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Pasaron 192 técnicos en cinco años: la histeria que acorrala a los entrenadores

Por Cristian Grosso (canchallena.com)

Los técnicos de fútbol Mosaico notasdefutbol.com

En noviembre de 1986, Manchester United contrató a Alex Ferguson. Los Diablos Rojos marchaban penúltimos en la Premier League y el descenso se paseaba fantasmal por Old Trafford. Por entonces, el escocés acreditaba varios logros con Aberdeen, en su país, pero también con la selección de Escocia había terminado 19° sobre 24 equipos en el aún fresco Mundial de México. Ferguson todavía no era sir. Pero creyeron en él, aunque tardaría cuatro temporadas en ganar su primer título, la FA Cup de 1990. Después se convertiría en leyenda: enhebró 38 títulos durante 27 años. Seguramente pudo construir su reinado porque se lo concedió una sociedad menos carnívora, que también le permite a Arsene Wenger dirigir a Arsenal desde 1996.

Urgente aclaración: son excepciones.

Nadie puede escaparse de la trituradora que se devora a los técnicos. El fútbol argentino desde hace años deambula en su constante tembladeral. En el último torneo, el largo, el que prometía mayor estabilidad porque el largo plazo ampliaría la base de tolerancia., consumió 71 entrenadores. De los 32 clubes que pasaron por primera, 23 apostaron por los cambios. Dato arrollador para avalar tanta histeria. No hay formato que resista. No hay cultura que contenga. No hay sociedad que espere ni francotiradores mediáticos que no se froten las manos.

Entrenadores argentinos de fútbol. Foto futboldecafe.com

Entrenadores argentinos de fútbol.
Foto futboldecafe.com

Recordar quiénes eran los directores técnicos de los clubes hace un año retrata la permanente explosión. Merlo estaba al frente de Colón y hoy merodea despedirse de la profesión; Almirón dirigía a Independiente y ahora está en Lanús, y Pellegrino conducía a Estudiantes y hoy entrena a Independiente; Newell’s confiaba en Gallego y Argentinos en Gorosito, que actualmente está a un océano de distancia. Bauza, Almeyda y Barros Schelotto también trabajaban en la Argentina. Y sólo se trata de retroceder doce meses para entender el vértigo que domina a esta profesión de alto riesgo. Palermo era el técnico de Arsenal, Perazzo el de Olimpo, Sensini el de Rafaela y Franco el de Defensa y Justicia.

Urgencias y demagogia, cóctel explosivo. “Ser entrenador no es fácil. Tenés que luchar contra todo y todos. Los dirigentes no sólo se bajan del tren y abandonan a los entrenadores, sino que terminan tirándole piedras al tren”, advierte Gustavo Alfaro. Los dirigentes suelen agitar el tsunami; los rumores sobre la inestabilidad de un entrenador pueden partir de integrantes de la conducción que está jaqueada por el descontento popular y necesita resistir. ¿Cómo? Con la demagogia de cambiar la figurita de turno, que oportunamente también será devorada.
¿Qué márgenes concederá el torneo Transición 2016? Si el largo no blindó a nadie, el exprés que no alcanzará ni cuatro meses promete desenfundar con idéntica velocidad. Rondina (Arsenal), Grelak (Quilmes) y Delfino (Temperley) no disfrutarán de tiempo de adaptación; a Camoranesi (Tigre) y Bassedas (Vélez) la situación de debutantes no los pondrá a resguardo. Guede, Sava, Pellegrino y Arruabarrena intentarán gobernar sus grandes presiones. A Quiroz (Aldosivi), Lippi (Sarmiento) y Madelón (Unión) se les exigirá más que resistir. De un extremo al otro, todos están advertidos.
La irrespetuosidad contractual está enquistada. Pero no siempre los técnicos son los mártires. Algunos aprendieron a desfilar por la pasarela mediática. Usualmente atropellados por las reglas del exitismo, varios se reinventan serviles al circo. Y se exhiben sin pudor en esa bolsa de trabajo. Porque hay entrenadores que llaman, preguntan, se ofrecen a través de alguien y hasta cómplices sectores de la prensa les regalan espacio, que ya se cobrarán. Técnicos que presionan; a veces, serruchan. Doctorados en lobby.
La celeridad gobierna. El contenido no importa más ni tampoco la calidad de los recursos. El que no obtiene resultados se tiene que ir. Ese es el mensaje de urgencia que se ha instalado en la Argentina: todo tiene que ser inmediato. Invitado por la nacion para intentar explicar este fenómeno que amenazaba con desbordar la sensatez, Carlos Bilardo, el 3 de enero de 2001, escribía una columna titulada “Ya cada vez será peor”. Allí analizaba: “Que día a día aumente la cantidad de técnicos que no terminan sus contratos ya no sorprende a nadie. Y se trata de una realidad que aumentará con los años. Ni siquiera los títulos y el prestigio hoy te aseguran algo. La diferencia entre Europa y el fútbol argentino es que allá te hacen un contrato por cuatro años y lo cobrás todo. Acá, si la popular te insulta y después la platea también, ya no sabés si llegás a completar cinco partidos”, advertía. La marcha del siglo XXI agravó el panorama.

Las partidas, en el módulo internacional

Todo en la misma temporada. Una cacería global que ya se cobró a José Mourinho, eyectado de Chelsea, y a Rafa Benítez, devorado por Real Madrid. Pero también en 2015/16 se conoció que en mayo se marchará Pep Guardiola de Bayern Munich y que Carlo Ancelotti será su reemplazante. Pellegrini está dando sus últimos pasos en Manchester City. Y si a principios del campeonato francés Marcelo Bielsa se marchó de Marsella, hace algunas semanas llegó el alemán Juergen Klopp para sustituir a Brendan Rodgers en Liverpool. Real Sociedad no tardó en destituir a David Moyes y Gary Neville fue la repentina apuesta de Valencia. Mientras Louis van Gaal resiste en el United, Sunderlad despidió a Dick Advocaat. Mancini sabe que crece la intolerancia en Inter y por este lado, Sampaoli eligió romper su vínculo con la Federación chilena. La trituradora de técnicos se afila los dientes.

Zielinski no se deja engañar

Es un caso de fábula. De colección. El 14 de diciembre, Ricardo Zielinski cumplió cinco años ininterrumpidos como entrenador de un equipo de primera división. Belgrano le ha dado ese marco excepcional. ¿El Alex Ferguson argentino? Huye de ese lugar: “No es algo que a mí me interese. Me gustaría ser reconocido como un tipo que hizo un trabajo serio. El éxito es de los jugadores, el mérito es de ellos. Y si la cosa viene mal, la responsabilidad es de los entrenadores”. Él pone las cosas en su lugar. El Ruso se acepta como una rara avis. “Era impensado, sí, haber llegado hasta acá, porque los entrenadores vamos a los clubes por tres partidos siempre. Tuve la suerte de encontrar una dirigencia seria, buena gente. Y de desarrollar un proyecto a largo plazo. Se nos dieron los resultados.”, confió a LA NACION mientras alimentaba el récord. ¿Encontró la fórmula? No, no se engaña: “Es imposible que un proyecto se prolongue en el tiempo, por más buena voluntad que haya de ambas partes, si no hay buenos resultados. Por eso, en la Argentina el proyecto es el partido que viene y nada más”. Y lo firma el invencible.

Cinco años en la silla eléctrica

Si el repaso de un año pone en evidencia el tembladeral en el que viven los técnicos, una mirada más amplia ofrece registros impactantes. Los últimos cinco años arrojan ejemplos devastadores:
1 único técnico conservó su puesto desde 2011 a la fecha: Ricardo Zielinski. Todo un récord que día a día se extiende en una relación insospechada con Belgrano, de Córdoba.
192 DT, en total, entre fijos e interinos, ocuparon al menos una vez el banco de suplentes en los 33 equipos que en estos cinco años pasaron por la A.
12 técnicos utilizó Newell’s, el club de mayor recambio: Roberto Sensini, Ricardo Johansen, Javier Torrente, Sergio Giovagnoli, Diego Cagna, Gerardo Martino, Alfredo Berti, Ricardo Lunari, Claudio Raggio, Américo Gallego, Carlos Picerni y Lucas Bernardi. Argentinos, Estudiantes, Independiente, Quilmes, San Lorenzo y Racing utilizaron 10.

5 clubes diferentes dirigió Rubén Forestello, el DT que pasó por más instituciones: Colón, Chicago, San Martín (SJ), Atlético de Rafaela y Patronato (Paraná). Miguel Russo (Estudiantes, Central, Vélez y Racing), Sava (Unión, Quilmes, San Martin y Racing) y Caruso Lombardi (Quilmes, San Lorenzo, Argentinos y Arsenal) recorrieron cuatro clubes de 2011 para acá.

1 club, solamente, mantuvo al entrenador: Belgrano con Zielinski. Tres emplearon Boca (Falcioni, Bianchi y Arruabarrena), Central (Russo, Galloni y Coudet) y especialmente Lanús, puesto que acaba de asumir Almirón y antes sólo estuvieron Barros Schelotto y Schurrer.

3 clubes dirigió Ramón Díaz, con una particularidad: sólo grandes, San Lorenzo, Independiente y River.

1 club, únicamente, dirigieron Bianchi (Boca), Sabella (Estudiantes), Martino (Newell´s), Berizzo (Estudantes), Gabriel Milito (Estudiantes), Simeone (Racing), Juan Pizzi (San Lorenzo), Bauza (San Lorenzo), Gareca (Vélez), Guillermo B. Schelotto (Lanús), los más destacados.

El gremio, en conflicto: tiene el enemigo en casa

Los técnicos tienen una herramienta para defenderse, la ley, pero ellos la atropellan. La necesidad tiene cara de hereje y muchos entrenadores terminan aceptando cobrar hasta el último día que trabajan y listo. Al sindicato de los técnicos le falta determinación, pero son sus propios afiliados los que muchas veces no lo ayudan. Victorio Nicolás Cocco, el presidente de la Asociación de Técnicos, analizó la realidad sin mentirse: “La Asociación les da un marco de protección a los DT y éese es el convenio colectivo de trabajo, que es una ley de la Nación”. Una vieja lucha gremial apunta a una mayor cobertura., que aún no se alcanza. ¿De qué se tratará? Los clubes siempre podrán rescindir un contrato, pero se intenta que tengan la obligación de pagarle a ese DT despedido hasta el último día del vínculo y no hasta el último día trabajado. Como en España, como en Italia. Por contraprestación, el DT ya no podrá tomar otro club hasta que se venza el contrato con ese club que lo cesanteó. ¿Pero qué ocurre realmente? Muchos entrenadores no se animan a hacer reclamos, entonces aceptan cualquier arreglo para que no les peguen el cartelito de conflictivos.

Para Cocco, las razones del tembladeral en el que viven los técnicos en la Argentina son bien identificables: “Los dirigentes no tienen paciencia. Muchos conductores de los clubes han perdido sentido común y razonamiento. Muchos dirigentes se dejan ganar por su espíritu de hinchas. Algunos llegan improvisados; otros, porque son empresarios con plata, pero sin capacidad, y se creen los salvadores”.

Claro que ahí no termina el análisis del ex volante de San Lorenzo. Detecta otras causas donde el medio y los medios son cómplices de la distorsión: “También influye la presión de ganar, porque todos parten de la equivocada idea de que pueden salir campeones y no es así: hay planteles que no están en condiciones de coronarse, pero se impulsa esa idea y la gente se confunde. También, creo, a parte del periodismo le cabe una responsabilidad: agitan la inestabilidad insistiendo con rumores y versiones”. ¿Algo más? Sí, un aire de rapiña: “También están los empresarios que buscan sacudir el mercado instalando a sus representados”, concluyó Cocco.

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