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Pedro Muriel grabó los grandes éxitos después de media noche

Por Guillermo Romero Salamanca

Pedro Muriel y Erick Escobar. Foto Jota Flórez

Pedro Antonio Muriel González, el hombre que más éxitos tropicales decembrinos ha grabado en Colombia nació en Amagá, le fascinan los fríjoles con chicharrón, trabajó entre 1976 al 2001 en el estudio “Toño Fuentes”, nunca madrugó, toca guacharaca, hace coros, toma aguardiente con limón y sal en copa doble, pero no sabe bailar.

Todos los productores, directores, cantantes y músicos lo buscaban en Discos Fuentes para grabar. Se sentaba en su silla negra de cuero y se cuadraba frente a una consola de 48 canales y movía cada una de las diminutas perillas milimétricamente. Poseedor de un prodigioso oído para detectar la afinación de un músico, el tono de un cantante o un sonido extraño en la cabina.

Hoy ya retirado se goza la música decembrina al lado de los amigos, acompaña a El Combo de las Estrellas, pero sigue siendo el hombre amable, sincero, alegre y que considera que la música tropical no tiene competencia. “Soy feliz porque alegré a Colombia”.

–¿Sabe usted cuántos éxitos grabó?

Se rasca la cabeza y contesta: “Difícil pregunta”.

Es  casi imposible que una emisora tropical no pase al menos diez canciones diarias grabadas por Pedro Muriel. En las discotecas sus temas hacen bailar a los asistentes.

La lista es interminable.

–¿Cómo era Joe Arroyo?

–Con él hicimos muchos temas. Entre los que recuerdo están En Barranquilla me quedo, Centurión de la Noche, A mi Dios todo le debo, Pal bailador, Te quiero más, La rebelión, La Noche, Tal para cual, Mary, Tania, Echao  pal ante y decenas más. Él llegaba a la noche, hacíamos una maqueta, grabábamos, pero al otro día, no le gustaba como había quedado la grabación y volvíamos al principio. Nos demorábamos en cada tema, pero se convirtieron en grandes canciones. Todos los éxitos los grabamos después de las doce de la noche.

–¿Le dieron satisfacciones los Embajadores Vallenatos?

–Muchas. Con ellos trabajamos por años. Nos sorprendimos cuando nos dijeron que sus temas como El Santo Cachón, El Aventurero, ¿Dónde estarás?  y Tomando y tomando eran éxitos en Uruguay. Acá se conocían y estaban en los listados populares, ¿pero por allá?

–¿Los Chiches le pegaron el Pedro Muriel, Muriel, Muriel?

–Ja, ja, ja, ja. Claro. Con ellos grabamos Tierra Mala, Muchacha encantadora, Fábula de Amor y un día Amín Martínez, el cantante salió con eso de Pedro Muriel Muriel y desde ese momento me buscaban porque pensaban que así les ponía más cariño a las canciones.   

–¿Un director inolvidable?

–Fernando Jaramillo de Los Tupamaros. Gran persona. Con él grabamos La chica gomela, Todo el mundo necesita un beso, La brujita, Me muero de las ganas, Tu ausencia, Cachete, pechito y ombligo, La Muy indigna…

–¿Un bromista?

–Pastor López es un gran hombre y siempre vivía de buen humor. Hicimos Lloró mi corazón, El Ausente, El hijo ausente, Golpe con Golpe, Más que un loco, Cariñito sin mí, Loco por ti, Ella es tú fuiste…

Y la lista sigue: “Me gocé la vida grabando con Fruko, “Charanga campesina”, con La Sonora Dinamita, “A mover la colita”, con Lisandro Mesa “El guayabo de la Ye” y Alfredo Gutiérrez, “Esta noche es mía”. “El pescador de Barú” de los Warahuaco, Boga Barquero de Germán Carreño. Gabriel Romero, “Violencia”. Y no me pregunte más porque ya eso sería inmodestia.

Y suelta tremenda carcajada.

–¿Rodolfo si gastaba?

–Era tacañongo, pero un gran artista. Tenía sus días buenos, regulares y otros muy malos. Era muy temperamental.

A él le gustaba grabar por la tardecita, era ronco en la mañana. A veces no iba a grabar, pero cuando había que hacer los doce temas se preparaba, empezaba como medio frío, se daba su vuelta por ahí, aspiraba un poco de aire y venía con ganas. Con él hicimos éxitos como Cariñito, Boquita de Caramelo, La Colegiala, Tabaco y Ron, Daniela, Quiero que me des tu amor, Botellita de ron, ¿Dónde estás Mariana?, Perdido y Borracho, Se va la vida, entre otros.

Una vez estaba muy contento  y comenzó a cantar: “El tiempo pasa y se nos va la vida, y lo que pasa ya no vuelve más, hay que seguir mirando hacia adelante, nunca hay que quedarse a mirar atrás…”

Estaban en el estudio Fruko que tocó el piano, Humberto Muriel el bajo, Fernando Meza Tomate, tocó el acordeón y se grabó esa estrofita. Unas semanas después encontré ese material y lo rehíce. De allí sacamos una canción. Ni el mismo Rodolfo sabía. Un día le dije al doctor Conrado Domínguez, “tengo un temita de Rodolfo y quiero mostrárselo”, él me contestó, “la otra semana que estoy ocupado” y así pasó un año. Lo llevé a un comité de programación, les gustó y lo incluyeron en los 14 cañonazos bailables.

–¿Muy selectivo con los músicos?

–Teníamos un grupo selecto de músicos muy bueno. Era nuestro equipo.  Se sabía que iba a la fija, de pronto uno no grababa porque estaba enfermo o en  un viaje y había que esperarlo.  El doctor Domínguez me decían que trabajara con cualquiera, yo no me atrevía porque eso no quedaba bueno.

Porque cualquier ruido era música para ellos. Era preferible esperar y apuntarse un gran éxito…una producción se demoraba bastante. Eso no era haciendo arepas. Los músicos son temperamentales, Joe nunca estaba preparado, pero después de un rato, se animaba.  

–¿Ha escuchado reguetón?

–Cuando empezó era un solo mix, dos compases y las letras sin melodías, no tenían producción. Se volvía mamón. Ya estos muchachos ya le ponen melodía, están cantando. Ya suena bonito.

–¿Por qué no aprendió a bailar?

–Lo mío fue hacer felices a las personas con producciones que nunca morirán. Serán inmortales por los músicos, los compositores, los cantantes, la promoción y porque cada tema le deja un recuerdo a las personas.

–¿Cuál fue el éxito de su vida?

–Mis hijos.

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