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Papás en pocas palabras

Por Oscar Domínguez Giraldo

Adán: en graciosa reciprocidad divina por haber sido el primer papá, nunca tuvo suegra. En cambio, tampoco tuvo novia, sino mujer de una  vez. Lo que no deja de ser un inconveniente porque de ciertos matrimonios lo único rescatable es el noviazgo.

Pero como el hombre mata lo que más ama, las parejas terminan casándose. Adán fue el Luis XIV de Eva. “El amor soy yo”, le dijo, y hoy día somos más de siete mil millones de personas. Compartían todo, hasta una puesta de sol. O la caída de la hoja (de parra) que le despertó el erotismo a papá Adán. En reciprocidad por haberlo convertido en primer papá, Adán le regaló este bello epitafio a Eva, según Mark Twain: “Donde quiera que ella estuviera, allí estaba el Edén.

        Homero Simpson: En lugar de ser el papá de sus hijos Bart, Lisa y Maggie, Homero parece el hijo de sus propios hijos. En la historieta, los padres parecen clonados de sus ruidosos muchachos. Los Simpson cambian el principio de autoridad por un partido de bolos. Homero es un lapsus en su propia casa. Podría no existir. Es más importante el pasajero de cualquier bus de Springfield que el pobre hombre. Desacreditó el oficio de padre. Homero es él y su voz (por lo menos la que lo dobla al español). Para un “lector” en español, no se concibe Homero sin su vozarrón y sin sus quejumbres. Se le reconoce que le haya dado estatus al llanto. Él y su esposa tienen cara, caminado, hablado, angustias de quienes jamás han hecho el amor. Tuvieron sus hijos por correspondencia. La que se cruzaban de novios. El día del padre Homero maneja el control a distancia del televisor cinco minutos seguidos. Después vuelve a la clandestinidad.

Tarzán de los monos: Es un papá ecológico que se niega a hacer el tránsito del bejuco al avión. O siquiera al transmilenio o metro. Es un privilegiado que a toda hora respira aire sin usar. Se tutea con los  pájaros, como el hijo de un  nobel japonés de Literatura, Kensaburo Oe. No conoce la ciudad pero tampoco piensa volver a ella. Sus hijos podrían ser ministros del Medio Ambiente.

 

Don Abundio: Si el voyerismo embarazara, sería de esos padres modelo que quieren tanto a sus hijos que a cada uno le tienen mamá distinta. Don Abundio se dedicó a ver pasar muchachas con el mismo deleite que los filósofos ven pasar entierros ajenos.

Olafo El Amargado: Nunca será carne de los A.A. (Alcohólicos  Anónimos). El sueco Olafo no se casó con, sino contra Helga. Toda la quincena se le va en trago, lo que no tiene nada de original, como el famoso pecado ídem. Lo raro es que nunca se ha sabido un carajo sobre la educación sexual que le dieron a su hija Astrid. Y que esto suceda entre suecos es extraño. Bebe cerveza con tanto deleite que su historieta cómica debería tener esta leyenda: el alcohol y Olafo son perjudiciales para la salud.

                  

   Pancho, el marido de Ramona: Como don Fulgencio, nunca tuvo infancia. Pancho y Ramona no se casaron: se fueron a vivir con sus propias monotonías. Pancho recibió la mujer por cárcel. Su mujer también. Si a Pancho nunca le alcanzó para la fidelidad, mucho menos para la infidelidad. Rosita, la hija de la pareja, tiene remoto parecido al lechero.

           Lorenzo Parachoques, esposo de Pepita: Siempre serán felices  aunque nunca sabrán el porqué. En matrimonios como éste la mujer saca al marido del anonimato. Parachoques es de esos maridos que nunca tendrán plata, ni estrés, ni úlcera, ni nada. Si fuera por él se quedaría vivo toda la vida.

Supermán: le faltó criptonita sexual para hacer mamá a su novia, la reportera Luisa Lane quien jamás dio una chiva. Con Supermán nació aquello de que si se maneja bien, la mujer tendrá novio para toda la vida. Mister Clark Kent, su nombre de pila, es el típico macho que prefiere trabajar a hacer el amor. Si los ejecutivos de la era de internet siempre andan en junta, Supermán se la pasa  desfaciendo entuertos, cual Quijote volador. La pareja se quedó soltera porque el hombre de acero, una mezcla de Jekill y Mr. Hyde, nunca habría soportado que Luisa hiciera el amor con su parte perversa. Es la ética de las tiras cómicas.

El Fantasma (por duende que camina): Es el precursor de los maridos que ayudan a tender cama, lavan los platos, aspiran, traen la leche, votan, sacan el perro a hacer pipí a la selva profunda, recogen la caca,  cambian de hojas (=pañales). Nunca aparecería en una lista de los que se beben a un traqueto.

Don Quijote de la Mancha: Habría sido el mejor abuelo del mundo si hubiera recuperado la razón de su sinrazón. No sé cómo le habría ido como marido de la sin par Dulcinea del Toboso, su dulce enemiga, destinataria de la más bella carta de amor que nunca llegó a su destino. El cartero – Sancho- nunca llamó ni una sola vez. Claro que a la primera canita de amor al aire con su amada, este “invicto vencedor, jamás vencido” habría quedado liquidado.

 

 

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