Al instante

Petro se vino encima

Por Hernando Gómez Buendía* (Director razonpublica.com)

Las elecciones del domingo pasado revolcaron el tablero. ¿Quiénes ganaron? ¿Quiénes perdieron?

 

El 11 de marzo fue una “instantánea” en el proceso de recomposición de la política y un “accidente” que cambió su rumbo. Pero en balance -y en su orden- ganaron Petro, Duque, Uribe y la opinión. Perdieron Santos, Vargas, Fajardo, la maquinaria y De la Calle. 

Tres elecciones y media

La mayoría de las interpretaciones y comentarios sobre los resultados del pasado domingo parten de suponer que tuvimos unas elecciones donde algunos candidatos ganaron y otros perdieron.

Pero en realidad ese día fuimos convocados a participar en 3 o en 3½ votaciones muy distintas:

  • La elección de los senadores y representantes para el período 2018-2022 entre los 2.737 candidatos que se inscribieron;
  • Una consulta abierta y competitiva para escoger entre Duque, Ramírez y Ordóñez al candidato o candidata de la coalición del “No”, y
  • Una consulta abierta pero no competitiva entre los dos precandidatos de izquierda que acordaron someterse a ella.
  • La otra media elección fue todavía más rara, y consistió en que los candidatos a la Presidencia cuyos nombres no figuraron en el tarjetón se midieron o parecieron medir sus fuerzas de una manera indirecta (a través de sus bancadas) o quizás inferencial (interpretaciones que se hacen populares…y por lo tanto  tienen  efectos muy reales).

La coincidencia confusa de estas 3 o 3½ elecciones fue el resultado de la serie de accidentes que llevó a que sólo dos bloques optaran por la consulta el mismo día de las parlamentarias, cuando los otros candidatos habían sido escogidos por encuestas (el del Centro Democrático), por consulta en fecha aparte (Partido Liberal) o simplemente se inscribieron por firmas (comenzando por Vargas y Fajardo).

Esa serie de accidentes tenía que resultar en otro gran accidente. Y esto fue lo que ocurrió: ni el más pintado de los politólogos habría podido inventar un evento electoral tan extraño y tan  confuso como el que acabó por resultar de nuestro extraño y confuso sistema político.

Altísima votación

Uno de los ganadores de las elecciones del 11 de Marzo, Álvaro Uribe.
Uno de los ganadores de las elecciones del 11 de Marzo, Álvaro Uribe.
Foto: Senado República de Colombia

No obstante la confusión –o tal vez debido a ella- las elecciones despertaron un nivel de interés sin precedentes: 17, 8 millones de personas votaron en las parlamentarias y 9,7 millones participaron en las dos consultas.

Dicho de otra manera:

En la escogencia de los dos candidatos participaron 5,5 millones de personas que no lo habrían hecho en condiciones normales.
  • La tasa de participación en las parlamentarias -48, 8 por ciento- fue la más alta desde la Constitución del 91. El promedio en las siete elecciones anteriores había sido 40,5 por ciento, o sea que esta vez hubo 3,1 millones más votos de los que hubiera habido normalmente.

Esta participación incluso fue más alta que el 48,3 por ciento promedio de las siete elecciones que han escogido a un presidente durante el mismo período.

  • Las consultas tuvieron el 26,1 del voto potencial. Esto duplicó con creces el promedio de las cinco consultas que se habían hecho en Colombia para escoger candidatos presidenciales (10,9 por ciento), de modo que en la escogencia de los dos candidatos participaron 5,5 millones de personas que no lo habrían hecho en condiciones normales (y tanto así que por eso se agotaron los tarjetones).

Dos claves

Según la hipótesis mejor establecida, la participación electoral depende sobre todo de qué tan decisivas sean las elecciones y qué tan decisivo crea uno que es su voto. Por eso de las  cifras anteriores podrían inferirse dos cosas importantes:

1. Mucha gente percibió las elecciones como un hecho crucial para Colombia. Y en efecto nos hallamos en un punto de inflexión -aunque sea tan confuso como todo en nuestra historia-.

Esta fue la primera elección del posconflicto, la primera después del “plebiscito” para cerrar –o tratar de cerrar- el largo ciclo de elecciones dominadas por la guerra con las FARC. Digo “tratar de cerrar”  porque el Acuerdo de Paz no fue “refrendado” por el pueblo y este fantasma siguió gravitando sobre las elecciones del domingo.

Pero el desarme de las FARC es un hecho consumado y Colombia está volviendo a ser un país normal, u “otro país de América Latina” donde compiten el populismo de la izquierda con el de la derecha.

Esta re-polarización emergió con claridad el pasado 11 de marzo, y en mi opinión explica los extraños resultados de la extraña votación: el despegue de Petro a pocos días de las elecciones y la ola de miedo que produjo hicieron que los colombianos votaran masivamente.

2. Y como todos los botes se elevan al subir la marea, el número de votos en cada una de las 3 o 3½ elecciones del domingo fue inesperadamente alto. Pero lo fue en proporción a la importancia que los votantes atribuyeron a cada elección y a la eficacia de su voto en cada una. Este punto es esencial para interpretar los resultados y posibles consecuencias de esta elección tan rara.

El batatazo de Duque

Resultados de la consulta interpartidista de la derecha.
Resultados de la consulta interpartidista de la derecha. 
Foto: Registraduría Nacional

Los 4 millones de votos que obtuvo el candidato del Centro Democrático (CD)  más los 2 millones de sus socios del “no”, lo habrían puesto ad portas de ganar la Presidencia en  primera vuelta.

¿Cómo llegamos a semejante “batatazo”?

A la luz de las dos claves anteriores, el batatazo se debió sencillamente a que la marea estaba alta y la consulta del “no” era la única donde había o se esperaba competencia entre tres, o por menos entre dos, precandidatos (Duque y Ramírez).

Vargas no corrió en la etapa donde la derecha escogió a su candidato y que la camiseta quedó en manos de Duque.

Pero cabe añadir que el batatazo no se dio de la noche a la mañana, sino que Duque fue ascendiendo en escalones sucesivos que lo llevaron al triunfo del domingo:

  • Primero fue el plebiscito por la paz, que originó la dispareja coalición del No (Uribe, Pastrana, cristianos) como una fuerza capaz de competir por la Presidencia.
  • Después vinieron las encuestas del CD donde Duque ganó por unos pocos puntos, pero subió el escalón que significa tener el apoyo de Uribe y su partido.
  • Uribe y el partido le daban la ventaja en la consulta sobre la candidata de Pastrana y el muy católico exprocurador.
  • Y esta consulta coincidió con la marea que se estaba levantando a raíz de lo de  Petro, hasta sumar a un total de 6 millones de votos.

La emergencia de Petro

Resultados de la consulta de la izquierda
Resultados de la consulta de la izquierda
Foto: Registraduría Nacional

La consulta de la izquierda tuvo 3,5 millones de votos y Petro tuvo 2,8 millones. Fueron  2,6 millones menos que la de la derecha y 1,2 millones menos que Duque. Pero de aquí se deben descontar tres hechos contundentes:

  • En la consulta de izquierda no había competencia, que como dije es el gran incentivo para participar en unas elecciones.
  • Al contrario de Duque, Petro no tiene mentor ni partido. Duque añadió 1,5 millones de votos al CD, pero Petro sacó 2,8 millones por sí solo.
  • Aun sin tener competencia ni partido, Petro tuvo más votos que Duque en Bogotá, la Costa y el Suroccidente, que es donde tiende a concentrarse la pobreza –donde la “bomba social” sería más explosiva-.

Lo cual nos lleva al quid de la cuestión: Petro es el “outsider” inequívoco, el que podría recoger el descontento de los pobres y quizás añadirle el de los jóvenes y el de los anti-políticos. Este fue mi argumento en “Petro, temores desde arriba y esperanzas desde abajo”, solo que ahora añadiría que el temor salió a votar entero en la consulta  del “No” mientras que la esperanza apenas comenzó a asomarse este domingo.

Petro tiene un océano que nadie le disputa hacia la izquierda y hacia los muy pobres; por   eso su estrategia es moverse hacia el centro, con su vicepresidenta y su llamando a la unidad con De la Calle y Fajardo, donde él tendría ahora que ser el candidato.

Los rebotes

La marea no levanta los botes que no estén en el mar, y por eso perdieron los candidatos que no aparecieron en los tarjetones.

Esto afectó sobre todo a Vargas. Hace unos meses yo había pronosticado que Vargas iba a ser el presidente por ser el candidato del establecimiento, el de las maquinarias y el que picó en punta en asustarnos con Venezuela y todo lo que huela a “castro-chavismo”.

Pero la gente sigue detestando a Vargas y él bajó o le bajaron su volumen en los medios,  lo cual espanta a los financiadores de la campaña que pide más billete y a las maquinarias, que desde siempre han sido muy poco confiables y muy asustadizas.

En el lenguaje deportivo se diría que Vargas no corrió en la etapa donde la derecha escogió a su candidato y que la camiseta quedó en manos de Duque. Pero Cambio Radical pasó de 25 a 46 congresistas y Vargas sigue siendo un candidato fuerte, de modo que la derecha podría partirse en dos mitades y darle paso a Petro. Tan es así que Vargas ya invitó a Duque a formar coalición “en el Congreso” (y aunque Uribe contestó con un trino prohibitivo).

¿Qué ocurrió en el otro lado?  Como una herencia del conflicto armado, la derecha en Colombia es un polo definido en contra de las FARC y del “castro-chavismo”, mientras que el centro-izquierda es un campo muy difuso y muy disperso. Por eso el coletazo de Petro sobre Fajardo y De la Calle no fue tan nítido como el de Duque sobre Vargas.

Lo único seguro que nos quedó del domingo es un Congreso mayoritariamente clientelista.

Aun así, los otros dos candidatos de centro-izquierda pagaron el precio de no correr una etapa decisiva:

– Fajardo fue el segundo candidato perdedor del domingo, y por eso su estrategia es ahora desmarcarse del “miedo” que produce Petro. Pero la re-polarización entre izquierda y derecha tiende a dejar a Fajardo sin aire, y su carta –improbable- sería que la mayoría de los que temen a Petro les teman también a Vargas por ser patán y a Duque por ser el nuevo “Uribito”.

-De la Calle perdió menos porque tenía menos que perder.  Su bandera y su campaña se lanzaron a destiempo, es decir cuando la paz no era el problema y comenzábamos a ser “otro país de América Latina”. El Partido Liberal puso casi dos millones de votos, pero su candidato no simpatiza con las maquinarias: De la Calle se quedó sin caballo y sin bandera.

Lo cual me lleva a dar constancia del final de una pelea. Santos, el gran ausente, fue también el primer derrotado del domingo:

  • Su candidato natural nació muerto, y él acabó peleado con Gaviria (el mentor de De la Calle).
  • Su candidato soterrado, Vargas, perdió la camiseta de la derecha, y
  • Los partidos de su “Unidad Nacional” fueron los perdedores en el Congreso. La U perdió 19 curules, el Partido Conservador perdió 9 y el Liberal perdió otros 7.

En resumen: la carrera oportunista que llevó a Santos a la Presidencia fue seguida por la cadena de errores (como el plebiscito) que acabaron por darle la victoria final a Álvaro Uribe. 16 años de mi Patria boba.

Maquinaria y opinión

Las listas al Congreso tuvieron muchos más votos que las consultas, por la simple razón de que se estaban escogiendo funcionarios – no apenas candidatos-  que representan intereses concretos de sus clientelas, financiadores, localidades o grupos sociales: la gente vota más cuando las elecciones importan y su voto sí decide.

Pero también aquí llegó la marea o el aumento del voto “de opinión”, que por lo mismo  perjudicó a las maquinarias y favoreció a los partidos más ideológicos o más identitarios: la coalición de Fajardo ganó otros 8 congresistas, los “decentes” lograron 4 cupos en el Senado y el MIRA confirmó los 3 senadores que le habían embolatado. El propio Centro Democrático –que es opinión en curso de volverse maquinaria– pasó a ser la primera fuerza en el Senado y aumentó 13 curules en la Cámara.

Si se mira en función de la historia, este resultado encajaría en un proceso  largo – y lento- de reconformación de los partidos políticos, cuyas últimas etapas podrían resumirse así:

  • El “revolcón” histórico del poderoso presidente Uribe trajo consigo la consolidación de los partidos como aparatos limitados a buscar puestos y recursos públicos es decir, su conversión en “partidos cartel” que solo existen en función del presidente de turno.

El viejo Partido Liberal se desdobló entre la U (el partido cartel por excelencia, versión Santos), Cambio Radical (versión Vargas) y la anterior “ala socialdemócrata” o maquinaria con nostalgia de ideas. El Partido Conservador sencillamente abandonó las ideas.

  • En el margen siguieron existiendo (i) los partidos étnicos y religiosos que nos dejó la Constitución del 91, (ii) la izquierda eternamente dividida por sus distintas posiciones sobre el conflicto armado, y (iii) los movimientos cívicos o “anti-políticos” de las grandes ciudades (al estilo de Mockus).

Estos fueron precisamente los sectores que duplicaron su representación conjunta en el Senado -de 12 a 24 curules- y que están descongelando la política al hacerla avanzar del clientelismo a la ciudadanía.

Pero 24 de 102 senadores (sin contar los de la FARC) son apenas un principio de descongelamiento, así que por ahora lo único seguro que nos quedó del domingo es un Congreso mayoritariamente clientelista, que por lo mismo seguirá retardando el – ya de por sí gradual y muy difícil- proceso de reconfiguración de la política hacia un país de ciudadanos de izquierda o de derecha.

* Director y editor general de Razón Pública. Para ver el perfil del autor, haga clic aquí.
@HGomezBuendia ​

Acerca de Revista Corrientes (2888 artículos)
Revista Corrientes es un propósito periodístico respetando los puntos de vista y la libertad de opinión de quienes aporten sus colaboraciones, análisis,artículos y columnas para su publicación. También se publican todos los comentarios respetuosos por desacuerdos con los contenidos de las colaboraciones publicadas.
Contacto: Sitio web
Ir a la barra de herramientas