno de nosotros es víctima? ¿Y cómo atacar la corrupción sin valores morales, sin la autoridad moral que caracteriza a muchos de nuestros dirigentes, sean asesores políticos o importantes economistas, entre otros notables profesionales?

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A diferencia de cuanto proclaman los citados analistas, la moral no está pasada de moda, ni es obsoleta, sino que por el contrario es la última moda, está de moda en todo el mundo, mientras que quienes piensan lo opuesto sí son obsoletos, aferrados a una mentalidad mandada a recoger y rechazada a diestra y siniestra, al margen incluso de cuestiones ideológicas.

De ahí el boom de la Responsabilidad Social Empresarial, cuyo gran fundamento es ético y, por consiguiente, los valores morales que nos hablan precisamente de nuestros deberes con la sociedad, con los distintos grupos sociales, lejos de creer que la empresa puede seguir actuando como le viene en gana, sin respeto por los derechos humanos y laborales, e incurriendo en prácticas corruptas que habrán de castigarse con el máximo rigor.

Ojalá que en estos nuevos comicios elijamos o hayamos elegido a personas honestas, de conducta intachable, cuyo único propósito en el ejercicio del poder sea el bien común, en beneficio sobre todo de los más necesitados. El paso del tiempo lo dirá.

(*) Director Revista “Desarrollo Indoamericano”, Universidad Simón Bolívar – jesierram@gmail

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