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Palabras al aire

Por Carlos Alberto Ospina M.

Juan Manuel Santos, Presidente de la República. Foto co.noticias.com

Lo insustancial hace parte del discurso y la retórica de muchos dirigentes. Al develarse el fraude, algunos argumentan el derecho fundamental al buen nombre o proporcionan insípidas respuestas con la intención de disfrazar lo que nunca ratificaron con los hechos. Sí el papel puede con todo, así esté mojado, torcer el pescuezo de las palabras es el arte de inducir a la distorsión de la realidad, la táctica política de la mentira oficiosa y el incumplimiento del contrato social. Juan Manuel Santos es un experto en meter aguda y sacar reja.

Hay que tener un alto grado de ocio y un sentido perverso del patriotismo para escuchar el débil apoyo conceptual del Primer Mandatario. Sus pretendidas explicaciones suenan a la excusa de un niño de preescolar: “A veces la opinión pública te obliga, y me obligó a mí, a decir cosas que tienen que hacer contrapeso a su posición (en referencia a las Farc). Y obviamente estábamos hablando de una negociación. Y cinco años después nos dicen: ‘Es que usted nos dijo que, por ejemplo, ellos nunca podrían lanzarse al Congreso sin que fueran juzgados primero’. Sí, esa fue la posición negociadora, la posición original. Y ahora estamos discutiendo justamente ese punto”, dijo Santos el pasado 7 de noviembre en Londres. A veces la comunidad internacional, Europa en particular, cae en la excesiva condescendencia e ingenuidad. El simple examen de conciencia evitaría tragarse los sapos y comprender el lenguaje enmascarado de las relaciones públicas que emplea el jefe de Estado colombiano.

En el periplo de la semana anterior, Santos Calderón, expresó: “Me preguntaron si yo era un traidor de mi clase y yo dije probablemente, si tengo que serlo, pues que me llamen traidor de mi clase. Fue un proceso que era muy difícil. Fue muy difícil después de tantos años de guerra que el pueblo, que la gente aceptase el proceso”. ¡Cuánta falta de coherencia en la utilización de los tiempos de los verbos y qué falta de conexión gramatical! La unión ciudadana que no ha logrado en torno al acuerdo de La Habana, tanto por el fondo de impunidad, como por el descrédito popular, obedece a la falta de lealtad y al desconocimiento de las audiencias críticas. Sinnúmero de compatriotas sufren de amnesia temporal o selectiva; esto no significa tragarse el anzuelo. En ese aspecto, no se requiere de la artillería pesada del Centro Democrática ni de las leguleyadas y menos, de las víboras hambrientas de poder. Como dice el dicho: “en la pinta se le ve la cara de …”.

“…y yo creo que estoy pagando el precio después de esas negociaciones secretas”, añadió a La FM, el presidente Juan Manuel Santos Calderón. El tema no es la operación sigilosa ni las reglas de juego acordadas con las Farc. El reproche generalizado pone de manifiesto la trampa jurídica, la posición inconsistente de las altas cortes, los congresistas ambivalentes y la palidez de este gobierno que llegó a la mesa de negociación con la posibilidad material de delimitar el acuerdo de paz a la luz de los principios democráticos de la justicia, la constitución política y el derecho internacional humanitario. Un síntoma de debilidad consiste en adaptar las reglas en sentido unilateral, según el amaño o el beneficio exclusivo que proyecta las Farc, olvidándose que el eje del proceso son las víctimas, razón de ser de cualquier pacto de paz. “Se estimuló el régimen de impunidad. Los fueros se extendieron a todos los aforados constitucionalmente. Quedaron liberados los agentes del Estado civiles: ministros, congresistas, fiscales, procuradores, gobernadores, constituyendo una privilegiada casta de intocables. Y ni qué decir de los terceros, que también exonerados”. De esta forma, respondió el denominado Consejo Político Nacional de las Farc a la sentencia C-17 de 2017 de la Corte Constitucional que declaró exequible el Acto Legislativo 001 del presente año. A ojo de buen cubero, la impunidad campea en la justicia ordinaria, al decir del Consejo de las Farc y no, en la Jurisdicción Especial para la Paz: “La idea de establecer la JEP no era sólo para habilitar el tránsito de la guerrilla a la vida civil y contribuir a la solución política del conflicto. También lo era para superar el régimen de impunidad que se deriva de la justicia ordinaria. Al sacar a los civiles y agentes del Estado, como ya se dijo, se preserva la impunidad, y se desprecia a las víctimas. No contribuye en absoluto al esclarecimiento de la verdad”. Ley del embudo, palabras al aire y desconocimiento del Estado de derecho.

Hasta la fecha la cúpula de las Farc es incapaz de agachar la cabeza y pedir perdón. “Los pájaros tirándole a las escopetas”. Para ellos, la sociedad civil está en deuda con los miembros de la organización guerrillera, recién habilitado, partido político. Cada tropiezo, modificación o ajuste a la reglamentación de la JEP, es calificado de traición a lo negociado en La Habana: “El Acuerdo Final prevé condicionalidades para disfrutar los beneficios del sistema acordado, pero en ningún estado de derecho el incumplimiento de las condiciones de un sistema jurídico hace perder a ninguna persona sus derechos… La prohibición de extradición, tal y como quedó en el Acuerdo Final, es un derecho y no un beneficio; y modular, limitar o dejar sin efecto esa prohibición constituiría un flagrante y muy grave incumplimiento del acuerdo, máxime cuando la constitución colombiana o los tratados internacionales no establecen ninguna obligación de extradición para ninguna persona”, afirmaciones expuestas en la página web. Es decir, las Farc no incumplen en el caso de continuar con el narcotráfico, el lavado de activos, la extorsión, el secuestro, la no reparación a las víctimas, etc.; pero el Estado sí incurre en infracción al aplicar las normas legales vigentes, la constitución y el marco normativo de la misma JEP. La anterior declaración refleja el atraso lógico del llamado socialismo del siglo XXI y parece otro disparatado párrafo de Nicolás Maduro.

De chantaje en extorsión, así ha sido el proceso y las declaraciones de Santos y los “ex guerrilleros”.

Es necesario precisarle a Santrich, Márquez, Calarcá, Lozada y al candidato presidencial, Timochenko, que la sociedad civil no tiene ninguna deuda por pagar a ellos; todo lo contrario, esa organización en proceso de amnistía debe resarcir los daños irreparables al ecosistema, a los miles de amputados a causa de las minas antipersonales, a las viudas, a los huérfanos, a las mujeres violadas y demás mártires. Nada de extravagancias ni cínicas parodias de la canción “Quizás”. Es ahora cuando deben pedir perdón, remediar el daño causado, confesar los crímenes atroces y no repetir las dantescas escenas de prisioneros de guerra, mutilados, secuestrados, tierra arrasada y cuerpos arrojados a los ríos. Sin excepción, los otros actores del conflicto tienen que llevar a cabo lo propio. Por su parte, el Presidente Santos, acostumbra manipular el plural “gente”, debe recordar que las personas no tragan entero y que, el nivel de credibilidad, es directamente proporcional a la mitomanía comprobada en varios de sus actos de gobierno.

Enfoque crítico – pie de página. La historia reseñará en detalle de qué lado fue y es, la infamia del conflicto armado en Colombia, desde el prisma de los agentes del Estado, la guerrillera, los paramilitares, los políticos, los narcotraficantes, los jueces, los financiadores y los diferentes personajes encubiertos.

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