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Petite creperie

Por Jorge Eliécer Castellanos M.

Imagen cdninstagram.com

Colombianos guapos, inteligentes y emprendedores existen por doquier en todo el orbe.

Muchos de ellos, ejemplos para todos, están de regreso al país.

Por motivos de carácter profesional y también familiar y social se encontraban en el exterior y adelantaron estudios interesantes durante décadas, inclusive.

Jaime Jiménez estuvo en Europa por varios años. Allí encontró a Andrea quien había vivido en Italia por largos años. Se enamoraron y se casaron. Luego emprendieron un extenso recorrido por la Bretaña francesa y estuvieron analizando cuidadosamente la gastronomía de la región.

Estudiaron palmo a palmo la producción de alimentos y también de las bebidas.

Entendieron que por la excepcional condición de la preparación de las viandas y por los ingredientes especiales, de esa interesante región, esta cocina podría tener éxito en su país de origen: Colombia.

Así las cosas, al retornar al territorio nacional, específicamente a Bogotá, hicieron estudios de prefactibilidad y mercadeo con mucho detalle.

Una vez concluidos tales exámenes del mercado, se ubicaron en la capital colombiana hace varios meses y establecieron una crepería con todo el sabor, la sazón y el ambiente francés.

Distinguen el restaurante bistro-bar café, Petite Creperie, por excelentes crepes dulces y de sal. Ofrecen la original crepe francesa con harina sarraceno, libre de gluten y lactosa.

Vale indicar que esta harina permite luchar contra las enfermedades cardiovasculares y es comúnmente reconocida como la reina de la proteína vegetal. En Asia y en Europa se conoce como la flor más saludable del mercado mundial.

Su ventaja competitiva consiste en que utilizan materiales con certificados ambientales, aptos para el contacto con alimentos. Exóticas combinaciones donde sobreabunda el queso mozzarella, con el orégano, con boloñesa de res, con lomito de res, y con otros exigentes ingredientes, esperan a los comensales.

Este es un matrimonio que sabe que luchando juntos van por el camino correcto y que manteniéndose unidos, llegarán de continuo a puerto seguro.

La unidad familiar despeja horizontes y reencuentra caminos a diario.

Existen igualmente muchos colombianos que como Jaime y Andrea bajo premisas de elevado estudio y con liderazgo proactivo, propenden por consolidar su familia, realizando tareas que benefician a los demás y les ofrecen aquello que los demás no se atreven o no pueden hacerlo.

Muchos propietarios de restaurantes en el país y de diversos establecimientos abiertos al público, lo reiteran con sus rutilantes éxitos.

Hombre y mujer, aun con sus hijos pequeños, luchan ahincadamente por salir adelante y lo logran con dedicación, tesón y disciplina a toda prueba.

Al pasado, pasado y los mejores días están por venir como dice el libro del Eclesiastés.

Ellos no lloran frente a la leche derramada sino que más bien, se levantan con carácter y decisión irrefrenable en búsqueda de construir mejores días. De esta forma marcan diferencia con muchos apesadumbrados que cuentan historias mágicas vividas en el exterior, empero, que causas que no so n del caso explicar, matan sus iniciativas por carecer del mínimo optimismo que demandan los proyectos.

Es obligante, entonces, aplaudirles con timbales y clarines y darles un abrazo de felicitación.

Y a quienes así regresan: BIENVENIDOS, con las mayores mayúsculas.  

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