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Podéis trinar en paz

Por Pascual Gaviria, Diario El Espectador, Bogotá

Imagen tecnopasión.com

Los idealistas hablan de Twitter como un ágora desordenada y confusa, una asamblea en la que no hay que pedir la palabra y se pueden igualar los graznidos de las cotorras y los chirridos de los búhos.

Pero Twitter es también un sumidero de odios y frustraciones, una ventana para el grito y el desfogue y un escenario para construir mentiras con un ejército de pajarracos filados; más una plaza pública partidista y chichera en uno de nuestros pueblos de hace 60 años que un foro docto. Por eso cada uno construye su propia plaza en Twitter según la calidad del cedazo que sea capaz de incorporar a los trinos que van inundando el pozo con aguas de todas las calidades.

Desde hace poco Twitter tiene un nuevo ingrediente más allá de los juegos y las grescas de las redes sociales. Los jueces y los policías han llegado a mirar quién se esconde detrás de esa maraña. Todos los días se publican cerca de 65 millones de tuits que se han convertido en un rastro obligatorio para los organismos de inteligencia. Los posibles terroristas suelen soltar algunos balbuceos amenazantes en vísperas de sus “hazañas”. Compadezco a quienes deben seguir esas pistas todos los días, un camino de sandeces en el que es muy difícil reconocer entre los inofensivos y los peligrosos. Pero no solo se trata de vigilancia para evitar daños mayores a la simple violencia verbal. Muchos países han ido incorporando tipos penales para castigar las manifestaciones de odio, las amenazas, las humillaciones, el proselitismo terrorista.

España, por ejemplo, ha detenido a cerca de 70 personas este año en sus operaciones contra el “enaltecimiento del terrorismo y la humillación a las víctimas”. Los casos no son sencillos y van desde las grescas políticas (un concejal activo es uno de los acusados), las diatribas del vocalista de un grupo de rock, los arrebatos de los animalistas y la sencilla canción de unos titiriteros. Abrir la cárcel para quienes gritan estupideces tiene sus riesgos; la histeria y el ridículo pueden ir apareciendo poco a poco. Esta semana fue absuelto César Strawberry, líder de la banda Def Con Dos, luego de enfrentar un proceso de dos años por trinos como este: “El fascismo sin complejos de Esperanza Aguirre, política del PP, me hace añorar hasta los Grapo”. Grapo fue un grupo armado de resistencia antifascista que dejó cerca de 80 víctimas mortales en 30 años de existencia. Así defendía hace unos días Alex de la Iglesia a su amigo Strawberry: “…ha podido cometer un error, el error de enfrascarse en una conversación de Twitter donde no están claros los límites entre el sarcasmo y la barbaridad. Ha podido cometer una insensatez, teniendo en cuenta la gravedad que eso supone. Pero una barbaridad y una insensatez no son razones suficientes para mandar a nadie a la cárcel”. Su defensa vinculó los trinos a su actividad artística y sacó a relucir viejos mensajes pacifistas. Pero unas semanas atrás el Tribunal Supremo español condenó a dos años de cárcel a una joven por sus tuits alabando a Eta y burlando a víctimas de la banda terrorista. “Tampoco la libertad ideológica o de expresión pueden ofrecer cobijo a la exteriorización de expresiones que encierran un injustificable desprecio hacia las víctimas del terrorismo, hasta conllevar su humillación”, dice la sentencia.

Entre nosotros María Fernanda Cabal ha inaugurado las causas penales por trinos pero la Fiscalía desestimó la denuncia. Se construye un nuevo y complejo filtro para las redes, hasta ahora no sabemos si será un instrumento para el control político, el ridículo judicial o el apaciguamiento ciudadano.

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