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Plata sí hay, pero…

Guillermo Salazar Jiménez (Fuente: Crónica del Quindío)

Educadores y presupuesto. Foto iris.net.co

Resulta difícil comprender el problema financiero de la educación si solo comparamos los salarios entre docentes de diferentes niveles o nacionalidades. O si miramos los aumentos ganados después de los maestros estar en paro por más de un mes. Es necesario establecer símiles entre datos de la realidad colombiana con otros de la situación educativa vigente.


​Según datos conocidos, en la construcción de la Refinería de Cartagena, Reficar, se produjeron, entre 2011 y 2015, sobrecostos por 8.016 millones de dólares, es decir más de 24 mil millones de pesos. Cifra astronómica que dice mucho si consideramos que con dicha suma se podrían pagar 16 meses a los 322.473 maestros colombianos con el salario más alto posible. Es decir $4.613.000, lo que devengan después de 15 o 18 años de trabajo.

 

Con aquel gran desfalco podría la universidad del Quindío multiplicar por 222 su total de gastos e inversión. Ya no con los $108.425 millones considerados para 2016, sino que podría vivir otros 55 años sin problemas financieros, boyante, con planes de desarrollo acelerado.

 

Construir nuevos bloques, laboratorios ultramodernos, convertir la biblioteca 14 veces mejor y aumentar hasta $8.233 millones los $588.087.501 que destinó durante 2016 para adquirir equipos de cómputo, audiovisuales y servidores. Con los costos de $3.000 millones por el sistema de riego, del cual salió como principal beneficiario la finca El Ubérrimo, se aumentaría en 2.5 veces el gasto en investigación de la universidad del Quindío. El expresidente Uribe podría devolver este monto pagado con impuestos de todos los colombianos para promover la investigación en nuestro departamento. La vida del Paisaje Cultural Cafetero se garantizaría sin mayores esfuerzos económicos institucionales.

 

La comisión de reestructuración de hospitales informó que el 10% de medicamentos e insumos médico-quirúrgicos se perdió en corrupción durante 2016. Con los $80.000 millones cubrirían por 92 veces más lo destinado por la universidad del Quindío a la formación docente. O también adicionar $8.224.529 a cada uno de los 9.727 estudiantes del departamento que actualmente asisten a clases. Seguramente la formación de calidad aumentaría en proporción a tales ingresos. Si al presidente Santos lo obligan a devolver los 40.000 dólares pagados clandestinamente a su campaña se podrían abonar $2.307.692 a cada uno de los 52 estudiantes del municipio de Córdoba para que paguen su asistencia a la universidad. O si el Centro Democrático decide entregar los 60 millones de euros, estos $192.000 millones se podrían repartir entre los 296 estudiantes de municipios cordilleranos. A los 52 estudiantes de Córdoba, 93 de Génova, 88 de Pijao y 63 de Salento les correspondería más de $648 millones a cada uno para atender sus gastos totales de formación. 

 

La plata existe en los fondos del Estado y buena cantidad de ella se esfuma porque no controla la cristalina ejecución de planes ni obras o cuando permite que la manejen gobernantes y políticos sin escrúpulos ni sentimiento patriótico. Y la inversión en educación es la más alta distinción de un país civilizado.

 

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