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Para recordar a Luis Carlos Meyer

Por Jaime Rico Salazar

Luis Carlos Meyer Foto encuentrolatinoradio.com

Fue el personaje que le enseñó a Colombia y al mundo la belleza del porro y de la canción tropical. Era barranquillero, de raza negra con ojos verdes y de orígenes antillanos. Lo recuerdan ustedes cuando cantaba

“Se murió mi gallo tuerto
que será de mi gallina,
a las cuatro de la mañana
la cantaba en la cocina…”

 El negro Meyer como se le conoció popularmente nació el 21 de septiembre de 1916 y fue bautizado con el nombre de Luis Mateo. Su padre Isaac Meyer era de la isla de Trinidad y su madre, Julia Castandet era de la isla de Martinica. Muy joven se inició en la música, aprendió a tocar guitarra y estuvo vinculado a la orquesta Atlántico Jazz Band como cantante.

 Comenzando la década de los años 40s. viajó a Bogotá y con la orquesta de Milcíades Garavito grabó los porros “El gallo tuerto” y “Micaela” que posteriormente volvería a grabar en México, “Por vivir en Bogotá” y con la orquesta del maestro Francisco Cristancho grabó en ritmo de porro “Qué vivan los novios”, “Santa Marta” y el bambuco “Dende que se fue con otro”. También se presentó en los programas de la Hora Costeña de Enrique Ariza, en el Hotel Granada y en el Teatro Municipal…Por el año 1943 hizo una gira por Medellín y estuvo cantando en el Covadonga y en el Teatro Bolívar.

Luis Carlos Meyer
Foto archivo particular JRS

En 1945 viajó a Panamá, para luego seguir a Cuba y posteriormente a México, en donde grabó para la RCA el 10 de octubre de 1945 con la orquesta de Rafael De Paz los porros “El gallo tuerto” y “Micaela” que según comenta Juan S. Garrido en su obra sobre la Historia de la Canción Mexicana fueron unos de los grandes éxitos de 1946, compartiendo su popularidad con los boleros “Angelitos negros”, “Sabor de engaño”, “Compréndeme”, “Lágrimas de sangre”, “Frío en el alma”, “Mil besos” y otros … En marzo y abril de 1948 grabó con su orquesta “Nochebuena”, “La cumbiamba”, “La puerca”, “El resbalón” (De Lucho Bermúdez), “La gallina ponedora” y “Yo quiero un yo-yó”. En agosto de ese mismo año grabó con la Orquesta Panamericana “Trópico”, “Caprichito”, “Linda Jarochita” y “La danza negra”.

En 1953 regresó a Colombia y grabó algunos temas en Barranquilla, en Bogotá y en Medellín con la orquesta de Edmundo Arias, sin que tuvieran el éxito de las grabaciones anteriores. Luego viajó a Venezuela y siguió para Nueva York en donde se involucró con la orquesta de Xavier Cugat, actuando también en El Chico, en el Chateau Madrid y en el Fantasy. La revista Crónica de esta metrópoli publicó entonces un artículo que decía sobre Meyer: “Aparte de su talento artístico como compositor, se distingue por su estilo único que fascina y arranca admiración… Curiosamente no se presentaba como colombiano.

En junio de 1963 viajó al Canadá y se presentó en el Edgewater Hotel, en el club Morocco y en la Casa Loma de Montreal. En Quebec realizó presentaciones en el restaurante Le Bachus hasta que en 1965 regresó a Nueva York. Pero valga la pena anotar que Víctor Hugo Ayala, que por esos años también estaba en Canadá, le reprochaba que nunca se identificara como colombiano. Sin embargo, añoraba con regresar a Colombia y en 1984 los organizadores de la Teleton lo quisieron traer al evento. Pero pidió demasiado dinero y se frustró su viaje. En enero de 1988, buscando más posibilidades para trabajar se trasladó a Los Angeles, ya que estaba pasando hambre, la tromboflebitis comenzaba a afectarlo y el cheque por 667.oo dólares que le enviaba el Seguro Social apenas le servía para pagar la renta en el Times Squire Hotel.

Regresó a Nueva York en 1993. En el día deambulaba por las calles. La ciudad que le brindó tantas oportunidades en otras épocas se lo fue tragando. Sufrió un infarto el 18 de septiembre y el 11 de octubre un derrame cerebral. En el hospital le descubrieron además un tumor canceroso en un riñón. El 17 de diciembre sufrió otro infarto. Las entidades de socorro de Nueva York lo recogieron en la calle en pleno invierno y fue recluido en el asilo de ancianos Laconia Nursing Home del Bronx. Pero allí no tenían ni la menor idea de los antecedentes del anciano y completamente ignorado estuvo hasta que en 1995 la enfermera Elba Medina descubrió en la maleta del anciano varios recortes de periódicos que comentaban sus vivencias artísticas y se los dio a un reportero del diario La Prensa que publicó un artículo el 23 de octubre de 1997 comentando el abandono en que se encontraba el Rey del Porro.

La noticia fue retransmitida por la prensa, la radio y la televisión de Nueva York y también de Colombia, lo que motivó que le ofrecieran varios homenajes que le hicieron más llevaderos sus últimos días. Quería volver a Colombia, deseo que le cumplieron en el mes de julio de 1998 cuando lo trajeron a Barranquilla. Después de hacerle varios homenajes regresó nuevamente al asilo de ancianos de Nueva York en donde se había convertido en un personaje popular. Hasta que su vida se le terminó el 7 de noviembre de 1998.
Fotografía y datos biográficos del “Diccionario de la Canción Popular de Colombia” de Jaime Rico Salazar.

 

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