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Pescadores del Magdalena

Por Jorge Eliécer Castellanos M.

Jaime Buitrago Cardona. Foto cronicadelquindio.com

Entre las décadas del 20 al 40, en el siglo XIX, se publicaron en Colombia grandes obras novelísticas contemporáneas, entre ellas, La vorágine, (1924) del huilense José Eustacio Rivera, la Casa de la vecindad (1930) del bogotano José Antonio Osorio Lizarazo y, desde luego, Pescadores del Magdalena, (1938) de Jaime Buitrago Cardona, escritor, cuentista y educador nacido en Calarcá, en el año 1904.

Eran épocas de una creciente evolución de la novela a todo lo ancho y largo del territorio colombiano, imbuida de una especial función social y pedagógica acorde, fundamentalmente, con situaciones históricas representativa de enorme significación.

Es más, de acuerdo con la información oral y documental recogida por Natalia Benrey Zorro para su trabajo de tesis, Buitrago Cardona “convive durante meses como “etnógrafo” con los pescadores en el Tolima (2014:29); luego haría lo propio con indígenas de la cordillera central, cuya experiencia revirtió en argumento para la escritura de La Tierra es del Indio (1955), su cuarta novela”.

Igualmente, Félix Restrepo señaló en el prólogo a esta obra que no todo lo que allí se contaba era producto de la invención del escritor:
“Buitrago es un gran artista, pero trabaja con datos tomados de la pura realidad, Los archivos del ministerio de economía le han descubierto sus secretos, y ha pasado meses enteros viviendo en los resguardos de los indios, lo mismo en Cundinamarca que en las cumbres de la cordillera central entre el Huila y el Valle del Cauca (1955 XII)”.

Dedicatoria de una de sus obras a “El Siglo”.
Foto wordpress.com

Ciertamente, Jaime Buitrago Cardona deja sus lugares de confort para escudriñar in situ situaciones que propenden por vigorizar su trabajo literario. Berney los interpreta como efecto de las políticas de modernización del gobierno de Alfonso López Pumarejo en la década del 30, cuando, precisamente se impuso la necesidad de descubrir el país en su diversidad social para intervenirlo, a partir de la relación que los intelectuales debían generar con comunidades indígenas y campesinas representativas.

Los pescadores y lugareños son retratados, para la época, fielmente, por la pluma del escritor, con un pincel literario serio, objetivo y de excepcional narrativa costumbrista que deleita y apasiona la descripción en todas sus líneas.

La obra permite al lector adentrarse con un realismo que impresiona, y recorrer las instancias rivereñas de la más importante arteria fluvial de la patria, apreciando las tradiciones aun de los negros, sambos e indígenas y mulatos, que florecieron allí a sus anchas, advirtiendo sus labores, sus amores, sus pericias, y, desde luego, entretejidas todas las historias, con una magia de elucubración etnocultural sorprendente.

Dice el profesor Rigoberto Gil de la Universidad Tecnológica de Pereira que: “El novelista quindiano apostó por la escritura de obras narrativas producto de inmersiones y de exploración de campos, como si replicara en su praxis la actitud del viajero que explora lo desconocido. Esta sola convicción lo convierte en un escritor moderno que acopia la riqueza del lenguaje oral y se pregunta por las experiencias más acentuadas de grupos sociales en crisis”.

Por estos días, (2016) en que celebramos la reedición de Pescadores del Magdalena, por parte de Diente de León, Editor, con la producción de Torre Grafica Ltda, bien vale la pena que el Ministerio de Cultura desempolve grandes obras literarias nacionales de alto valor para la nación entera, -como lo ha hecho la familia Buitrago Cardona-, para poner en contexto narrativo a los colombianos de aquellas memorables épocas con nuestros intrépidos tiempos, pues la memoria narrativa se está diluyendo como una pequeña masa de barro en el maremágnum de la historia.

Ojalá, la Ministra Mariana Garcés, asuma este reto de publicación masiva de grandes obras de los eximios literatos nacionales, en bien del rescate de nuestros más finos valores literarios de todos los tiempos que han marcado, sin duda, el cenit de la filigrana aurífera de nuestro caro patrimonio de insomnes volúmenes de la literatura colombiana.

Bien vale, para culminar este homenaje de breve reseña a la obra de Jaime Buitrago Cardona, traer a colación su preámbulo: “Nació este libro en las abiertas plazas del rio Magdalena, cerca a las fogatas de los chinchorreros, frente a la tragedia de los bagres agonizantes y entre la tristeza horrible de los pescadores hastiados”…

Jorgecast06@yahoo.com

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