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Papás en pocas palabras

Por Oscar Domínguez Giraldo

(doshermanas.activa.es)

Con estos viejos perfiles me doy la licencia de felicitar a los taitas de familia que el domingo sacaremos a pasear nuestros argentinos egos, y perdón por la redundancia:

Adán: En graciosa reciprocidad divina por haber sido el primer papá nunca tuvo suegra. En cambio, tampoco tuvo novia, sino mujer de una vez. Lo que no deja de ser un inconveniente porque de ciertos matrimonios lo único rescatable es el noviazgo. Pero como el hombre mata lo que más ama, las parejas terminan casándose. Adán, fiel por sustracción de materia femenina, fue el Luis XIV de Eva. “El amor soy yo”, le dijo, y poblaron la tierra. Compartían todo, hasta una puesta de sol. O la caída de la hoja de parra, hecho que le abrió el apetito a papá Adán. En reciprocidad por haberlo convertido en primer papá, Adán le regaló este epitafio a Eva, según Mark Twain: “Donde quiera que ella estuviera, allí estaba el Edén”.

Homero Simpson: En lugar de ser el papá de sus hijos, Homero parece el hijo de sus propios hijos. En la historieta, los padres parecen clonados de sus ruidosos muchachos. Los Simpson cambian el respeto a la autoridad por una partida de bolos. Homero es un lapsus en su propia casa. Podría no existir. Es más importante el pasajero de cualquier bus de Springfield que el pobre hombre. Homero desacreditó el oficio de padre. El gritón Simpson es él y su voz (por lo menos la que lo dobla al español). Para un “lector” en español, no se concibe Homero sin su vozarrón y sin sus quejumbres. Se le reconoce que le haya dado estatus al llanto. Él y su esposa tienen cara, caminado, hablado, angustias de quienes jamás hicieron el amor. Tuvieron sus hijos por correspondencia. La que se cruzaban de novios. El día del padre Homero maneja el control a distancia del televisor cinco segundos seguidos. Después vuelve a su anonimato de todas las horas.

Don Quijote de la Mancha: Habría sido el mejor abuelo del mundo si hubiera recuperado la razón de su sinrazón. No sé cómo le habría ido como marido de la sin par Dulcinea del Toboso, su dulce enemiga, destinataria de la más bella carta de amor que no ha llegado a su destino. El cartero – Sancho-, quien no quería compartir a su amo, nunca llamó ni una sola vez. Claro que a la primera canita de amor al aire con su amada, don Alonso, “invicto vencedor, jamás vencido”, habría quedado liquidado.

Pancho, el marido de Ramona: Como don Fulgencio, nunca tuvo infancia. Pancho y Ramona no se casaron: se fueron a vivir con sus respectivas monotonías. El hombre diminuto tenía a su mujer por cárcel. Su mujer también. Lo único rescatable de su matrimonio es su tabaco, como el que fuman los jefes y exjefes de estado, regalo de Fidel, y sus fugas al Café de Perico. Y Benjazmín, el cuñado bombril que duerme al amparo de su quincena. Si a Pancho nunca le alcanzó para la fidelidad, mucho menos para la infidelidad. Sin confirmar sí lo digo: Rosita, hija única, es producto de algún desliz con algún lechero arrebatado. Lo cierto es que Rosita no se parece ni a papá ni a mamá. Pancho y Ramona forman la típica pareja que se casa para no caerse de un lado de la cama.

Lorenzo Parachoques, esposo de Pepita: Siempre serán felices aunque nunca sabrán el porqué. Lorenzo fue flechado por Pepita en una escasez que ‘hubimos’ de machos. En matrimonios como éste la mujer saca al marido del anonimato. Como en el caso de María y José, padre de Jesús. Parachoques es de esos maridos que nunca tendrán plata, ni estrés, ni úlcera, ni nada. Si fuera por él se quedaría vivo toda la vida. Una mañana, al despertarse, Pepita le dijo: “Mi amor, soñé que me comprabas un abrigo de visón”. Su respuesta fue contundente, como una muerte repentina: “Sigue soñando a ver si conseguimos con qué pagar el abrigo”. No volvió a soñar.

Supermán: Le faltó criptonita sexual para hacer mamá a su novia, la reportera Luisa Lane, quien nunca escribió una noticia. Con Supermán nació aquello de que si se maneja bien, la mujer tendrá novio para toda la vida. Mister Clark Kent es el típico macho que prefiere trabajar a hacer el amor. Si los ejecutivos de Internet siempre andan en junta, Supermán anda desfaciendo entuertos. La pareja se quedó soltera durante mucho tiempo porque el hombre de acero, una mezcla de Jekill y Mr. Hyde con activista del Opus, nunca habría soportado que su Luisa hiciera el amor con su parte perversa. Es la ética de las tiras cómicas. Finalmente, decidieron acabar con el amor y se casaron.

Eneas Flores de Apodaca, simplemente Eneas: Es el prototipo de esos mariditos oprimidos que no salen de debajo de la cama “porque aquí se hace lo que yo obedezco”. Nunca sonríe y un hombre que no sonríe es capaz de matar a la mamá, dicen que decía San Isidoro de Sevilla. Eneas es de esos fulanos nacidos para el olvidato que no nació, sino que lo fundaron. Es sospechoso de todo un hombre que conoció el mar, no en compañía de su esposa, sino de Benitín, su íntimo amigo. Cuando vio el mar por primera vez, sólo se le ocurrió decir: “Y eso que no se ve sino el agua de encima”.

Jim (papá-mamá del gato Garfield): Gracias a su gato, no vive, sobrevive en los ratos de ocio que le deja el felino. Dicho de otra forma, Jim es la mascota de Garfield, no al revés. Debería solicitar ayuda de la Sociedad Protectora de Bípedos.

El Fantasma (por duende que camina): Es lo que pudiera llamarse un buen tipo, que es de lo peorcito que le pueden decir a uno. Para acabar con la sospecha de que se extrovertía sexualmente con los enanos de la selva profunda, se dedicó a tener hijos con Diana Palmer. Es el precursor de los maridos que ayudan a tender la cama, lavan los platos, aspiran, traen la leche, votan, sacan el perro a hacer pipí, recogen la caca, cambian de pañales, no desean la mujer del prójimo. “Ni a su prójmo”. Nunca aparecería en una lista de los que se beben a un traqueto.

Don Abundio: Si el voyerismo embarazara sería de esos padres modelo que quieren tanto a sus hijos que a cada uno le tienen mamá distinta. Don Abundio, se dedicó a ver pasar muchachas con el mismo deleite que los filósofos ven pasar entierros, mientras les llega al turno.

Olafo El Amargado: Nunca será carne de los A.A. (Alcohólicos Anónimos). Es mejor marido Tarzán y mejor papá Homero Simpson. El sueco Olafo no se casó con, sino contra Helga. Toda la quincena se le va en cerveza, lo que no tiene nada de original, como el famoso pecado ídem. Lo raro es que nunca se ha sabido un carajo sobre la educación sexual que le dieron a su hija Astrid. Y que esto suceda entre suecos es extraño. Bebe cerveza con tanto deleite que su historieta cómica debería tener esta leyenda, en letra de edicto, aunque sea: El alcohol y Olafo son perjudiciales para la salud.

Tarzán de los monos: Es un papá ecológico que se niega a hacer el tránsito del bejuco al avión. O siquiera al bus. Gozaría con la encíclica del papa Francisco. Es un privilegiado que a toda hora respira aire sin usar. Se tutea con los pájaros, como el hijo de un nobel japonés de Literatura. No conoce la ciudad pero tampoco piensa volver a ella. Con Jane, su mujer, comparte hasta la caída de una hoja. Sus hijos podían ser ministros del Medio Ambiente. Familia como la de Tarzán que no tiene que pasar la calle ni hacer fila nunca, permanece unida para siempre.

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