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PANTALLA & DIAL: Por qué soy hincha de Millonarios

Por Edgar Hozzman, Londonderry New Hampshire

En mis años de primaria con los Hermanos Cristianos de Sutatenza, el deporte que practicaba era el basquetbol, pero mi atención la centraba en el ciclismo. La Vuelta a Colombia era el evento más importante, la escuchaba a través de RCN. Mis ídolos eran Efraín Forero, Jorge Luque el “águila negra”, Hernán Medina Calderón, “el príncipe estudiante” y desde luego, Roberto “pajarito” Buitrago. Sufrí en 1957, cuando se retiró el equipo antioqueño y ganó el español José Gómez del Moral.

Mi primer contacto con el fútbol lo tuve en el colegio Nacional de Guateque en 1956. Allí escuché por primera vez en mi vida, el nombre de Millonarios, equipo en el que jugaba Jorge Roa, quien era oriundo de Guateque. Un referente para los amantes del fútbol en Boyacá.

En el Colegio José Joaquín Ortiz de Tunja, el crack del equipo era un medio campista bogotano de apellido Gacharná, fue el primer futbolista que admiré y quien despertó cierto interés por este deporte. Gacharná, alcanzó a jugar en las reservas de la independiente Santa Fe en 1960.

Millonarios Campeón 2017
AFP PHOTO / Luis Acosta

Donde descubro y entro en contacto con el fútbol fue  en La Quinta Mutis en Bogotá  en 1960 cuando se coronó como campeón Santa Fe.

En este barrio comienzo a practicar este deporte con la pelota verde de letras, con la que rompí más de una vidriera de las casas que estaban en la inolvidable plazuela de la Calle 63 d con carrera 27. En los potreros aledaños al Campín, jugábamos con un balón de cuero, bomba de pitón. Mojado pesaba y patearlo era un tormento, dolía mucho más cuando se cabeceaba o se recibía mal.

Los crack del equipo eran Enrique “Chicho” Curbelo y Guillermo Torres. No fui buen futbolista, fui tronco.

En el equipo jugaba Carlos Malaver Jr., hijo del kinesiólogo de Millonarios, quien tenía en su casa tesoros invaluables, camisetas de las grandes estrellas de la época del Dorado como Alfredo Di Stefano, quien era el padrino de bautismo de uno de sus hijos. Adolfo Pedernera, Néstor Raúl Rossi, Julio Cozzi, entre otros más. Además tenía algunas camisetas de la Selección Colombia 1962 la del Mundial de Chile, de la que también fue kinesiólogo.

De las paredes de su habitación pendían los banderines de los grandes equipos  que se habían enfrentado Millonarios en América y Europa, fotografías de los mejores futbolistas de la primera mitad del siglo XX.

Por Carlos conocí la grandeza de mi Millos. Para mi fortuna él me permitió vestir por unos pocos minutos las camisetas con las que jugó Di Stefano, Pedernera y la azul con que jugueteó en Arica en el Mundial de Chile del 62, Colombia, la de  Marino Klinger  y Germán Cuca Acero. Hoy después de más de medio siglo, me parece un sueño haber podido tener la oportunidad de vestir las camisetas del crack antes mencionados.

Como si lo anterior fuera poco, Carlos Malaver padre me dio la oportunidad de conocer el Estadio de El Campín entrando por la puerta grande, la del camerino de Millonarios, donde conocí  mis primeros ídolos: Carlos Alberto Bolla, Oscar Jamardo, Ricardo Pibe Díaz, Marino Klinger, Rubén Pizarro y Orlando Larraz, quien me regaló sus guayos de fútbol, que fueron los únicos que calcé.

Escuchando a Carlos Arturo Rueda el Campeón, sufrí y gocé con mi Millos. Oswaldo Panzuto  era el verdugo, de los embajadores, fueron muchos los clásicos que el calvo me amargó el domingo y el resto de la semana. Panzuto era letal nos hizo unos goles increíbles.

Dos futbolistas de la alineación que mejor  admiraba del Santa fe, que me fastidiaban: mi paisano, Carlos “Copetín “Aponte y Leonardo Bevilacqua. El chiquito Aponte era impasable, batallador, sudaba como pocos la camiseta y el gordo fue un gran arquero.

“El vetusto” Nemesio Camacho , como lo defina Carlos Arturo Rueda,  era un estadio pequeño con una torre en oriental en la que aparecía el marcador del partido que era colocado en forma manual por un empleado al que veíamos los asistentes asomados por una ventanilla.

En mis años de Discos Philips, conocí a Willington Ortiz a quien obsequié una colección de salsa, también entrevisté  informalmente a Alejandro Brand, un señor dentro y fuera de la cancha. La categoría de este crack dejó huella en la historia de Millos.

Comencé a seguir a Millonarios cuando conquistó la quinta estrella, fueron muchas  tardes que disfruté del buen fútbol del ballet azul, el mejor partido que vi: Millonarios 5 Botafogo 6, que se jugó la tarde del 19 de agosto de 1962 en Bogotá un encuentro de antología.

Visité muchas veces su sede en Teusaquillo, donde me maravillaba viendo las copas ganadas, la galería de fotos de las grandes estrellas del dorado.

Millonarios fue el primer equipo en Colombia en tener bus propio, un viejo y pequeño Chevrolet el que me encantaba por su color y el emblema de Millonarios.

Eran años en los que compartían tribuna las hinchadas de los dos equipos. En el preámbulo a los clásicos se jugaban cartas y se degustaba la fritanga del palacio del colesterol y al final nos gozábamos un par fanáticos a trompada limpia defendiendo sus argumentos futboleros, sin mayores consecuencias. Fueron años en los que se vivía y disfrutaba el espectáculo animado por voces de grandes: Carlos Arturo Rueda, Pastor Londoño y  Armando Moncada.

Gracias a quienes hicieron grande a mi equipo, desde cuando lo comencé a seguir: Gabriel Ochoa, entrenador, Oscar Jamardo, Pablo Centurión, Jenaro Benítez, Maravilla Gamboa, Carlos Arango, mi paisano, Ricardo pibe Díaz, Senén Mosquera, Orlando Larraz, Nano Arean, “maravillita” Lima, Julio “Chonto” Gaviria, Julio Cozzi, Amadeo Carrizo, Alejandro Brand, Sekularak, Arturo Segovia, Jaime Rodríguez.

En mi visita a España, visitando el museo del Real Madrid, allí encontré referencias a mi Millos, hoy campeón de Colombia, de las 15 estrellas diez las he disfrutado, por eso soy hincha de Millos. 

ehozzman1@yahoo.com

 

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